Desnudan censura franquista a la obra de Octavio Paz

miércoles, 18 de febrero de 2015
MADRID (apro).- El premio Nobel de Literatura 1990, Octavio Paz, fue objeto de la censura durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), según se desprende de catorce informes sobre los libros del escritor mexicano que forman parte de la exposición Octavio Paz: guerra, censura y libertad, que se muestran en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. El poeta y escritor fue considerado un elemento peligroso por la dictadura franquista desde su participación en el Congreso de Escritores Antifascistas, que se celebró en Valencia en 1937, y desde entonces sus libros fueron objeto de un riguroso seguimiento y supresión del contenido de su obra. Desde entonces, los funcionarios de la Dirección General de Propaganda y la Dirección General de Cultura Popular del Ministerio de Información y Turismo censuraron las publicaciones del autor del “Laberinto de la soledad”, con comentarios sobre si atacaba a la moral, al régimen y a las instituciones o si colaboraba con los enemigos de la dictadura. En julio de 1950, la compañía Editora y Distribuidora Hispanoamericana (Edhasa) solicitó permiso para la distribución de 200 ejemplares de Libertad bajo palabra, que Paz ya había publicado en México. Uno de los censores del régimen, Pedro de Lorenzo, escribió en su informe que en seis páginas encontró “frases o expresiones obscenas, otras irreverentes”. El otro censor fue Andrés de Lucas, quien reportó que la obra cuenta con “versos oscuros y estúpidos con algunas expresiones equívocas. Creo, sin embargo, que puede autorizarse por el escaso número de lectores que leerán estos engendros”. En ese tono están redactados los informes sobre el célebre escritor mexicano, cuya exposición permanecerá hasta el 20 de marzo. La exposición contiene algunas fotografías de Paz durante su estancia en España en 1937, en compañía de otros asistentes al Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, como el poeta Carlos Pellicer, el músico Silvestre Revueltas, el narrador José Mancisidor y el pintor José Chávez Morado. También hay imágenes de su estancia en España en 1982, cuando estuvo en el Ateneo de la ciudad de Madrid. La censura sobre Paz mostraba el celo extremo y una enorme ignorancia de los responsables de revisar la obra del poeta mexicano. Por ejemplo, en 1955 el censor Jesús Garcés escribió sobre el poemario “Semillas para un himno”, escrito en México un año antes, que se trata de “poesías de un poeta americano, creacionista sin un argumento general” y señalaba que se autorice “salvo superior parecer”. El 17 de abril de 1973, dos años antes de la muerte de Franco, el Círculo de Lectores pidió autorización para reeditar Los signos en rotación y otros ensayos, que ya había lanzado Alianza en 1971. La censura franquista tachó los pasajes que había sobre la Virgen en el texto dedicado a la obra de Marcel Duchamp (“La novia desnudada por sus solteros”) y buscó retrasar su salida. El extremo fue que la editorial debió argumentar que el libro ya se había editado anteriormente y que detener la impresión le causaba daños económicos. Por tal razón, el censor no pudo retrasar más la impresión, aunque la editorial sólo pudo publicarla hasta septiembre de 1974. En 1971, la editorial Seix Barral publicó “Las peras del olmo”, aunque la censura exigió que se eliminara el texto Aniversario Español. Sucedió algo similar con la revista “Plural”, que en 1975 se le impidió circular en España, lo que llevó al editor Pere Gimferrer a organizar una protesta pública. Y tampoco menguó la censura sobre la obra de Paz después de muerto Franco. Por ejemplo, el poemario “Vuelta”, publicado por Seix Barral, fue considerado por los censores como “poesía surrealista. No me ha gustado. Pero desde el punto de vista jurídico-administrativo, nada que señalar”. La exposición fue inaugurada por la embajadora de México en España, Roberta Lajous; el director general de Bellas Artes, Bienes Culturales, Archivo y Bibliotecas del gobierno de España, Miguel Ángel Rico Crespo, y el director general del archivo, Alfonso Dávila. El comisario de la exposición es Jesús Cañete Ochoa.  

Comentarios