'Don Quichotte chez la duchesse”, hilarante estreno

lunes, 31 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Si alguien todavía cree en verdad que la en general llamada música clásica y/o la ópera son cosas aburridas, es sencillamente porque no ha tenido la oportunidad de ver ni escuchar la ópera Don Quichotte chez la duchesse (“Don Quijote en casa de la duquesa”) del aquí prácticamente desconocido compositor francés del siglo XVIII, Joseph Bodin de Boismortier (1689-1755). Ni la hilarante versión que de ella hace la orquesta barroca Le Concert Spirituel, fundada y dirigida por el también francés Hervé Niquet en 1987. Es que la cosa empieza con el director del conjunto de cámara, que toca con instrumentos de la época, entrando tarde y tropezándose para, sin aliento, empezar a dirigir aparentemente sin orden ni concierto. A partir de allí los desconciertos van en aumento, empezando con un narrador que no existe en la obra original, que cuenta que Boismortier fue el único compositor de su época que no necesitó de mecenas porque era tan exitoso que su música le permitía vivir muy bien, y que a quienes le criticaban por qué vendía su música simplemente les respondía, “me deja lana mi buen”. Este mismo narrador, ya en la trama, vestido con otras ropas y con el “yelmo de Mambrino” en la cabeza, encarnará y cantará a Don Quijote; es el tenor Emiliano González del Toro, suizo aunque su nombre no lo indique. La historia es de locura: Nuestro Señor Don Quijote, como siempre, se enfrentará aquí a demonios, magos, encantamientos, monstruos, princesas y demás y, de pilón, va a parar al Japón que gobernará, y su buen Sancho será igualmente recompensado al ser designado rey del Congo. El absurdo y la locura no pueden ser mayores y están manejados de tal manera que toda la posible solemnidad de Bellas Artes voló por los aires y las carcajadas se escucharon de piso a techo o, si se prefiere para evitar toda sospecha de discriminación, de techo a piso. Montaje sencillísimo con los y las 14 integrantes de Le Concert Spirituel y su director vestidos de negro, los cuatro solistas, el ya referido Don Quijote-narrador; Altisidore y Reina del Japón (soprano Chantal Santon Jeffery), Sancho Panza (el barítono Marc Labonnette), Montesinos, Merlín y El Intérprete (el bajo Virgil Ancely), y los diez coristas bailarines (entre los que destaca el contratenor Charles Barbier) con vestiduras a la usanza dieciochesca y un pequeño pero adecuado manejo de luces; no hay escenografía ni mayor parafernalia pero sí abundancia de talento, gracia, calidad de ejecución escénica y, a destacar, rigor musical de investigación e interpretación. Iconoclasta absoluto, Le Concert Spirituel dio, en la única presentación que ofreció en nuestra ciudad el pasado 25, una muestra contundente de lo que con talento, imaginación y compromiso pueden hacerse sin necesidad de poseer y menos derrochar los grandes recursos económicos. Una lección que nuestras autoridades culturales bien harían en tomar en cuenta sobre todo ahora con eso de los recortes presupuestales.

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