'Carta a H. K.”

lunes, 4 de enero de 2016
MÉXICO, D.F. (apro).- Querido y respetado Henry Kissinger: ante todo mi admiración y agradecimiento. Admiración, por su inteligencia y sus capacidades. Agradecimiento, por sus grandes servicios a los Estados Unidos de América. Gracias también por no haber defraudado, traicionado, el ser un predestinado por partida triple: por ser de origen judío, pueblo elegido de Dios; por haber nacido en el país, del que usted dijo: “Pobre vieja Alemania, demasiado grande para Europa, demasiado pequeña para el mundo”, y por haber tenido la inteligencia de hacerse ciudadano del país más poderoso del mundo: Estados Unidos. Por otra parte, me regocija en extremo su último libro: “El orden mundial. Reflexiones de carácter de las naciones y el curso de la historia”, por ser el mismo continuación y resumen de su filosofía política, en el que muestra que sigue siendo fiel a la necesidad de la violencia, a la ley del picotazo todo lo fuerte que sea necesario para establecer la paz y el orden, teoría debido al etólogo y zoólogo Konrad Lorenz y sus partidarios. Violencia que ha movido en diferentes ocasiones a diversas naciones del Mundo Occidental y Cristiano para llevar la verdadera fe a pobres y embrutecidos salvajes de otras tierras o bien a enseñarles los beneficios de la libertad, la democracia y la cultura a otros pueblos sumidos, para su desgracia, en gobiernos, en usos y costumbres que si bien pudieron ser útiles en el pasado, se convirtieron en inoperantes. Repito, a enseñarles a que aprendieran a superar su retraso y así, por su propio esfuerzo, fueran capaces de acceder a las ventajas y felicidad que ofrecen la libertad, la democracia y la cultura en sí, como lo hicieron en sus respectivos momentos España, Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica. A esas nobles tareas se ha dedicado (y sigue dedicándose) con gran entusiasmo, desde el momento mismo de su nacimiento, nuestra gran nación: Estados Unidos de América, como lo muestra, demuestra y lo confirma, y con razón, que Estados Unidos, en esta globalidad en que vivimos, es considerado y reconocido como el líder natural e indiscutido por tantos gobiernos e individuos de buena fe y negado o criticado por los menos y de menos peso; lo del liderazgo no es una gratuita etiqueta que ostentemos por presunción ni un mérito gratuito, pues hay que tener en cuenta que uno de nuestros primeros propósitos como nación fue crear un imperio para la libertad, basado en el respeto a la soberanía, territorialidad de otras naciones, y en el derecho de los pueblos a elegir el gobierno que consideraran más conveniente a sus necesidades. Por eso me encanta y agradezco su último libro, porque en él refuerza y defiende la idea de que nuestra gran nación ha asumido con responsabilidad y firmeza la pesada tarea de organizar a su alrededor a la comunidad de las naciones. Y también la no menos pesada del deber moral de combatir por todos los medios, incluso con la guerra si fuera preciso, a todo aquel gobierno que oprima a su pueblo, al dictador que no tolere y persiga la libertad de pensar, hablar, de reunión y actuar de sus gobernados, y en estos tiempos de globalización creciente a enseñar, a hacer comprender a los que las niegan y rechazan, las leyes del libre mercado competitivo y la economía autorregulada gracias a las leyes de la oferta y la demanda, tan necesarias, por imprescindibles, para la buena marcha de la globalidad en la que hoy vivimos. Para cerrar la presente, el que en este tiempo de relativismo niega, rechaza y combate todo absoluto (menos el de la relatividad), propiciador, entre otras, de las teorías del fin de las ideologías, la del ocaso de las revoluciones, la de la imposibilidad de las utopías, la del final de la historia, por ejemplo, repito que es digno de admiración y agradecimiento que, en su citado libro, insista en recordar a los estadunidenses que deben continuar y reforzar el protagonismo de su nación en el orden mundial, y valerosamente afirme, justifique y defienda que Estados Unidos de América tendrá el derecho e incluso el deber de actuar contra el resto del mundo si los principios que encarna e impulsa se ven atacados por la mayoría. Con el sincero y seguro agradecimiento de servidor.   EL TÍO SAM

Comentarios