Con "El cerco de Numancia" celebra la CNT a Cervantes

miércoles, 5 de octubre de 2016
En 1973, con dirección de Manuel Montoro y escenografía de Guillermo Barclay, la Compañía Nacional de Teatro, en versión de José Emilio Pacheco, montó esta tragedia de Miguel de Cervantes, cuya vigencia se manifestó cuando el público repudió el crimen contra Salvador Allende en Chile en septiembre de ese año. Hoy la misma institución, en el marco del Festival Internacional Cervantino, conmemorará los 400 años de la muerte del escritor español con una nueva puesta, que será a la vez histórica y contemporánea, “llena de metáforas que aluden al imaginario del espectador y a la conciencia”, y con referentes muy claros sobre México, dice a Proceso el director Juan Carrillo. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La valentía de un pueblo que antes de verse sobajado opta por la dignidad –pasando con su sacrificio, sin proponérselo, a la historia–, es revivida en El cerco de Numancia, la gran puesta y apuesta de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) y el XLIV Festival Internacional Cervantino (FIC) que este año rinde tributo a Miguel de Cervantes Saavedra, en el 400 aniversario de su fallecimiento. Con dirección de Juan Carrillo, El cerco de Numancia tendrá dos funciones en el FIC, este 5 y 6 de octubre en el Auditorio del Estado de Guanajuato a las 20 horas. Numancia es pues una “tragedia griega” de la España renacentista que Cervantes publicó en 1784 y llamó La Numancia o La destrucción de la Numancia, basada en hechos reales, narra la valentía del pueblo numantino en medio de las guerras celtíberas hacia el año 134 A.C.: Tras casi 20 años de repeler los ataques romanos, Numancia, capital de los palendones (cuyos restos permanecen sobre el Cerro de la Muela, en Garray, a siete kilómetros al norte de la actual ciudad de Soria, España) se apresta a combatir al general Escipión, enviado para cercarla y dejar a sus pobladores a merced de la inanición. A decir de Juan Carrillo, actor, docente y director invitado por la CNT, así como fundador de la compañía Los Colochos Teatro –con la que dirigió Mendoza, versión de Macbeth de Shakespeare, ganadora del Premio Almagro OFF del Festival de Teatro Clásico de Almagro, España–, la puesta de El cerco de Numancia en el FIC será a la vez histórica y contemporánea, llena de metáforas que aluden al imaginario del espectador y a la conciencia. “En ella Cervantes se tomó unas licencias históricas enormes, sobre todo por el tiempo en que la escribió… pareciera que hablaba a un pueblo español que estaba en vías de cambiar los papeles y pasar de ser de los conquistados a los conquistadores. Eso me parece incendiario.” La obra, de dos horas de duración, es una versión y musicalización de Ignacio García con asesoría en verso de Emma Dib, diseño de escenografía e iluminación de Jesús Hernández, vestuario de Jerildy Bosch, y dirección coral y composición musical de Juan Villa, e incluye un reparto de 27 actores en escena, entre ellos Martha Aura, Arturo Beristáin, Luisa Huertas, Rosenda Monteros y Andrés Weiss, así como a Juan Pablo Villa como actor invitado. La defensa de la tierra En referencia a la adaptación para El cerco… de Ignacio García –pues la obra fue escrita por Cervantes en verso–, Carrillo explicó: “Cuando llegué al proyecto en marzo pasado, Ignacio García ya estaba trabajándola. Es una obra en versos y me parece una adaptación muy limpia, muy accesible para el espectador, no hay un lenguaje o referencias demasiado antiguas, pero al mismo tiempo conserva la esencia. “Es una obra que ‘reza’ a lo ético y moral poniendo la tragedia en voz de los pobres, ese punto de Cervantes hace que la obra sea contemporánea.” –¿Cómo podría definirla? –Como un montaje complejo que le apuesta a la sencillez y sensibilidad, donde los actores hacen lo posible porque la historia vibre y pase más allá de los ojos del espectador, llegue al pecho y se quede en la cabeza, buscamos que haya una reflexión –explicó el director de 15 montajes en su haber, entre los más recientes El enigma del Serengueti, Sonríe (generado con la Compañía Carretera 45), Yo soy Dios y El cuentero urbano (realizados en el Foro Shakespeare), así como Juego, obra breve de Samuel Beckett (dentro del proyecto No queda nada que decir, desarrollado con Teatro UNAM), y Destiempo, hecho con la Compañía Cuernos de Arena. –¿Qué retos enfrenta El cerco de Numancia? –Creo que uno importante es el derramamiento de sangre, así que enfocamos todo a un asunto metafórico. La pelea por Numancia alude a todos los pueblos, incluido a México: la defensa de la tierra. Porque es el origen de todo y lo que da origen a las batallas. Aquí la tierra recuerda a México, a la revolución, al movimiento indígena, zapatista, así que trabajamos una serie de metáforas manipulando la tierra de muchas maneras. En este Cerco de Numancia el lodo es vida, y la sangre misma, no hay una sola gota de sangre, así que me