"Crisis"

lunes, 15 de junio de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Atribulados vivientes: es natural que estén alarmados, con los pelos erizados, sudando frío e incluso temblando de miedo, pues están viviendo o, mejor dicho, sufriendo un momento crítico en sus existencias, ya que en todos los rincones de esa aldea mundial en que ha convertido la globalidad al planeta Tierra, su tan amada, tan deseada y hasta exigida democracia está inmersa en una profunda crisis… crisis que los tiene con el ánimo en suspenso por caminar en la cuerda floja, tendida sobre el abismo de la duda, del no saber si la democracia seguirá siendo como la concibe e interpreta la globalidad en que viven… o bien si cambiará… si están asistiendo a su agonía… o ya a sus funerales. Desilusionados y angustiados vivientes, por si les sirve de consuelo, su servidor les informa que esa situación no es nueva en la humanidad; que en larga estancia sobre la Tierra ha visto compactas multitudes sufrir y caer en la confusión por haber perdido la fe en pensamientos, en ideales, filosofías, ideologías –pónganle la etiqueta que más les guste– que eran brújula y faro para las conductas individuales y sociales de la criatura humana en diversos tiempos y lugares, como ocurrió con el cristianismo, el comunismo y, en la actualidad, con la democracia, por contar solamente los más señalados y conocidos, hijos los tres, por cierto, del llamado Mundo Occidental… que es el que fundamentalmente ha vertebrado, administra e incluso va imponiendo la globalidad en la que se mueven y los mueven. Asimismo, su servidor ha sido testigo de cómo los administradores de esas ideologías, hegemónicas, cuando pierden fuerza o cuando agonizan, siguen defendiéndolas y hasta justificando pretextos… a veces peregrinos. Veamos, aunque sea de manera sumaria, lo que sucedió con el cristianismo, ejemplo que ilustra este proceso. Como no ignoran, acongojados lectores de la presente, el cristianismo fue, por más de mil años, la idea y el ideal hegemónico que estructuró y orientó la mentalidad del Mundo Occidental… que comenzó por ser la religión de los pobres, de las masas de los oprimidos, debido a lo que les ofrecía la igualdad, pues todos eran hijos de Dios, que a todos amaba por igual, por ser iguales ante sus ojos, por lo que fue cruel y brutalmente perseguido por el poder del momento… que era esclavista… pero el cristianismo, después de ser reconocido como religión del estado y adquirir con ello poder, se convirtió en aliado de ese poder que lo había perseguido, que, insisto, era esclavista y comenzó a predicar que había que obedecer a los poderes instituidos de los que mandaban, entre ellos el de él, el del cristianismo, pues, como todo, el poder venía de Dios, y el no obedecerlos era causa de castigo en el otro y en este mundo… y más tarde, cuando desapareció el poder del Imperio romano, se consideró, como representante del ser supremo, el legítimo heredero del poder, por lo que procuró y luchó con todos sus medios, que no eran pocos, por conquistar la hegemonía del poder, lo que consiguió de manera casi indiscutible por espacio de 1000 años. Cuando los progresos de la ciencia fueron poniendo en duda algunos de sus dogmas, persiguió, torturó, encarceló e incluso ejecutó a los individuos que tal cosa hicieron… justificando dichos hechos por la necesidad del momento de preservar la unidad de la fe… Y cuando fue perdiendo parte de su poder hegemónico que le permitió cometer tan contrarios actos a su ley de amor hacia todos, los disculpó insistiendo en la necesidad del tiempo ya aludida y con otros pretextos parecidos, e incluso llegó a afirmar, por medio de connotados individuos de su grey, que la culpa de esas acciones tan opuestas al cristianismo eran producto de que el cristiano no ha vivido nunca plenamente según los exigentes mandatos de la ley de Cristo. Lo que ocurrió con el cristianismo sucede con el comunismo. Las tropelías que cometió con poder: limitaciones a la libertad de crítica, “purgas”, campos de trabajo forzado para los disidentes, “culto de la personalidad”, etcétera, aclaran el por qué del fracaso y caída del llamado “comunismo real”, y no faltan voces que opinan que el comunismo fue traicionado por los que ejercieron el poder del mismo, esto es, que no fueron fieles a sus principios fundamentales, como ser un medio de producción para el uso en vez del lucro, defensor del obrero y del desheredado, de que el Estado está para servir al humano y no el humano para servir al Estado. Con años y años de existencia y de ser reconocida y aclamada como el mejor de los gobiernos posibles, la democracia, reina en la globalidad, también tiene quien la cuestione; los que la consideran “una democracia de mercado” que, como tal, está convirtiendo todo en mercancía, incluso el trabajo, con lo que millones de seres que no tienen para vivir más que su trabajo, están sometidos a la fluctuante ley de la oferta y la demanda, que lleva al trabajador a la angustia de la poca estabilidad o duración del mismo, al mal pago del salario e incluso al desempleo, con lo que fomenta la pobreza social y profundiza la brecha existente entre ricos y pobres. Ante estas realidades, otros razonan que si eso sucede es porque hay individuos… e incluso pueblos… que no están maduros ni para ejercer ni para vivir en democracia, explicación que, según su servidor, igual que las que en el mismo sentido interpretaban las malas conductas del cristianismo y el “comunismo real”, no hacen más que justificar las ideologías y culpabilizar a la humana criatura. Ante estos hechos, atribulados lectores de la presente, el autor de la misma, por lo visto y comprobado en sus largos años sobre la Tierra, considera que ya va siendo hora de que los vivientes cambien de tonada y de violín. Esperando que por su bien así lo hagan. EL JUDÍO ERRANTE

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