La inflamación del verbo vivo", de Mouawad

viernes, 18 de noviembre de 2016
MADRID (Proceso).- El Centro Dramático Nacional de Madrid organiza año con año el ciclo Una Mirada al Mundo, donde presentan piezas escénicas de reconocidos autores y directores. Así, da la oportunidad de conocer la producción contemporánea que enriquece la visión endogámica que suele tener el teatro. Este año fue invitado Wajdi Mouawad, director, actor y escritor sobresaliente de Canadá, de raíces libanesas, que se dio a conocer en México con su tetralogía La sangre de las promesas, en donde Incendios causó un gran impacto. En Madrid se presentaron dos obras que son la parte final de la búsqueda del autor, alrededor de las siete tragedias de Sófocles: Filoctetes y Edipo en Colona, reinterpretadas bajo el título genérico Los moribundos. Y creó dos propuestas escénicas: La inflamación del verbo vivo y Las lágrimas de Edipo (de esta última Hugo Arrevillaga montó una escuálida versión, misma que ahora está en cartelera). La obra de Mouawad ha trascendido por la habilidad del autor para transmitir a través de sus propuestas teatrales de forma contundente, temas controversiales que afectan a la sociedad del mundo moderno e incitan al público a reflexionar acerca de su propia búsqueda personal, sus miedos, sus temores y sus angustias. En esta ocasión, el autor utiliza a los personajes griegos para crear historias que se entremezclan con la modernidad, dejando claro que ambas épocas no están tan distantes en su esencia; así, el ser humano sigue emprendiendo hazañas descabelladas y épicas, pero ahora sin contar con el oráculo y la guía de los dioses, elementos fundamentales de los relatos griegos. La inflamación del verbo vivo (Inflammation du verbe vivre), se trata de una película teatralizada en la que el propio dramaturgo aparece en escena haciendo analogía con el drama de Filoctetes, quien en la tragedia original es abandonado por Ulises en la isla de Lemnos, debido a una llaga nauseabunda que le produjo la mordedura de una serpiente. En escena el autor narra la historia y entremezcla el viaje que Mouawad realiza a Grecia y al igual que el personaje de su obra emprende una aventura que es, al mismo tiempo, un encuentro consigo mismo. El autor renueva sus fuerzas y convierte el dolor y el hundimiento en su fuente para la creación. En La inflamación del verbo vivo, la pantalla predomina en la escena y el dramatismo disminuye. Es atractivo ver aparecer y aparecer al protagonista en la pantalla blanca construida con elásticos. Arriba o abajo, volando y arrastrándose. Pero en esta intención visual quedan en primer plano las imágenes proyectadas, y son muy pobres las escenas en vivo. En dos horas y media se vuelve reiterativa la fórmula, y la autoconfesión se convierte en soberbia. El autor y director, cuyas obras son poderosas emocional y visualmente, se ve endeble como actor que, sin fuerza y sin emoción escénica, se representa a sí mismo. Es brillante el contenido y la superposición de tiempos; el entrar y salir de la Grecia de Pericles a la Grecia actual; el presente del director queriendo resolver el montaje y su conflicto existencial de haber perdido las ganas de vivir. Más inquietante aún, su visión actual del infierno de Dante y del periplo que el personaje tiene que recorrer en el trance de la vida a la muerte. Wajdi, Filoctetes, Ulises o el mismo Neoptólemo, conocen a Caronte y al taxista que hace las veces de Virgilio; a los jóvenes suicidas, al asqueroso Zeus y a aquel perro de ojos brillantes que dice ser su alma.

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