parece que logramos un juego interesante con los actores en estrecha relación con la tierra. –Ya que menciona a México, ¿qué referencias tiene la obra con la situación actual del país? –¡Uy! Tiene referentes muy claros, no sólo con nuestro país, se puede situar al cerco de Cuba respecto a Estados Unidos. Es una pieza universal, una metáfora donde puede ser una persona, un ejército, un país, un contexto político, cultural, la sociedad misma, lo que sea que te rodee y busca destruirte. Es una tragedia donde no hay un protagónico, todos lo son, el protagónico es el pueblo entero. Habla el general Escipión, y el embajador numancio Coradino, pero como la voz de un pueblo, como estrategia porque alguien tiene que tomar la voz. –Se cumplen dos años de la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa, Guerrero. ¿Qué mensaje puede dejar El cerco…? –Creo que a México le falta unión y dignidad, está adormecido. Me pregunto: Si Ayotzinapa no hubiera sucedido ahí y hubiera pasado en la Ciudad de México, ¿ya habrían respuestas? Creo que a veces perdemos el sentido de lo colectivo y terminamos en un “sálvese quien pueda”, y somos ajenos, aunque hay ejemplos muy dignos de pueblos indígenas que han logrado la unión y la resistencia ante la injusticia. Pero me atrevo a decir que no es una característica del mexicano, nos aliamos en la tragedia pero en la resistencia se vende el voto por una falsa estabilidad. Creo que El cerco de Numancia tocará fibras. En abril pasado, justo en la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, el director de la Compañía Nacional de Teatro del INBA, Luis de Tavira, dijo a Proceso que el teatro de Cervantes está injustamente valorado no obstante que la obra en cuestión equivalía a “un dramaturgo de primera línea en la historia del teatro”. Esto, a diferencia de Shakespeare, cuyo 400 aniversario también se celebra pero con un programa a nivel internacional anunciado por el Reino Unido: “Yo no he visto a ningún jefe de Estado de España ni de Latinoamérica que proclame con igual orgullo y vigencia la importancia de la celebración de nada menos que de Cervantes, que es mucho más que el autor de El Quijote.” A su vez, Carrillo expresó que para muchos los Entremeses y Don Quijote de la Mancha son las únicas obras conocidas de Cervantes, y que debido a la propia fama y grandeza de este último no se reconoce su dramaturgia, y en cuanto a Shakespeare y Cervantes opinó: “Me parece una necedad compararlos cuando son distintos, creo que los homenajes a los clásicos se pueden hacer en cualquier momento, es para repensarlos y apropiarse de ellos.” El montaje de El cerco de Numancia en el FIC también cuenta con asesoría en movimiento de Antonio Salinas, diseño de maquillaje de Mario Zarazúa y peluquería de Maricela Estrada. Acorde a Carrillo, luego del festival la puesta viajará al Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, en la Ciudad de México, en temporada a partir de noviembre. JEP, Montoro, Barclay Tuvieron que pasar más de 40 años para que la CNT volviera a montar la pieza cervantina. En 1973 lo hizo el director andaluz Manuel Montoro cuando el dramaturgo Héctor Azar, entonces director de la compañía, le pidiera un montaje. Montoro se decidió por El cerco de Numancia y salió avante con una magna escenografía y vestuario a cargo de Guillermo Barclay (actualmente radicados en Córdoba, Veracruz), y música de Mariano Ballesté. La puesta se asentó en una adaptación realizada por el poeta, ensayista y traductor José Emilio Pacheco (1939-2014), quien obtuviera en 2009, entre otros reconocimientos, el Premio Cervantes, la máxima distinción literaria en lengua española. La versión de Pacheco fue posteriormente publicada con notas e introducción por la editorial Siglo XXI en una primera edición de 1974 titulada El cerco de Numancia, Miguel de Cervantes; en una segunda edición en 1993, y en una segunda reimpresión en 2011. A decir del autor de Las batallas en el desierto, “Numancia es la gran expresión poética y teatral del pensamiento español del siglo XVI que reacciona contra la realpolitik definida por Maquiavelo.” La puesta de Montoro tuvo un éxito enorme, y su vigencia se puso de manifiesto durante una función en la segunda semana de estreno, justo cuando ocurrió el golpe militar de Augusto Pinochet contra el gobierno legítimo del presidente Salvador Allende en Chile. En la Introducción del volumen, Pacheco recogió un fragmento de una entrevista a Montoro realizada por la crítica escénica Olga Harmony en ese 1973: “Noche a noche los actores y yo fuimos testigos de reacciones del público, algunas muy extravertidas, que nos dejan la sensación de haber llegado a él muy directamente. Como ejemplo, en la función del viernes 14 de septiembre, en la escena final en que la presencia de los romanos sobre los cuerpos muertos termina con un sordo y lento redoble de tambor, de entre el público, con los aplausos, surgió una voz de un joven gritando: ¡Viva Allende!…”