El Quijote llega a nuevos horizontes

miércoles, 12 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Todos los objetos tienen vida propia, sólo hay que ayudarles a expresarse. Desde hace ya varias décadas, el teatro guiñol está en un proceso de cambio y en constante experimentación y ha dejado ya de ser exclusivo para el público infantil. En el marco de los festejos cervantinos, se presentó el pasado domingo 9 de octubre Quijote, una maravillosa obra de títeres de la compañía española Bambalina, dirigida por Carles Alfaro. Viajó desde Valencia y dio una única función en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario. El espectáculo -- que tiene 25 años desde su creación-- pretende esencializar la novela de El Quijote, escrita por Miguel de Cervantes y considerada la más grande de la lengua castellana. Sin embargo, la particular puesta no utiliza palabras, lo cual le ha facilitado viajar por todo el mundo. “Se trata de una persona que tiene su propia lectura de la obra y cómo se manifiesta con su imaginación”, cuenta Fígols en la plática posterior. El guionista Jaume Policarpo selecciona fragmentos representativos de la vasta obra y crea un espectáculo que roza en la locura. La sensación se apoya gracias a las distintas técnicas utilizadas le dan distintos planos que ayudan a transmitir la locura del protagonista. Comienza el Quijote leyendo de forma apasionada -- casi como poseído-- uno tras otro, libros antiguos. Es entonces cuando comienzan a suceder cosas extraordinarias que lo harán emprenderse en un viaje lleno de aventuras. Toda la manipulación durante el montaje está a cargo de dos actores vestidos de negro (Ángel Fígols y David Durán) que, lejos de pretender ser meros ejecutantes invisibles, se involucran en la puesta en escena. Llevan la cara descubierta, lo cual les permite participar por sí mismos e interactuar con los objetos. No se trata de "marionetistas", sino de actores que pudieran transmitir con su propio cuerpo. El elenco se conforma por dos maravillosos títeres realistas -- los cuales en ocasiones necesitan de ambos actores para su manipulación--, los actores mismos --expresando con sus propias caras o utilizando máscaras-- y otro tipo de títeres más sencillos que necesitan nada más que un alambre para cobrar vida. Las dos marionetas principales representan al Quijote y a su inseparable Sancho Panza. El estilo está inspirado en la técnica japonesa "Bunraku", donde los títeres son manipulados por tres personas, de los cuales sólo uno tiene la cara descubierta y es el que le da la expresión. La técnica es distinta y está ahora occidentalizada, pero sigue siendo un trabajo de excesivo cuidado y belleza. Los títeres tienen movimientos tan sutiles y humanos que es difícil no conmoverse. Los objetos y situaciones son claros referentes al Ingenioso Hidalgo; sin embargo, no es necesario conocer el libro para poder disfrutar del espectáculo y seguir el hilo de la historia. La iluminación está hecha solamente con velas, las cuales provocan una luz intermitente y, gracias a las caras rugosas de los títeres, logra fundirse con las caras de los actores. Además, da una sensación de intimidad y un ambiente un tanto lúgubre que permite que los elementos aparezcan y desaparezcan de las penumbras. La luz de las velas y lo detallado y hermoso de los objetos en la larga mesa negra lo convierten en un montaje verdaderamente intimista. La banda sonora está integrada por chelo --en especial piezas de Bach--, debido a que se trata del sonido más cercano a la voz humana; percusiones – que sirven para dar las pautas como parte de la dramaturgia--; y algunas otras grabaciones guturales. La Compañía Bambalina se fundó en 1981 y desde entonces han puesto en escena algunos títulos emblemáticos del repertorio literario y musical universal como Pinocho, Ulises, Cyrano de Bergerac, Alicia, El Retablo de Maese Pedro, Historia del Soldado, ¡Hola, Cenerentola! y Carmen. Cuando estrenaron Quijote, en 1991, un espectáculo de títeres para adultos, era una novedad. Desde entonces ha visitado 36 países y ha realizado más de 350 funciones. Es un privilegio único en la vida poder apreciar este tipo de espectáculos, ya que en ocasiones es difícil que lleguen a nuestro país. Esto se logró gracias a la Cátedra Ingmar Bergman, el Festival Cervantino y la Embajada de España.