Investigan en el Archivo de Indias la historia del Acueducto del Padre Tembleque

lunes, 28 de diciembre de 2015
MÉXICO, DF (apro).- Inscrito el pasado 5 de julio en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el Acueducto del Padre Tembleque es objeto de una  investigación por parte de la historiadora María Castañeda de la Paz, quien se dio a la tarea de revisar documentos del Archivo General de Indias (AGI) en Sevilla, España. Los resultados, difundidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) contradicen lo que en algún momento afirmó el arquitecto Raúl Delgado Lamas, director general de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la ahora Secretaría de Cultura, quien en entrevista con el semanario Proceso, en junio pasado, destacó que la corona española no aportó recursos para la obra: “Es un portento, una obra de ingeniería. Y algo más: ¡No la hizo el gobierno español, no la hizo la corona española! ¡Fue el pueblo! La hizo la sociedad, la comunidad, la hicieron las mujeres… Las mujeres pagaron el acueducto. ¿Qué hicieron? Como en el siglo XVI, en tiempos renacentistas, tenían que producir los textiles para sus esposos y sus hijos, hicieron un poco más para venderlos en el mercado y tener recursos para el financiamiento.” Según el INAH, en el AGI se encuentra un legajo datado en 1558, es decir, de 457 años de antigüedad, realizado a petición del rey Carlos V. Existe además una copia fechada en 1562. “En 142 folios se detalla el estado que guardaba una ambiciosa obra civil que había recibido dinero de la corona española: un acueducto proyectado por el fraile Francisco de Tembleque en el yermo Altiplano mexicano”. Especialista del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, Castañeda de la Paz publicará en fecha próxima los resultados de su investigación en el libro “En busca de agua para no morir de sed. El acueducto de Otumba y Zempoala”. Según la especialista, la obra no fue idea exclusiva del padre Tembleque. Desde 1541 había un plan para su edificación a cargo de fray Jacobo de Testera, pero por razones aún desconocidas no se llevó a cabo y lo retomó Tembleque en 1553. Y describe las aportaciones de la corona española. Explica que la obra se realizaría en tres años, para lo cual el rey otorgó una cédula real al pueblo de Otumba que lo liberaba de un tributo de aproximadamente 3 mil pesos por ese lapso, y al final la edificación sería el pago. Más tarde se hizo una petición para que la exención se extendiera a diez años. El entonces emperador Carlos V decidió comisionar al juez Alonso de Bazán para que investigara sobre los recursos, las características de la obra y las necesidades de agua de las comunidades de Otumba, y de las que se congregan alrededor del Convento de Todos los Santos en Zempoala, entre ellas Zacuala y Tlaquilpan. Describe la investigadora: “La respuesta de Bazán fue clara: se requerían 10 años más para acabar la obra y valía la pena concluirla. Sabemos que el acueducto corre a lo largo de 48.22 kilómetros sorteando cerros, barrancas y hondonadas. “Desde julio de 1553 hasta febrero de 1555, Tembleque sólo se dedicó a reunir el material a los pies del Cerro Tecajete donde se encontraban los manantiales, organizando, midiendo el terreno, viendo los desniveles, etcétera. Varios testigos indican que para estas fechas, justo para iniciar la construcción, se había terminado casi todo el presupuesto real. “Tembleque sí tenía dinero como consta en el documento, pero al agotarse el presupuesto real tiró de la caja de los pueblos. Ya trabajando en Tepeyahualco volvió a solicitar recursos al rey.” La especialista también precisa que contrario a lo que se ha creído, Tembleque sí sabía cómo hacer el acueducto y contaba con la ayuda de Juan de Zarza de Agüero como agrimensor (especialista en medir la superficie y levantar los planos). En este sentido, el arquitecto Luis Ignacio Gómez Arriola, del Centro INAH Jalisco, quien integró el expediente técnico para presentar la candidatura del Acueducto Tembleque a la Unesco, destaca que la obra se logró con las teorías constructivas de la época renacentista. “Si se leen los capítulos dedicados a la hidráulica en los tratados de Vitruvio, del siglo I a.C., y en el de Leone Battista Alberti, del siglo XVI, uno se da cuenta de que Tembleque retoma todos los principios acerca de las cajas de agua, los canales, etcétera. “El que Tembleque no fuera arquitecto le valió para ser audaz. La obra alcanza la mayor altura en arquerías de un solo nivel desde los acueductos romanos hasta el momento de su realización a mediados del siglo XVI. Este logro se debe a la utilización de cimbra de adobe -de la que existen rastros- en sustitución de la cimbra de madera. “El padre Francisco de Tembleque se atrevió a hacer lo que un arquitecto hubiera dudado. Yo creo que no se percató de la altura que estaba alcanzando. Esta cimbra de adobe es excepcional, porque si nos ponemos a pensar en un muro de adobe de 33 metros, estamos hablando de 10 niveles. Es realmente excepcional porque la cimbra de adobe no fue utilizada a esa escala, ni antes ni después.” La investigación de Castañeda revela también que los habitantes de Zacuala no fueron convencidos por Tembleque de ceder agua a Otumba, sino que se hizo un contrato de compraventa “único en su tipo”, con diez cláusulas, entre las comunidades indígenas, y parte de los compromisos era la vigilancia de las cajas de agua. Agrega que el acueducto se terminó de edificar en 1572 y dejó de funcionar en 1674, además de que fue sometido a una reparación en 1698. Menciona, asimismo, que otras fuentes hablan de que a mediados del siglo XIX ya no corría el agua por sus (apantles) conductos. Ahora existe un patronato que se ha propuesto recuperar el uso original de la obra monumental y lograr que por sus apantles, hechos con barro cocido, unidos con argamasa de cal y arena, vuelva a correr el agua desde su inicio en el estado de Hidalgo hasta Otumba, en el Estado de México. En los primeros tramos, cercanos al cerro del Tecajete, aún corre el agua que baja de los manantiales, pero integrantes del Patronato Padre Tembleque denunciaron en Proceso que se ha roto el monumento para robar agua para invernaderos de verduras hidropónicas. Hasta el momento mantienen su petición a las autoridades del INAH, la Secretaría de Cultura (antes Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) y la propia Presidencia de la República para que se investiguen daños a un monumento colonial.

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