Una editorial insólita: La Elefanta

jueves, 1 de diciembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Emiliano Becerril se define, en términos editoriales, como “un gato que se muerde la cola”. Y es que el joven editor confiesa ser una persona que gusta de hacer locuras editoriales, por eso se mantiene solo y al mando de su proyecto Elefanta. Si estuviera con alguien de mayor sensatez, dice, quizá se sentiría un poco atado. Sin embargo, entiende que el mundo editorial es de colaboraciones y disfruta el proceso: “Cuando te adentras en el mundo de alguien (la creación de un nuevo libro) y lo platicas íntimamente y lo tratas de entender, involucras a más personas, diseñadores, impresores, etcétera, y se va formando una gran familia en torno al libro”. ¿Qué tipo de locuras editoriales son a las que se refiere Emiliano? De entrada, publicar autores africanos: “Me clavé un rato en la literatura africana de lengua portuguesa porque estudié en Brasil. Estuve una temporada y descubrí autores muy buenos. Y cuando volví a México ya tenía el gusanito editorial. Traté de proponer unas traducciones y no tuve éxito, así que decidí enloquecer y empecé a tratar de publicarlos”. Y de esta locura surgió la editorial independiente Elefanta, la cual cumplió este 2016 cinco años de existencia. Es un proyecto mexicano abocado al ensayo, la narrativa, el arte y la poesía. Elefanta es el nombre de un viento del sur de la India… “y es el viento que se lleva el monzón y trae fertilidad. Igual que el conocimiento, que también trae fertilidad. Los vientos son quienes conectaron al mundo. No fue el mar sino los vientos que empujaron las velas de los barcos. Los libros conectan también. Por otro lado, Elefanta es la memoria, además empieza con ‘e’ de editorial”, comenta. El proyecto de Emiliano Becerril posee tres pilares, según nos comenta su fundador: “Por un lado, publicar a autores que, creo, tendrían que publicarse en México y en español. Luego, que la editorial sirva como puente, es decir, ser una puerta para que autores desconocidos puedan llegar al público. “Y por último, tener cierta apertura de hacer trabajos por encargo que son los que a veces pueden llegar a financiar proyectos de gente desconocida”, dice. Con un promedio de seis títulos al año, el editor está convencido de que Elefanta aún tiene un largo camino por recorrer, pero confía en que poco a poco las cosas van a salir: “Para el año que viene espero sacar 10 títulos. A mí me gustaría ser más estable con la cantidad de títulos que se publican cada año y poder leer todos los títulos que publico, pero espero que llegue el momento en que no pueda leerlos todos… y pues eso ya será una buena noticia. “Es importante tener un fondo editorial grande para que más o menos empiece a significar algo la venta. Porque en general mis títulos no son inmediatamente comerciales. Sí son títulos que tienen un mercado aunque se manifiesta poco a poco. Pero si tienes muchos que se venden poco a poco, pues ya es algo más significativo. Me encantaría poder vivir plenamente dedicado a lo editorial”, detalla. La locura africana Emiliano Becerril platica sobre su colección de autores africanos: “Tres títulos y este año voy a imprimir otro. Y a principios del año que viene, otro más y ya van a ser cinco. Hay muchos más en puerta y es interesante porque la cultura africana, por más lejana que esté en apariencia, es muy cercana a la latinoamericana porque son regiones excoloniales que hablan en la lengua de su colonizador. “Cuando uno lee a un autor africano se sorprende porque se reconoce más que de lo que uno esperaría. Al final, esa sorpresa te enriquece, además de que es literatura con ritmo y muy rica en muchos sentidos. Y muy buena porque hay contenidos convulsos. Y es que, África se independizó hace poco tiempo y ha tenido que resolver su independencia de manera abrupta y acelerada. “A diferencia de América Latina que nos independizamos hace 200 años, ellos hace 50 o 40. Ellos amanecieron en la vida moderna, y eso implica una serie de cosas diferentes”. Por último, comenta como mera anécdota: “Hay un autor africano que se llama Ngugi wa Thiong’o, que está en la antesala del Nobel. Igual eso significa que nunca se lo va a ganar, pero yo tenía ganas de publicarlo hace mucho y decía ‘que no se gane el Nobel’ porque estaba soñando con que me hicieran un pedido grande con el que no podría cumplir. Pero estaría bien un golpe de suerte.” Experiencia y competencia Muchos saben que obtener ganancias en el mundo editorial no es fácil, pero fuera de eso hay otras situaciones a las que Emiliano Becerril se ha enfrentado: “Lo más complicado es la distribución porque al final, por más bonito que quede un libro, su existencia no termina de tener sentido si no está en la casa de un extraño. Entonces, o regalas tus libros en el Metro o los vendes. “Entrar al sistema de librerías es difícil porque cada librería tiene una estructura administrativa distinta. Además, hay un cuello de botella: hay pocas librerías y muchos libros. Una editorial pequeña no tiene la suficiente corpulencia para hacerse de un espacio… y uno sufre por las relaciones administrativas. Al final, esas no forman parte de tu vocación inicial, al final es como distribuir mazapanes en Oxxo. Hay que hacerlo pero uno tiene que andar aprendiendo”. Respecto al ambiente entre editoriales, al editor se le pregunta si es cooperativo o muy competitivo, y contesta: “Hay un poco de todo. Es inevitable que haya grupos, pero en general en la escala de las editoriales pequeñas y no tan pequeñas hay una muy buena onda. Hay como muchas editoriales en ciernes y todas sufren lo mismo o a lo mejor ya lo resolvieron pero lo sufrieron y entonces te vas acompañando. Hay cierta solidaridad… y son suicidas porque decidieron hacer libros. Es gente con la que yo la llevo bien”.

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