Mural de Rufino Tamayo vuelve a sede de la ONU

lunes, 27 de abril de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) lo sometió a un proceso de restauración, el mural La Fraternidad, realizado por Rufino Tamayo en 1968, regresó al edificio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, Estados Unidos. Mediante un comunicado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) informó que el mural, que el artista oaxaqueño obsequió a la ONU en 1971, fue reinstalado en su sitio y reinaugurado este lunes en una ceremonia que encabezó el subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Cancillería, Juan Manuel Gómez Robledo. También asistieron Susana Malcorra (jefa de gabinete), en representación del secretario general Ban Ki-moon, y Michael Adlerstein, asistente del secretario general y director ejecutivo del Plan Maestro de Mejoras de Infraestructura. En el acto, Gómez Robledo hizo un reconocimiento al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, particularmente al INBA, y a la Fundación Olga y Rufino Tamayo, por haber logrado la restauración de la obra instalada en el vestíbulo de la entrada principal de la sede de la ONU, donde volverá a ser admirado cada día por miles de funcionarios y visitantes. El subsecretario consideró la reapertura del mural como un gesto de buena voluntad de México con la ONU, “con quien compartimos los más altos valores que el pintor representó en este lienzo monumental: las razas humanas, entrelazadas, en torno a grandes llamas de fuego que representan la fraternidad, la verdad y la justicia”. La reinstalación “es reflejo de este espíritu de cooperación y, ante todo, una oportunidad para continuar estrechando los lazos amistosos con la organización y los países que la conforman, así como un símbolo de la voluntad de fortalecer y crear nuevos espacios de cooperación”, dijo el embajador Gómez Robledo. El acto, que la propia Cancillería calificó como resultado de “la rica e intensa colaboración” entre México y la ONU, y que se basa en una relación de “respeto, responsabilidad y acciones a favor de la paz y la seguridad internacionales”, se da meses después de las agrias discrepancias que nuestro país tuvo con el organismo internacional por el tema de la tortura y la desaparición forzada de personas. En su informe, el relator especial de la ONU contra las Desapariciones Forzadas, Juan Méndez, destacó que en México la tortura es “generalizada”. En respuesta, Gómez Robledo lo calificó como una persona “no profesional y poco ética”. Varias organizaciones civiles de defensa de los derechos humanos hicieron un llamado a la Cancillería a reconsiderar su actitud hacia el relator y consideraron “inaceptable” que la SRE rechazara lo dicho por aquel. Le recordaron que México forma parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y en ese sentido “una política exterior que se base en el desconocimiento de las instituciones internacionales a las que el Estado mismo ha contribuido a edificar y fortalecer, resta legitimidad al compromiso de avanzar a favor del respeto, protección y realización de los derechos humanos”. Hoy se recordó que el mural de Tamayo fue donado el 29 de octubre de 1971 por el artista y su esposa, en nombre del gobierno mexicano, y lo recibió el entonces secretario general de la ONU, U-Thant, de manos del exsecretario de Relaciones Exteriores, Emilio Rabasa, en presencia del exrepresentante de México ante la ONU, Alfonso García Robles, quien 11 años después recibió el Premio Nobel de la Paz. El mural, de aproximadamente cuatro por nueve metros, que originalmente se llamaría El fuego creador, estuvo en exhibición en el estado de Durango de 2010 a 2014 para su restauración. Fue un encargo de la desaparecida Secretaría de Industria y Comercio para el pabellón de México en la exposición de comercio Hemisfar. Con fuertes y contrastantes colores, Tamayo plasmó en su obra un conjunto de hombres con los brazos entrelazados por la espalda, que simbolizan las razas del mundo, y rodean una enorme hoguera “significando la fuerza del progreso, la industria y el ingenio del hombre”, destaca la Cancillería en su comunicado, que recuerda que el propio Tamayo consideró que el mensaje del mural armonizaba con el de la ONU y la paz entre los pueblos del mundo. La remodelación de la sede del organismo en 2009 permitió remover el mural de su sitio para trasladarlo a México, a fin de que fuera intervenido por especialistas del Centro Nacional Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INBA, encabezados por la restauradora Silvia Hernández Villegas. El trabajo consistió en limpieza, corrección de deformaciones, consolidación de partes inestables de color y refuerzos perimetrales para su montaje.