Actualidades teatrales: La isla, una historia del encierro

viernes, 19 de junio de 2015
MÉXICO, D.F.- ¿Existe realmente la justicia o es una utopía? ¿Quién decide qué es justo y qué injusto? ¿La ley es justa? Cuestionamientos que surgen a partir de la puesta en escena de Karla Cantú sobre la versión de Nancy Cárdenas de La isla, que se presenta cada viernes en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico. Hilario y Juan (Fidel Monroy y Miguel Ángel Barrera) han sido condenados, justa o injustamente, en una cárcel de alta seguridad en una isla. Por el día son forzados a trabajar largas jornadas bajo el sol y por las noches se preparan para la representación de la obra teatral Antígona --tragedia griega escrita por Sófocles--, que realizarán en unos días frente a sus compañeros y guaridas. Al inicio de la pieza sólo se encienden dos cenitales que alumbran a los actores, quienes realizan secuencias físicas de acciones. El espacio está casi vacío, sólo pueden observarse muy pocos objetos que durante la puesta serán utilizados de muchísimas formas con gran creatividad: una toalla que comparten, una pequeña manta a cuadros para cada uno, tres cubetas con agua con las que se limpian el sudor provocado por la larga jornada. Después, redefinidos y con apoyo de residuos de basura, los actores se disfrazan para crear sus personajes en la representación, objetos hechos con materiales de basura. Con ellos se construye, cuando lo hay, el juego escénico. Por los diálogos iniciales entendemos que estos dos seres comparten una celda y están aislados del resto del mundo. Comparten sus miedos, dudas, inquietudes. Son apoyo mutuo, casi la propia voz de su conciencia. La elección de Antígona para su representación no es gratuita. Es un texto que discute temas imprescindibles acerca de la justicia, como la ley sobre los principios personales, una mujer que decide obedecer las leyes de los dioses por encima de las absurdas leyes humanas y entierra a su hermano sabiendo que su acción le costará la vida. A pesar de lo atinado de la historia, la propuesta de dirección carece de ritmo. La obra se vuelve larga y aburrida a ratos A los actores les hace falta energía para llenar el espacio vacío en el que se arriesgaron a crear. En ocasiones, la mala dicción y proyección de voz (sobre todo cuando se mezcla con otro tipo de condiciones físicas como cansancio o tristeza) provocan que el diálogo sea incomprensible. La acción, plana como la cotidianidad de sus vidas diarias, quizá representa el absurdo de vivir con el único fin de pasar los días acercándose a la muerte sin metas a las que aspirar, vivir sólo por vivir o sobrevivir. Y lo único que rompe la monotonía es el avistamiento y luego el hecho de la representación de Antígona. Es ahí donde la magia empieza a suceder: Fidel Monroy nos confronta como espectadores con su humor dando vida a una carismática protagonista femenina. Durante esta escena lo que origina una tragedia se convierte en una comedia agridulce muy bien lograda. Por ella vale la pena ver la obra completa. La metateatralidad se maneja aquí con excelencia y es un acierto que el público real sea el de la obra: Es así como se convierte en compañero e los presos y se envuelve en su misma burbuja. El dramaturgo Athol Fugard es el autor surafricano más representado en todo el mundo. Escribió La isla en 1973 inspirado en las luchas contra el apartheid, sistema que consistía en la separación de razas en su país. El texto se creó en conjunto con dos actores negros: John Kani y Winston Ntshona. Es complicado sacar de contexto una obra creada para un tema y en un momento histórico tan específico. Sin embargo, el encierro y la represión del Estado es un tema universal. Se acopla a la realidad actual de nuestro país, tanto por la sobrepoblación penitenciaria como por los reclamos de justicia, por ejemplo, en los casos de los 43 normalistas de Ayotzinapa y de los 49 niños de la guardería ABC. Así, la propuesta dramatúrgica de Nancy Cárdenas, basada en la original escrita por Fugard, Kani y Ntshona, puede encontrar una expresión escénica con tales exigencias en el trabajo de Karla Cantú --egresada de la carrera de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM. Las funciones son los viernes a las 20:30 horas en el recinto de Av. Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn.

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