Se quejan escritores por el ‘ninguneo’ del cuento en las editoriales

viernes, 7 de octubre de 2016
COMALA, Col. (apro).- El género literario del cuento está olvidado, abandonado y es ninguneado por las grandes editoriales, fue la queja común de algunos de los participantes en el encuentro de escritores “Cuento en Comala 2016”, inaugurado anoche en este Pueblo Mágico. “¿Por qué los mexicanos creemos los cuentos de los políticos, pero no creemos los cuentos de los escritores? Quisiera saber yo dónde termina la capacidad de fantasía”, se preguntó el cuentista sinaloense Juan José Rodríguez, representante de Ediciones B, al participar en el seminario “Mi experiencia como editor”, realizado en la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. Tras cuestionar en tono de imploración: “¿por qué no publican cuentos, Dios mío?”, Rodríguez señaló que “existe un ninguneo del cuento en las principales editoriales comerciales”, en cuyo mundo “el pez grande se come al chico. Las grandes editoriales compran y se han tragado a las pequeñas”, apuntó. Se refirió también a la tradición estadunidense de publicar cuentos en libros y revistas que venden grandes cantidades, como es el caso del New Yorker, que desde 1984 publica en agosto un número con una edición especial de cuentos y se vende como artículo de colección. El escritor Fernando Elizondo, del grupo editorial Papeles de la Mancuspia, de Nuevo León, destacó que el encuentro “Cuento en Comala” abre historia en México, porque “realmente el cuento ha estado muy olvidado y abandonado. Esperamos que esto no dure por muchos años, porque el cuento merece sus espacios, así como los encuentros de poesía, y que se refuerce la unión de los escritores de cuento”. Al encuentro de escritores, que se realiza en espacios de Comala y de la capital del estado del 6 al 8 de octubre, asisten alrededor de 50 participantes, entre ellos Mónica Lavín, Eduardo Antonio Parra, Felipe Lomelí, Mauricio Molina, Socorro Venegas, Pablo Soler, Ana Clavel, Federico Vite, Héctor Alvarado y Alfredo Peñuelas, entre otros. El gran ausente fue Ignacio Padilla, quien el pasado 20 de agosto murió en un accidente automovilístico. Como uno de los asistentes invitados, su cuento “Sobre un cierto pez volante” aparece incluido en una de las siete plaquetas de cuentos que editó la Secretaría de Cultura de Colima, bajo la coordinación editorial de Víctor Uribe Clarín, con motivo de este encuentro. En su carácter de editor de cuentos, Juan José Rodríguez dijo ante un auditorio de estudiantes de literatura: “Hay que tener una gota de sangre sensible corriendo como una burbuja para saber dónde poner o quitar un cuento; agarren los cuentos, acomódenlos, ese es el trabajo del editor, pero a veces se impone siempre el primero”. Destacó que “hay novelas que son cuentos unidos y también hay lo contrario: cuentos alargados y cuentos muy cortos; creo que el sentido de composición, la posibilidad de dar con el momento cúspide de una historia la vamos a encontrar poco a poco leyendo, maravillándose; un buen crítico, un buen editor, son quienes comparten el asombro con sus amigos lectores”. Socorro Venegas, coordinadora de libros para niños y jóvenes del Fondo de Cultura Económica (FCE), dijo que el de editor “parece un trabajo muy glamoroso, pero la verdad es que se pierden muchos amigos: no a todo mundo le gusta que le rechacen algo”. Lo primero que tiene que aprender un editor, añadió, es no sentirse mal porque el 90 por ciento de las veces va a tener que rechazar algo, pues en el caso del FCE todos los días se reciben entre dos o tres propuestas de libros para publicar. “Imaginen el trabajo que tenemos para revisar; me da miedo perderme de algo, no ver una obra valiosa en medio de ese mar de propuestas que nos llegan”. Uno de los criterios de selección es pedir que los autores respeten a los niños como lectores, pues hay quienes “creen que poniendo muchos diminutivos y escribiendo ‘pipí’ y ‘caca’ para que se rían ya es suficiente, pero el niño es el lector más exigente, pues no le importa si se trata de un autor muy reconocido o si ha ganado muchos premios. Si el libro no lo atrapa, lo deja”. Por otra parte, señaló Venegas, como editorial del Estado mexicano “no podemos hacer libros caros, es un proyecto de fomento a la lectura, no es un negocio”. A su vez, Salvador Silva Padilla, fundador de la editorial colimense Puertabierta Editorial, sostuvo que el principal desafío de las editoriales regionales es alcanzar la difusión de las obras, porque “a veces en las librerías de Guadalajara y la Ciudad de México no te pelan, o el número de ejemplares que te piden es demasiado alto y demasiado costoso; el reto es la distribución, cómo lograrla. Ahora pueden aprovecharse un poco las tiendas en internet para que no permanezcan inéditos los autores”. Silva Padilla se refirió a la escasez de lectores para la literatura regional, que en las librerías tiene que competir con libros de autoayuda o con obras de autores consagrados como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. “De cualquier manera es importante publicar. En síntesis, las editoriales regionales publicamos a los escritores porque queremos que Dios y acaso algún hipotético lector conozca su versión de los hechos, porque ahí va también una parte de nuestra propia visión”, puntualizó. En tanto, Víctor Uribe Clarín, coordinador editorial de la Secretaría de Cultura de Colima, hizo notar que en la entidad hay una gran cantidad de escritores que desean publicar sus obras, y actualmente esa institución publica alrededor de 30 títulos anuales, pero tiene una lista de espera de 60 libros. Ante el presupuesto limitado para la edición de libros, el comité editorial selecciona las obras que pueden tener un mayor impacto social, concluyó.

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