El desastre cultural del presupuesto

jueves, 1 de diciembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El martes 22 de noviembre, representantes de la comunidad de las artes escénicas clausuraron simbólicamente, por falta de recursos, las instalaciones de la Secretaría de Cultura Federal (Seculta) en la Ciudad de México y secretarías e institutos de cultura de diversos estados como Aguascalientes, Chihuahua, Jalisco, Hidalgo, Michoacán y Sonora, sólo por citar algunos. La protesta e indignación de los hacedores de teatro se refiere al terrible recorte que sufrió la cultura mexicana para el 2017, el cual fue de 36%, que significa una reducción de 6 mil millones 155,914,697, y esto sin contar la pérdida del poder adquisitivo y la inflación que sufrimos año con año. Si en 2016 se destinaron a la cultura 17 mil millones 233,934,175, para 2017 el presupuesto será de tan solo 11 mil millones 078,020,478. El catastrófico presupuesto que contempla la Secretaría de Hacienda, responde a una política ignorante de las necesidades y derechos de una sociedad donde el Estado está obligado a promover y velar por el desarrollo cultural de nuestro país, tanto para los que reciben ese beneficio como para los que lo generan. El principal recorte a la cultura fue en el rubro de los etiquetados, que pasó de 6 mil millones de pesos a 1,500. Se quedaron en ceros proyectos como el Paice, el Pacmyc y, lo más grave, las instituciones estatales. A ellas se les quitó el apoyo federal de 30 millones de pesos que se les había otorgado desde hace más de seis años hasta 2016, y dejaron a los estados en completa desprotección. Desde siempre, la Secretaría de Hacienda, de acuerdo a su mentalidad reduccionista, venía enviando un anteproyecto de presupuesto a la baja para las actividades culturales, pero afortunadamente en los últimos sexenios la Comisión de presupuesto, atendiendo el llamado de la Comisión de Cultura, le corregía la plana y lo incrementaba. Así nació el apoyo de los 30 millones anuales a las secretarías de los estados y a muchas actividades más que no eran contempladas por el centro. Para muchos estados este apoyo era casi el total del presupuesto sustantivo y a otros les facilitaba su apoyo a las diversas producciones de su región. En la actualidad, la mayor parte del gasto destinado a la cultura se lo llevan los salarios de los funcionarios y los gastos de la burocracia, quedando sólo un pequeño, pequeñísimo porcentaje para la generación de cultura. Es una falacia afirmar que con este escandaloso recorte no se afectarán programas sustantivos o se podrá compensar con el as en la manga que antes tenían los estados y que ahora no lo tendrán. El Conarte de Nuevo León, por ejemplo, ya anunció, de entrada, la cancelación de 60 de sus programas. ¿Qué más sigue en el resto de los estados? Los festivales, las muestras estatales y regionales, las ferias del libro, el Sistema de Teatros de la CDMX y muchos otros proyectos más se verán afectadas con este dejar en ceros apartados fundamentales. Tras la protesta generalizada que inició el pasado martes, y que seguirá hasta no ver modificada esta equívoca decisión, las autoridades del Seculta abrieron sus puertas al diálogo y prometieron llevar a cabo reuniones de discusión con la comisión de Cultura de la Cámara de Diputados encabezada por Santiago Taboada. Es fundamental la intervención del secretario de Cultura, que no ha enfrentado la situación, y de las instancias necesarias para que se revoque esta asignación, dejen la demagogia y consigan un presupuesto no a la baja sino a la elevación del mismo. Se lo deben a nuestro país.