Celebran homenaje-conversatorio en memoria de Raquel Tibol

viernes, 31 de julio de 2015
MÉXICO D.F., (proceso.com.mx).- Artistas, críticos y curadores recordaron a la crítica de arte Raquel Tibol -fallecida el pasado 23 de febrero- durante el Conversatorio realizado en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el mismo lugar donde Raquel Robinovich Grayevsky –su verdadero nombre– se presentó en 2013 por última vez en el homenaje organizado en su honor con motivo de su 90 aniversario de vida. Ante sus hijos, Simón y Nora, su nuera Judith, y sus nietas, los expertos rememoraron la trayectoria profesional de la maestra, de particularmente los “tibolazos” que escribió a lo largo de 23 años en su columna en el semanario Proceso, y de su lado íntimo como amiga, madre y amante del cine del director estadunidense Woody Allen. Moderado por Magdalena Zavala, coordinadora nacional de Artes Visuales del Instituto Nacional de Bellas Artes, el conversatorio, que duró alrededor de dos horas y media, inició con un video breve donde la propia Tibol se refirió a su forma de trabajo, describiéndose como una periodista de investigación incansable por gusto propio. Posteriormente, hicieron uso de la palabra Manuel Marín, Sylvia Pandolfi, Juan Carlos Pereda, Santiago Espinoza de los Monteros, Dulce María de Alvarado, Guillermo Santamarina, Sylvia Navarrete, José Manuel Springer, Héctor Palhares y Alfonso Miranda. El pintor y escultor Manuel Marín refirió que conoció a Tibol en 1973, y destacó que pocas veces se hace referencia a su participación en el arte alternativo que surgió en los años sesenta y se desarrolló en la década posterior: “Nos correspondería a algunos de nosotros los artistas alternativos hacer una relación histórica de su participación en el arte alternativo, porque cuando se habla de doña Raquel se habla de Siqueiros, Rivera, Cuevas, de todos estos grandes pintores mexicanos, pero pocas veces se hace referencia al arte alternativo que se da a partir de los setenta con mayor fuerza, esa parte falta por investigar, escribir y publicar”, comentó. También se tomó el tiempo para imprimir 100 frases en hojas sueltas que personal del INBA se encargó de repartir al inicio de la sesión, mismas que entresacó de algunos libros de Tibol. “Son datos, reflexiones o referencias con el fin de dejar un pensamiento de doña Raquel y que deseen conocer de su trabajo”, dijo. Uno de esos 100 textos entregados al público decía: “Le propuse a Frida me dictara su biografía; aceptó con entusiasmo y pronto comenzamos la tarea.” Sylvia Pandolfi habló sobre su trato personal con Tibol: “Tenía un sentido del humor increíble, una inteligencia tremenda, pero sobre todo una memoria sorprendente que la hacía citar información privilegiada en cualquier tipo de conversación. La convivencia con ella era deliciosa, decía cosas tremendas, pero tenía esa cualidad de los franceses, te podía decir muchas cosas y fuertes, pero no te molestaban”. Juan Carlos Pereda, curador del Museo Tamayo desde 1986, decidió dar lectura al texto “El histórico encuentro con Tamayo”, publicado en Proceso en el número posterior al deceso de Tibol, y donde se narra la relación profesional Tibol- Rufino Tamayo, que calificó como de “agua y aceite”, y el trabajo de la crítica de arte mexicana en el homenaje por los 70 años de la trayectoria artística del pintor. Santiago Espinoza opinó así de la crítica de arte: “Lo que se diga de Raquel Tibol será siempre poco a comparación del trabajo monumental que hizo a lo largo de su vida, no solo fundamental para entender el arte de la segunda mitad del siglo XX y parte del XXI, también porque su trabajo nunca estuvo al servicio público. “Por eso me quedo con la Raquel Tibol, la terrible, la implacable, la brillante, la brutal, la lúcida, la imprescindible, combatiente firme, audaz, con el dato preciso y a la mano, me quedo con la Raquel Tibol ejerciendo el personaje de Raquel Tibol”. Dulce María de Alvarado leyó carta dirigida a “doña Raquel”, en la que recordó cómo la conoció en 1988 en la ciudad de Guanajuato y luego cuenta una serie de anécdotas personales que vivió con ella en la década de los noventa, de la