Memorias de Neil Young: El sueño de un hippie

lunes, 27 de julio de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- En 2012, el rockero canadiense Neil Young (Toronto, 1945) publicó sus memorias Waging Heay Peace, que constan de 56 capítulos y acaban de salir traducidas por Abel Debritto en España, como El sueño de un hippie (Malpaso 2014, 412 páginas). Dos de los momentos clásicos del libro lo conforman los recuerdos de Young cuando se unió a los músicos Dave Crosby, Graham Nash y su gran camarada Steven Stills (del conjunto Buffalo Springfield) para integrar Crosby, Stills, Nash & Young (CSNY) desde los tiempos del Festival de Woodstock 1969. El otro versa acerca de la época de su grabación del LP Harvest (Cosecha) en 1971, para muchos el mejor disco de su carrera solista. Buena parte de esta biografía está dedicada a una de las pasiones de Young: los automóviles. Sin embargo, no todo es banal en El sueño de un hippie. Neil Young narra que desde muy niño sufrió de polio y diversas enfermedades contagiosas, padeciendo en su adolescencia ataques epilépticos; sus dos primeros hijos también nacieron con problemas similares. En el volumen, Young habla de su familia, sus conjuntos musicales, su indiferencia ante la religión, su amor por los bosques, el mar; hacer guiones y dirigir películas o por qué siempre graba en noches de luna llena; Diario de un hippie no sigue un orden cronológico y los temas saltan, desparecen y vuelven a surgir... A continuación, hemos seleccionado algunos pasajes de esta autobiografía, tomados de los capítulos 24 y 33, para nuestros lectores. 24: Dolores y “Cosecha” He tratado muchos médicos. Uno de mis favoritos es Peter Lindstrom, conocido por practicar laminectomías. Me lo recomendaron encarecidamente y dio la casualidad de que había estado casado con Ingrid Bergman. Me practicó una laminectomía doble en 1971. (…) Cuando me dieron de alta y volví a casa, llevaba un collar. Me dolía, pero no tanto. Traté de subir a la colina que daba a la nueva piscina, pero no pude. Me deprimí. Al cabo de dos semanas, salí de gira por Canadá con el collarín. Eso fue a principios de enero. Me carteaba con Carrie y compuse muchas canciones, como “Old Man”, “Heart of Gold”, “Needle and the Damage Done” y “Bad Fog of Loneliness”. Durante esa gira grabé el concierto de Massey Hall y lo publiqué al cabo de unos cuantos años. Briggs entonces vivía en Toronto y lo produjo. Se había mudado ahí y había abierto un estudio que se llamaba Thunder Sound. La grabación en directo de Massey Hall corresponde a la mezcla en vivo de David pasada a analógico en 7,5 pulgadas por segundo. En el video de Massey Hall se me ve con el collarín y encorvado… aunque en realidad la imagen se tomó en Stratford, Connecticut, varios días antes y se sincronizó con el audio de Massey Hall. El sonido es de un concierto y las imágenes de otro. “Un truco barato de Hollywood”, como solía decir Larry Johnson. Al final de la gira fui a Nashville para aparecer en el programa de tele de Johnny Cash, muy popular entonces. Bob Dylan había salido en el primero y después todo el mundo quería salir. James Taylor y Linda Ronstadt aparecieron en el segundo programa, al igual que yo. Todo mundo adoraba a Johnny Cash, era un tipo auténtico. El programa iba sobre música y era real como la vida misma. Allí conocí al productor musical Eliott Mazer y fuimos al estudio para grabar algunas de mis nuevas canciones con Tim Drummond, Kenny Buttrey, John Harris, Ben Keith y otro guitarrista que tocó cosas muy buenas, como los armónicos de “Heart of Gold”. El grupo sonaba muy bien. James y Linda añadieron los coros, y James tocó el banjo en “Old Man”. Esa sesión fue el inicio de Harvest. Varias semanas después grabé en Londres “A Man Needs a Maid” y “There’s a World” con la London Symphony Orchestra, temas que Jack Nietzsche arregló y produjo. Tras oír las canciones en la camioneta de Glyn John, donde se habían grabado frente al Barking Town Hall, Jack dijo: “Creo que son muy pretenciosas”. Sabíamos que nos habíamos pasado, pero ya estaban grabadas y nos gustaban así. Cuando Carrie y yo nos enamoramos en serio y se mudó al rancho, compuse el resto de Harvest y fuimos a Nashville para otra sesión. Grabamos “Out on the Weekend”, “Journey Through the Past” y varias más, incluida “Harvest”. Luego pedí al grupo que se desplazara hasta el rancho con Eliott Mazer para seguir grabando en el establo. Allí tocamos “Alabama”, “Are You Ready for the Country” y “Words”. “Words” (palabras) es la primera canción que pone de manifiesto mis dudas sobre la relación con Carrie… Capítulo 33 En 1969 me uní a CSN y el grupo pasó a llamarse CSNY. Fue una época de lo más interesante. Estaba con dos grupos a la vez: grababa con los Crazy Horse y ensayaba con CSNY. David, Stephen y Graham tenían un sonido único y particular. Ahmet y Stephen querían que colaborase con el grupo para añadir algo a las actuaciones en directo, supongo que más rocanrol… Lo más divertido fue llegar a Woodstock. Recuerdo que me topé con Jimi