"Nocturne, interior-noche"

martes, 11 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un gran acierto tuvo la Galería Arróniz Arte Contemporáneo de la Ciudad de México, al incluir en su programación una muestra del colombiano Icaro (sic) Zorbar (1977). Ensamblador de aparatos domésticos de tecnologías caducas, y creador de imágenes y sonidos que en realidad son metáforas de reflexiones humanistas, Zorbar es un artista intermediático –instalador, escultor, artista sonoro y visual– que se caracteriza por la afectiva y aguda reflexión sobre la interacción humana con personas, afectos, creencias, conflictos políticos, hechos culturales, la naturaleza y el universo. Integrada con ocho piezas realizadas entre 2007 y 2016, la exposición Nocturne, interior-noche, aborda la relación de pareja, la solidaridad del amor maternal, la fragilidad y deseo del ser, las paradojas del poder entre potencias internacionales y la existencia de una realidad tan inteligible como la cuántica. Trabajadas a partir de una poética neorromántico-tecnológica que conjuga el recuerdo de artefactos inservibles –radios, tornamesas, proyectores de transparencias, cintas magnéticas– con la confusa resolución visual y auditiva de la tecnología de baja fidelidad (low-fi), sus obras se convierten en un abusivo detonador de curiosidad sobre el sentido y significado de cada pieza. Uno de los temas más atrevidos de la muestra es la relación de pareja. Característica de la industria del espectáculo y ajena al arte contemporáneo, la temática está interpretada en la obra Desdibujo 1 a través de dos tornamesas independientes e interconectados que –con discos que reproducen música de Chopin interpretada por el pianista Richard Clayderman– conviven en periodos de sobresalto y tranquilidad sonora simulando a una pareja humana. Política y humanísticamente interesante, la obra Mi medida, tu medida de 2011, reproduce imágenes de dos satélites, uno ruso y otro norteamericano, que durante la Guerra Fría y al margen de los países que los financiaron, interactuaron en una estación espacial. Proyectadas en un radio portátil transformado en un mini proyector, las imágenes –con sonidos de satélites que interactúan con la suavidad de la música de Chopin– sugiere que los antagonismos del poder siempre tienen fisuras. El cuestionamiento sobre el sentido de existir aquí y ahora se aborda en la instalación Preludios, el faro de 2016: Constituida con reproductores de CD, amplificadores, tornamesa, walkman, dos proyectores de bolsillo, discos de vinilo, videos a color y composición sonora, la pieza proyecta a un minúsculo atleta lanzador de martillo que busca un faro en la inmensidad del universo. El misterio de la naturaleza se sugiere con una luciérnaga que, en la oscuridad, aparece y desaparece en su luminosidad corpórea en una atmósfera de ruidos nocturnos que se fusionan con referencias sonoras a la matemática musicalidad de Johann Sebastian Bach. La fragilidad emocional y la necesidad de poseer afectos que la sostengan, es sugerida en la canción “Dolente Immagine”, de Bellini, que flota por el aire al igual que la cinta magnetofónica que avienta y distorsiona un ventilador. Alevosamente intrigante, la exposición, a diferencia de tantas que se exponen hoy en día, exige ser mirada, escuchada, pensada y disfrutada.

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