Trazos de fuego

martes, 4 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Recuperar la memoria ancestral del Kabuki a través de una propuesta escénica multidisciplinaria con una interpretación personal de su directora e intérprete, Irene Akiko Iida, es lo que presenciamos en la obra Mai-Sho-Gaku. Trazos de fuego. En su nombre viene contenida la propuesta: Mai que significa danza, Sho caligrafía y Gaku música. Tres elementos con los que se construye un espectáculo hipnotizante que conecta con ancestros poco conocidos y nos abre una ventana a la mística, la religión y las tradiciones japonesas. La interpreta Arturo Tames, con grandes capacidades gestuales. Los golpes de tambor llamando la atención de la concurrencia y rompiendo cualquier pensamiento previo, impone el inicio de la obra. Una mujer, que cuida el templo, emprende un viaje en busca de la trascendencia, la libertad, los valores y los enemigos de estos valores. Muchos significados y códigos que apenas alcanzamos a descubrir, pero que seguimos sin interrupción a lo largo de la obra de dos actos. Nos sorprendemos ante el arte de esta mujer al escribir los ideogramas japoneses dos pendones, tomándose el tiempo que fuera necesario. Estamos en otro tiempo, y los dioses, o sus representantes, corporizados en diferentes seres, se van apareciendo. Danzan, se expresan, luchan o simplemente juegan. La directora recrea con fidelidad y profundidad la estética ancestral. Comprometida con sus antepasados, aunque nacida en México, Irene Akiko Iida utiliza en su propuesta, vestimenta tradicional de gala o de fiesta, como si nos trasladáramos al otro continente y a otra época. Los gestos faciales y las posturas que adquieren, pareciera que provienen de antiguos pergaminos o del teatro Kabuki que todavía se puede encontrar en Japón. Alejandro Méndez utiliza instrumentos insólitos de aliento, de cuerda y de percusión. Se acompaña con sonidos guturales, y su vestimenta azul de pies a cabeza crea otro personaje fundamental para este acontecimiento escénico. Nahoko Kobayashi toca con fuerza el tambor en medio del escenario para después colocarse en una lateral del proscenio y acompañar, junto con Alejandro Méndez en el extremo opuesto, la historia que presenciamos. Berenice Contreras hace las veces de sacerdote budista, escribe la caligrafía japonesa con habilidad y camina respetando las reglas de la movilidad nipona. Las interpretaciones del espectáculo son variadas, y si bien podemos suponer que la mujer busca la trascendencia, también suponemos que es un sacerdote budista con deseos de perfeccionar su caligrafía. Irene Akiko Iida, la fundadora de la compañía Akikompania con la que hace este espectáculo que se presenta en el Teatro Benito Juárez, estudió danza tradicional japonesa en la academia Hanayagui y ha colaborado con la compañía musical Takarazuka en Japón. Su experiencia en la danza y su acercamiento al teatro a través de diferentes puestas en escena, la lleva a incursionar en un lenguaje mixto y propio. Con un mínimo de palabras, una historia policromática y un movimiento corporal apegado a la tradición nipona, Mai-Sho-Gaku. Trazos de Fuego crea un tiempo sin tiempo para elevarnos o llevarnos a profundidades donde es posible conectar con los antepasados de una cultura milenaria. La obra se presenta los martes y miércoles en el teatro Benito Juárez en doble función: 20 y 21:30 horas.

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