Raquel que enseñaba, compartía y hasta cantaba, la que imponía miedo, pero también respeto. El curador Guillermo Santamarina dijo: “Asumo que Raquel Tibol fue mi maestra. Aunque en muchas ocasiones me tocó ser la contraparte de eso otro que ella no tenía ganas de escuchar. En una de esas ocasiones, al defender una escultura para el primer lugar en una Bienal de FEMSA, me aferré que tenía que ser una pieza de Gerardo Azcúnaga (La Bestia, 1994) tenía que ganar porque pensaba que tenía una presencia, una fuerza plástica, era algo innovador, pero para la maestra simplemente era un adefesio. La discusión inició por la mañana y a las siete de la noche tuve que ceder también en mi necedad. Finalmente ganó la escultura de Azunaga, salí muy orgulloso de ahí, pero también muy emocionado de cómo me había encontrado con esa “institución” llamada Raquel Tibol. “Para mi es la gran figura del siglo XX del modernismo, del pensamiento lógico, crítico, y consecuente de ese siglo en la crisis de un nuevo momento”. La crítica de arte Sylvia Navarrete se refirió a la columna que Raquel Tibol mantuvo en el semanario Proceso durante 23 años ininterrumpidos: “Ese ritmo semanal durante 23 años en Proceso la hizo tener una presencia continua entre nosotros, los artistas. También de ahí la necesidad de diversificarse, escribir sobre las nuevas generaciones, escribir todas las semanas la incitó además de desarrollar la curiosidad intelectual a acercarse a nuevas generaciones. Era eso, la presencia continua, una mujer muy dura pero también receptiva y hasta maternal”. José Manuel Springer, también crítico de arte, comentó lo siguiente: “No conocí a Raquel Tibol con la intimidad de muchos otros, ni fui su alumno. La consideré una colega. Sus opiniones siempre fueron tajantes y de botepronto. “Era una mujer radical, pero con una línea ideológica muy clara, de una izquierda comprometida. La crítica que hacía Tibol era una crítica desde la trinchera, la que va y habla con el artista, y reporta desde ahí, y me considero de su equipo, más que de esa crítica vinculada al análisis teórico y de conceptos que ve al artista arriba como en un pedestal”, explicó. El archivo Tibol en el Soumaya En sus intervenciones, Héctor Palhares y Alfonso Miranda, curador y director del Museo Soumaya, respectivamente, comentaron diversas anécdotas personales de los recorridos efectuados por Tibol al Museo Soumaya. Asimismo recordaron cómo se dio a conocer la donación de su archivo personal al museo tras su deceso. El archivo consta de más de un millón de fojas, un fondo hemerográfico, ocho mil libros y 16 mil catálogos de arte. Además,presentaron una diapositiva con los temas de su archivo: David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Muralismo, Crítica de arte, Arte en espacio público, Arte latinoamericano, Falsos, Socialismo, Capitalismo, Mujeres artistas, Fotografía, Exposiciones, Bienales, Curriculo y carpeta de artistas, y artículos para la revista Proceso. El director del Soumaya habló también de la condicionante que marcó Tibol y que incluye además del archivo personal, la creación de las bibliotecas Fondo Boris Rossen y Fondo Raquel Tibol, mismas que se encuentran en digitalización según comentó. Boris Rossen, hijo de Raquel Tiobol, fue el encargado de cerrar la noche al subir al estrado y recordar a su madre como un símbolo de disciplina, rectitud y lucha. Expresó: “Una mujer de una agudeza intelectual y una perfección en el manejo del idioma, implacable en la crítica con sus ‘tibolazos’ que a más de uno hizo pensar en retirarse de su trabajo. “Fue una gran madre para Nora y para mí, extraordinaria suegra, y tuvo la fortuna de ver crecer a sus nietas, su máximo orgullo y adoración, una mujer preocupada por su familia y solidaria. “Amante del cine, accidentalmente nos enamoramos de Woody Allen en una ocasión cuando entramos al Cine Roble (que ya no existe) y encontramos Sueños de un seductor. “Al final a todos nos deja un ejemplo imborrable, congruente, luchadora continua y algo que tenemos muy presente en la familia y que nos repetía: ‘el éxito no es aleatorio, es el resultado de trabajar duro todos los días”, remató.

Comentarios