Repudia comunidad artística el cierre de teatros en el DF

jueves, 5 de marzo de 2015
MÉXICO D.F. (apro).- En una carta abierta entregada al Conaculta, INBA, la Universidad Autónoma Metropolitana, el gobierno del Distrito Federal, el IMSS y el ISSSTE, miembros destacados de la comunidad teatral, integrada por dramaturgos, críticos y primeros actores expresan preocupación y hasta indignación, y a su vez solicitan una solución ante el cierre del Teatro Julio Jiménez Rueda, así como del estado en que se encuentran otros como Casa de la Paz, Lírico y Vizcaínas. La carta, entregada a este medio para su difusión, está fechada el 25 de febrero del presente año y no ha recibido respuesta aún de las autoridades; en el caso de las peticiones a la UAM datan desde septiembre y tampoco se ha satisfecho la solicitud de audiencia con el rector. Los siguientes nombres aparecen como firmantes responsables: Luz Emilia Aguilar Zinzer, Héctor Bonilla, Julieta Egurrola, Mario Espinosa Ricalde, Flavio González Mello, Luisa Huertas, David Olguín, Gabriel Pascal, Angelina Peláez, Enrique Singer y Marta Verduzco. Y firman también en adhesión: Laura Almela, Margie Bermejo, Diana Bracho, José Caballero, Benjamín Cann, Gloria, Carrasco, Juan Carlos Colombo, Joaquín Cosío, Jaime Chabaud, Dimitri Dudin, Lucio Espíndola, Daniel Giménez Cacho, Dolores Heredia, Leticia Huijara, Jesús Jiménez, Alicia Lagunas, Estela Leñero, Amaranta Leyva, Alberto Lomnitz, Cutberto López, Luis Mario Moncada, Gerardo Moscoso, Rodrigo Murray, Leopoldo Novoa, Lourdes Pérez Gay, Marco Petriz, Arturo Ríos, Eduardo Ruíz Saviñón, Marco Antonio Silva, José Sefami, José Solé, Claudio Valdéz Kuri, Jorge Vargas, Juan Villoro, Richard Viqueira y Antonio Zúñiga. A continuación se transcribe la carta en su totalidad: “Los abajo firmantes, miembros de la comunidad teatral, expresamos a ustedes nuestra indignación por el cierre, abandono y pérdida de diversos espacios teatrales de la ciudad de México, en momentos en que la educación, el arte y la cultura debieran ser tareas prioritarias ante la descomposición social que sufre nuestro país. Vemos con absoluta preocupación la coincidencia de un sistemático descuido de la infraestructura teatral de la ciudad y la falta de una política cultural y financiera acorde con el estado de emergencia que nos aqueja. Más allá de la obligación de cumplir con las leyes orgánicas que dan razón de ser a nuestras instituciones y con el rango constitucional del derecho al arte y la cultura, la negligencia de nuestras autoridades sorprende, en mayor medida, porque viene de instituciones que tienen la responsabilidad de sostener, en tiempos de crisis, principios humanistas que den fortaleza a nuestro sentido de comunidad y civilidad. El Teatro Casa de la Paz, espacio emblemático no sólo de la Universidad Autónoma Metropolitana, sino de la cultura de nuestra ciudad, está cerrado desde hace más de dos años debido a daños estructurales. Su arreglo tiene un costo alto, pero las autoridades de la UAM --institución que lo tiene bajo su custodia desde hace más de 30 años--, en su indiferencia hacia el problema, dejaron que se perdieran 5 millones de pesos, aportación que para tal efecto provenía de los presupuestos etiquetados de la Cámara de Diputados en 2014; esa cantidad tampoco pudo ser utilizada para otros proyectos culturales, lo cual implica una irresponsabilidad mayor. No es únicamente dicho espacio teatral, protagonista en el devenir del teatro mexicano del siglo XX, lo que está en peligro de desaparecer: en los hechos, el cierre de Casa de la Paz ha traído aparejada una evidente ausencia de políticas culturales en dicha institución educativa y la renuncia de la UAM a seguir participando en la vida teatral del país. “Un grupo de creadores de teatro pedimos audiencia desde septiembre de 2014 al Rector General de la UAM, Dr. Salvador Vega y León, quien hasta el momento no se ha manifestado ni aclarado el destino que la Universidad dará al Teatro Casa de la Paz. Exigimos, por tanto, una respuesta pronta y clara en la que se asuman compromisos y se definan plazos concretos para la rehabilitación de tan importante espacio universitario que es propiedad de todos los mexicanos. “A la cadena de descuidos se suma que el teatro Julio Jiménez Rueda será demolido y las autoridades del CNCA y del INBAL ofrecen, a cambio, ocuparse de la programación de tres ‘nuevos’ espacios teatrales: el Julio Prieto, el Legaria y el Isabela Corona. El ISSSTE, por su parte, informa que se venderá el predio en donde está ubicado actualmente el Jiménez Rueda, pero nadie especifica montos ni plazos; tampoco se conocen las condiciones del acuerdo entre las partes para retribuir al INBAL el costo del teatro. Hasta el momento, ninguna de las instituciones mencionadas se ha manifestado públicamente sobre la ubicación del nuevo predio para construir un espacio de difusión cultural que sustituya al que se perderá, pues a partir del 29 de marzo de este año el Jiménez Rueda cierra sus puertas. Tres teatros ya existentes no reemplazan la desaparición de otro. Recuperar la programación de tres teatros es una obligación de nuestras instituciones de cultura y con ello no restituyen la pérdida del Jiménez Rueda ni su significado para la vida cultural del país. Pedimos que si se tira un teatro, se levante --al menos-- otro teatro. “Los teatros bajo la responsabilidad del Gobierno del Distrito Federal no son la excepción, sino la regla que confirma a un gobierno sin programa en el terreno del arte y la cultura. El Lírico es apenas una fachada y el Vizcaínas se perdió como espacio teatral para albergar la exhibición de una maqueta, en un acto que privilegia los intereses turísticos sobre la posibilidad de construir una cultura viva que genere sentido de comunidad. La reglamentación de permisos de operación y cualquier trámite relacionado con el funcionamiento de espacios culturales independientes, como parte de una tramitología propia del teatro del absurdo, es pasto de ‘coyotes’ que nutren actos de corrupción, a falta de una política que fomente la apertura y sustento de espacios culturales emergentes. Los teatros de las delegaciones, por último, son lo más ajeno al espíritu de una izquierda interesada en fomentar desarrollo educativo, colectividad y pensamiento crítico. “Por último, y más grave aún pues se traduce en la radiografía de una grave crisis que parte del centro hacia el resto del país, hay que señalar el estado de deterioro de la amplia red nacional de teatros del Seguro Social, lo que demuestra que el IMSS abandonó, desde hace años y de manera definitiva, la posibilidad de contribuir a curar el tejido social a través de esos espacios teatrales que nacieron bajo un admirable proyecto de país. “En estos tiempos de precariedad económica y de profunda crisis en la conciencia nacional, pedimos a nuestras autoridades abrir las puertas al diálogo con la comunidad teatral y cumplir cabalmente con sus responsabilidades, brindando respuestas expeditas y concretas a este estado de deterioro general de la infraestructura escénica de la ciudad de México.”

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