Homenaje a Javier Barros Sierra a cien años de su nacimiento

jueves, 26 de febrero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Indisolublemente ligado a la defensa de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su autonomía y su derecho a la libertad de expresión durante el movimiento estudiantil de 1968, el ingeniero civil Javier Barros Sierra, rector de la máxima casa de estudios entre 1966 y 1970, fue recordado hoy en el centenario de su nacimiento. En el marco de la XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, su hijo Javier Barros Valero, exdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes; el actual rector de la UNAM, José Narro Robles; el economista Rolando Cordera Campos; el ingeniero Javier Jiménez Espriú, y el poeta Jaime Labastida, director de la editorial Siglo XXI, evocaron a quien fue también el primer secretario de Obras Públicas (durante el gobierno de Adolfo López Mateos). A partir del libro Javier Barros Sierra. 1968. Conversaciones con Gastón García Cantú, publicado por Siglo XXI en 1972 y reeditado en 1993, se destacó que el recordado y reconocido rector fue más que un defensor de la autonomía universitaria, fue también un constructor que participó en la edificación de Ciudad Universitaria y creador de instituciones como el Instituto de Ingeniería de la UNAM y del Instituto Mexicano del Petróleo que formó con la visión nacionalista que hoy tanta falta hace, enfatizó Jiménez Espriú. Barros Valero recordó también que su padre participó en la construcción de carreteras, puentes y vías férreas, y participó en la culminación del ferrocarril que va de Chihuahua al Pacífico. Y habló desde luego de la “serenidad y la valentía” con la cual defendió la autonomía universitaria en 1968, con lo cual fortaleció la democracia en México: “Se opuso al autoritarismo rampante, arriesgando su vida para que prevalecieran las garantías democráticas que, al menos formalmente, ofrecía el Estado. Lo impulsaban dos causas: su formación en un medio familiar de patriotas republicanos, cuya figura señera es Justo Sierra, y el ideal de una nación justa, próspera, pacífica y participativa, resumido en la Constitución del 17.” En su exposición habló de cómo Barros Sierra condenó las agresiones que la UNAM recibió aquel año de protesta estudiantil que culminó con la masacre el 2 de octubre de 1968. Protestó por la agresión a la Preparatoria Nacional que recibió un bazucazo por parte del Estado, El rector “guió dignamente la memorable manifestación del 1º de agosto de ese año aciago”. Se recordó el discurso con el cual el rector se dirigió a la comunidad universitaria, recogido en el libro de Siglo XXI: “Lo que más profundamente molesta a los enemigos de la Universidad es el ejercicio de las libertades democráticas de reunión, de pensamiento y de expresión de nuestra comunidad… “¡Viva la discrepancia, porque es el espíritu de la Universidad! ¡Viva la discrepancia porque es lo mejor para servir!”

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