¿Y por qué no Mafalda en vez de la Mujer Maravilla?

jueves, 27 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En algunas de las famosas tiras de Joaquín Salvador Lavado Tejón Quino, Mafalda se imagina adulta trabajando como intérprete en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Piensa que podría suavizar los insultos y malos entendidos entre los países y así, contribuir a la paz; incluso, juega a que podría aprender alguna técnica de judo por si la situación llegara a los golpes. Mafalda ha sido representante de los derechos humanos de los niños. Y a su corta edad sabe perfectamente qué rol quiere desempeñar cuando sea una mujer; cuestiona el conformismo de su madre, pero no deja de reconocer su labor. Podría decirse que es feminista, pero no pelea con sus amigos porque entiende también términos como el de solidaridad. “Claro… lo malo --dice-- es que la mujer en vez de jugar un papel, ha jugado un trapo en la historia de la humanidad”. Todo esto viene a cuento porque quizá en broma, quizá en serio, Mafalda podría llevar con dignidad la representación que la ONU acaba de endilgarle a la Mujer Maravilla --en una controvertida decisión-- como Embajadora Honoraria para el Empoderamiento de las Mujeres y las Niñas. Ambos personajes son de cómic. El primero, sin duda, cuenta con la simpatía de muchos latinoamericanos que crecieron con él en el contexto de los años 60 y que han inculcado a sus hijos ese afecto. Por eso, en 2014 fue el estandarte en la celebración del Día Mundial del Libro. Sus tiras y libros no han dejado de venderse desde que nació el personaje. A su vez, la Mujer Maravilla es “una superheroína ficticia”, “una princesa guerrera de las amazonas”, cuya historia se basa en la mitología griega (a decir de Wikipedia), y lleva por nombre el de Diana de Themyscira. El personaje nació en el contexto de la Segunda Guerra Mundial e inicialmente luchó “contra las fuerzas militares de ocupación del Eje (Alemania, Japón, Italia)”. Sus armas son sus brazaletes mágicos y su tiara. Mafalda tampoco es real, no tiene superpoderes ni armas mágicas, pero habla de asuntos reales: la desigualdad, la pobreza, la lucha de los países débiles contra el imperialismo. No está marcada por los cánones de la belleza como la Mujer Maravilla, disiente de los valores, prejuicios e ideas conservadoras de su amiga Susanita, pero la respeta. “Embajadoras de verdad” Ya varias organizaciones en el mundo han protestado por el nombramiento de Wonder Woman. Cuestionan por qué se le otorga ese título cuando hay mujeres en la vida real que pueden desempeñarlo. El propio personal de la ONU encabezó una protesta pues considera que el personaje es más visto como un símbolo sexual. Durante el acto de nombramiento, algunos de ellos mostraron carteles: “Mujeres de verdad merecen una Embajadora de verdad”. Cass Durant, trabajador de la ONU, declaró a los medios: “No creemos que un personaje ficticio de historietas que básicamente viste lo que parece un disfraz de conejita de Playboy sea realmente el mensaje correcto que necesitamos enviarle a las niñas, o incluso a los niños”. Se ha dicho que la ONU ya ha tenido personajes similares como representantes, por ejemplo Winnie the Pooh, Embajador Honorario de la Amistad, y Campanita, Embajadora Honoraria de la Ecología. Pero hay algo que quizá también valga la pena tomar en cuenta: existe una petición de firmas para que la ONU reconsidere su decisión y hasta ahora lleva más de mil 100: ¿cuántas mujeres del resto del mundo se sentirán realmente representadas por una “heroína” que lleva por vestimenta los símbolos de la bandera de Estados Unidos? No sólo en América Latina, donde la política económica y expansionista de dicho país ha contribuido a aumentar la brecha entre pobreza y riqueza, sino también en Europa, Asia, y qué decir de África o el mundo Árabe. Hay algo más. Unos de los principales derechos humanos, de mujeres, hombres, niños, son los culturales. La Mujer Maravilla es un símbolo cultural representativo de Estados Unidos, como lo es Supermán o El Capitán América. Y resulta que este país se ha negado a ratificar la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales firmada en París, Francia, el 20 de octubre de 2005. Tampoco se ha unido a la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial suscrita en París, el 17 de octubre de 2003. Se trata sólo de un título honorario, de una embajadora de “buena voluntad”. Desde luego no es cuestión de elegir entre la Mujer Maravilla y Mafalda. Pero en este cotexto, viene a la mente otra de las encantadoras tiras de Quino, en la cual el despeinado y simpático personaje está de pie frente a un letrero que dice: “Prohibido pisar el césped”, y ella pregunta: “¿Y la dignidad, no?”

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