Jauja: Un enorme vacío

lunes, 11 de mayo de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Dirigida por Lisandro Alonso, Jauja (Argentina, Dinamarca-Francia-México-EU-Alemania-Brasil-Holanda, 2014) es una película soporífera, en donde lo único que vale la pena es la fotografía que retrata hermosos paisajes situados en la Patagonia. La película cuenta la historia de un ingeniero danés llamado Dinesen (Viggo Mortensen) que ha sido reclutado por el gobierno argentino para ayudar a su milicia durante la guerra con los indígenas de la región --una zona complicada que todo lo devora-- en el siglo XIX. La situación del protagonista da un giro inesperado, no a causa de la guerra sino de la decisión de su hija adolescente Ingeborg (Viilbjørk Malling Agger), quien se escapa con un soldado raso. Denisen emprende una búsqueda frenética, en una zona más allá de la civilización, que parece ser un lugar mítico, pero al mismo tiempo de perdición. Al parecer, Alonso es fanático de los silencios y los tiempos muertos, que en ciertos momentos deberían llevarnos… ¿a la reflexión? Claro, si en la película pasara algo relevante, seguramente los espacios en blanco de su cinta serían sumamente enriquecedores. Pero la realidad es que en 80% de la cinta no pasa nada. Se entiende la desesperación del padre ante la pérdida de su hija en un paraje que parece devorarlo todo, pero tanta pausa, tanto silencio… nos hace perder interés en los personajes. La cinta dura una hora 50… bueno, pues durante los primeros 40 uno quiere sacarse los ojos. La hermosa fotografía no es suficiente para mantener nuestra atención, como tampoco lo son las actuaciones de los histriones, que van careciendo cada vez más de fuerza conforme pasa el tiempo y sus diálogos se pierden en la inmensidad de la nada. Jauja, que por cierto representa un paraíso en donde los hombres pueden vivir sin trabajar, es una cinta que disfraza el aburrimiento con pretensión e ínfulas de genialidad. Jauja es sólo un enorme vacío.

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