El regreso del muerto, de Gustavo Gamou

miércoles, 6 de mayo de 2015
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Cuartos de interés público que albergan vidas oscuras, raperos mexicanos que se dicen provenir de Italia, ancianos que no saben dónde nacieron ni dónde morir, borrachos queriéndose matar a golpes… esos son los mares en los que nos sumergimos en la Tijuana surrealista, en la cual también deambulan los muertos-vivos que algún día fueron aquellos sicarios que no pudieron escapar. El regreso del muerto (2014) es una película de Gustavo Gamou que hay que ver para no cerrar “fresamente” los ojos ante el mundo surrealista que tenemos enfrente (o abajo o arriba, pero en el México real). Se centra en Don Rosendo, un exsicario que lidia con su remordimiento, soledad y lo que se denomina extrema pobreza. Este documental no trata de criticar, juzgar o enaltecer a su personaje, sino de hacer un retrato con pinceladas que van trazando el proceso en el cual un criminal se humaniza en el dolor y el encierro de los que no pueden escapar. Conforme avanza la película Don Rosendo conoce personajes que se vuelven cómplices de una desgracia compartida, y es en estas relaciones donde recobra muchas de las cosas perdidas como el amor, la amistad y la familia. Como seres humanos todos pasamos por algún momento de arrepentimiento de lo que hacemos y de lo que no; sin embargo Gamou mueve las entrañas del espectador y lo pone en tela de juicio al mostrar a un hombre frágil y destruido por su pasado. Otro punto a destacar es la reflexión del personaje sobre sus errores y frustraciones, como no saber adónde ir y qué hacer, manifestándolo abiertamente a la cámara, su cómplice. Un rompimiento que nos recuerda que lo que estamos viendo es realidad y no ficción. Una de las secuencias más fuertes del filme es aquella donde un Don Rosendo posado en los banquillos de una iglesia le habla al espectador, contándole cómo hizo arder a un hombre por órdenes de un capo. Es claro que Don Rosendo buscó en el cineasta a alguien que estuviera dispuesto a escucharlo, es así que llaman la atención algunas tomas filmadas en nightshot donde por las madrugadas el exsicario se lamenta de las pesadillas que lo atormentan. Gamou es el observador que le brinda el tiempo y el refugio necesario para que el personaje haga de la cámara su confesionario. La contraparte femenina se representa con una gracia inconfesable y a la vez terrible en la Abuelista (sic), sensacional intérprete de la vida real con la que Rosendo entrelaza una relación que los lleva a emprender un viaje para descubrir qué pasó con la sobrina e hijo secuestrados. En esta búsqueda nos adentramos por los desiertos de los desaparecidos, por los feminicidios callados y sometidos al olvido. En donde al parecer en un país como México es más sencillo encontrar una estrella en el universo que a una persona en la tierra. La técnica con la que se vale el realizador, filmada en VHS y cámara en mano, nos da la posibilidad de acércanos con el exsicario en su intimidad más profunda, los planos largos donde deambula por las noches es el camino a la redención, las contrapicadas en gran parte de sus confesiones, y el ruido de las tomas que nos dan la sensación de miedo y angustia que aterroriza con una tempestad en tonos grisáceos al parecer totalmente planeados. Uno de los encuadres que atrae poderosamente es el del adicto que introduce la droga en un foco para expirar posteriormente el humo; la imagen se va opacando, pareciera que estamos ahí, con él, la cámara y nuestros ojos consumiendo el cristal mientras nos cuenta lo que se es capaz de hacer por un vicio. Gamou no se vale de recursos como la voz en off o las intervenciones como documentalista, su método es sencillo pero tajante. Producida por Alejandro Durán, Elisa Miller y Yibran Asuad, la cinta fue ganadora del Splendor Omnia Mantarraya del Working Progress que otorga Los Cabos Film Festival, donde un año después fue su estreno mundial repitiendo su triunfo con una mención honorífica por parte del jurado. Por ahora se encuentra en el circuito de festivales. La próxima función se realizará el día 10 de mayo a las 17:30 en el museo de Arte De Sonora (Musas), como parte de la programación del 5 Festival Internacional Cine en el Desierto.