Carmen, el regreso a Bellas Artes

miércoles, 5 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dicen los que se dedican a este tipo de investigaciones que Carmen, la estupenda y famosísima ópera de Georges Bizet, se presenta cada día en algún teatro del mundo, es decir, por lo menos 365 veces en un año, lo que habla de su enorme aceptación. Esas presentaciones, además, se hacen siempre a teatro lleno. Y el dato cobra particular importancia para nosotros, porque la obra volvió este año a Bellas Artes y, como siempre, abarrotó la sala en las únicas tres presentaciones que se hicieron. Desde que los menos indicados tomaron el destino de nuestra ópera, hace algunos años, se instauró la modalidad de no presentar más de cuatro funciones por título, siendo que obras como Carmen atraen mucho público como para ofrecer por lo menos dos funciones. Sin embargo, este año no se llegó ni siquiera a ese raquítico número. Y es que los recortes presupuestales están afectando a la cultura en general, y la ópera en particular. Lo que resta del año tampoco se presenta halagüeño, ya que óperas propiamente dichas, solo se presentará una más, La Bohemia de Puccini, en noviembre próximo. Pero veamos qué sucedió con esta Carmen. En principio alguien eligió a Iona Weissberg para dirigirla escénicamente, pese a que no tenía la menor idea de lo que era. Y tal descalabro causó que la mujer fuera despedida faltando únicamente 12 días para el estreno. De emergente entró Leopoldo Falcón, quien logró enderezar la nave con un montaje absolutamente tradicional y convencional. Nada excepcional, pero salvó la situación. El elenco fue 99% mexicano: el tenor José Luis Ordoñez (Don José), el barítono Genaro Sulvarán (Escamillo), la soprano Marcela Chacón (Micaela). Los comprimarios también fueron nacionales. La única “importada” fue la cantante que da origen al título, Carmen, la ítalo-estadunidense Ginger Costa-Jackson. El coro de la ópera, por supuesto, Grupo Coral Ágape. La dirección musical estuvo a cargo del titular de la Orquesta de la Ópera, Srba Dinic. Y la guapa y salerosa Ginger Costa-Jackson, tal como corresponde al rol, fue anunciada como mezzosoprano. Con intención actoral, aunque sin dirección en esto (creo que Falcón no tuvo tiempo de atender específicamente la dirección de actores), cumplió el cometido, pero no quedará en los anales de lo inolvidable. José Luis Ordoñez tiene buena voz, aunque se nota inmaduro. Logra algunos momentos, pero su Don José tampoco pasará a la historia vocalmente, y actoralmente menos. Lo mejor de la noche: la Micaela de Estela Chacón y el Escamillo de Genaro Sulvarán, papel que tiene ya muy hecho, así como el Zúñiga de Arturo López Castillo. Bien los coros y la dirección musical de Dinic.

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