Hendrix en un aeropuerto pequeño y que fuimos hasta Woodstock en una camioneta con Melvin Belli, un abogado famoso entonces. Fuimos en un vuelo chárter que nos dejó cerca y luego nos recogieron y nos llevaron hasta allí. CSN había llegado mucho antes… En el otoño de 1969 CSN estaba grabando Déjà Vu en el estudio Wally Heider/Filmways, en San Francisco. Una noche me pasé un montón de horas ensayando “Helpless” con Dallas Taylor, Greg Reeves y Stephen. Aunque es una canción sencilla, necesita cierta pausa, cosa que esa noche no figuraba en el vocabulario musical de Dallas Taylor… Crosby me había invitado a pasar el día allí. Leo Makota, el organizador de las giras de CSNY también estaba en la casa. Leo fue quien nos recomendó ir a ver el terreno que ahora es Broken Arrow Ranch. Cros quería que viviese en el norte. Le encantaba esa zona. Cros me había llevado a la Airplane House, donde vivían los Jefferson Airplane. Allí conocí a Grace Slick, una chica guapa, que iba en topless, cantaba muy bien y que me dejó alucinado… Pues bien, estábamos en casa de Steve y Leo en Butano Canyon justo después de que ocurrió la tragedia de la Universidad de Kent. La Guardia Nacional había matado a cuatro estudiantes y la fotografía de una de las víctimas, Allison Krause, aparecía en la revista Time. Todos la mirábamos. Estaba en el suelo y, si mal no recuerdo, a su lado había otra estudiante arrodillada. Aquellos estudiantes formaban parte de nuestro público. Tocábamos para ellos. Era nuestro movimiento, nuestra cultura, la generación Woodstock. Éramos una unidad. El vínculo entre los músicos y las personas de esa cultura era muy personal; estábamos muy unidos a los estudiantes, los hippies y los pacifistas. Aquella fotografía nos hirió en lo más profundo. Habíamos escuchado y visto las noticias por la tele, pero al ver esa fotografía reflexionamos por primera vez sobre lo sucedido. En aquella época, antes de Internet y de las redes sociales, las cosas eran muy distintas. Nos invadió una sensación de tristeza e incredulidad. Cogí la guitarra, toqué algunos acordes y en aquel mismo instante compuse “Ohio”: “cuatro muertos en Ohio”. Al día siguiente fuimos al estudio de Los Ángeles y grabamos la canción. No había pasado una semana y ya sonaba en la radio… El grupo se ha reunido por otras causas políticas con el paso de los años, y es algo con lo que disfruto. Cantar juntos es una gozada y me gusta sentir el amor y el respeto que nos profesamos. Durante la guerra de Irak, CSNY salió de gira para cantar los temas de mi último disco, Living with War, y un puñado de canciones antiguas con un enfoque político. Era como en los viejos tiempos. Pero las cosas habían cambiado: en lugar de unir al público con la música, lo dividimos en dos. Fue un indicio de los tiempos que corrían. Hemos pasado por muchas cosas juntos: la contracultura, momentos duros, desconfianza y dolor. La vida. Cuando tocamos, el público todavía lo siente; es como la llama de una vela que parpadea, como el sol que se pone. Como una niebla que llega. Son nuestras vidas. Para mí esa es la esencia de CSNY. Conectamos de veras con nuestra generación, fue real. Los quería a todos. Las cosas han cambiado mucho desde esa época inocente. Ahora somos diferentes. Buffalo Springfield era pura química, pero en CSNY éramos amigos y experimentamos juntos un fenómeno único. Crosby siempre fue el catalizador que nos empujaba a entregarnos. Me bastaba mirarlo para darlo todo. Creía en lo que hacíamos. Graham era el profesional por excelencia, siempre tenía sus partes preparadas y nos animaba cuando improvisábamos, y compuso las canciones que nos dieron a conocer. Stephan era como mi hermano, emotivo y conflictivo, en constante lucha con demonios invisibles y bestias de todos los colores, aportando un toque inconfundible. La combinación de toda esa energía, junto con la del público, representa para mí lo mejor de CSNY. Pero entonces llegaron la fama, las drogas, el dinero, las casasm los coches y las admiradoras, y luego los discos en solitario. Tuve que distanciarme. Tenía demasiadas canciones en mi interior. Tuve que hacerlo. El grupo no se separó sino que dejó de estar junto. No se regeneró. Dejó de existir, como un lapso o un infarto o algo. Nadie componía canciones nuevas. Cada uno iba a lo suyo. Necesitábamos un motivo para reunirnos, un objetivo que impulsara nuestra música. Acabamos regodeándonos den nosotros mismos y eso no sirve de nada, mucho menos para regenerarse. Disfrutamos de nuestro momento de gloria y luego perdimos el norte. Destaca o desaparece. Después de separarme de Carrie, Crosby se comportó como un amigo. Siempre estaba en contacto conmigo y hablamos largo y tendido sobre la relación. Me apoyó en todo momento. Fue mi mejor amigo en esa época. Desde entonces las ha pasado canutas y ha escrito dos libros sobre ello con su amigo Carl Gottlieb. Ojalá escribiese un libro con sus propias palabras, porque se expresa muy bien y es un maestro del lenguaje.

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