'Cosillas para el Nacimiento”, de Carlos Pellicer

domingo, 25 de diciembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Durante más de medio siglo El poeta de América, Carlos Pellicer (1897-1977), escenificó “El Nacimiento” del niño Jesús en su casa de Lomas de Chapultepec, para el cual escribía cada año un poema. A las 12 de la noche del 24 de diciembre de 1977 leyó el último de esa serie que llamó “Cosillas para el Nacimiento”. Lo reprodujo (estaba inédito) Proceso el 1º de enero de ese año (fragmento): Todo es Luz en la Luz esta noche de Luz. Esta noche es el día más alto: Perdonar es matar a la muerte y es nacer de una flor y de un canto. “Desde sus primeros versos de 1915 hasta aquellos escritos antes de morir, el 16 de febrero de 1977, cantó religiosamente su fidelidad al amor cristiano con sincera devoción”, rememoró la agencia apro el 2 de enero de 2013 en un aniversario luctuoso. Firmado por Roberto Ponce, reproducía las palabras del poeta tabasqueño al presentar, en 1969, fragmentos de aquellos versos tipo villancicos para su Antología poética (Fondo de Cultura Económica, colección popular #95): “Desde siempre organizo ‘El Nacimiento’ cada Navidad en mi casa. Creo que es lo único notable que hago en mi vida. Es casi una obra maestra. “Los poemas que siguen hablan de mi pasión por todo lo cristiano… He podido conjuntar la plástica, la música y el poema, así, cada año. Miles de gentes van a mi casa durante cinco o seis semanas, un rato de noche, a mirar El Nacimiento…” Montado en el garaje de su casa de Sierra Nevada, el Nacimiento era presentado personalmente por el poeta, quien dividía la visita pública en dos partes: la primera transcurría la tarde-noche del día 24, y la segunda desde las 12 horas hasta el amanecer del día 25; entre las dos, a oscuras, se oía su voz grabada del poema en cuestión. En 1957 escribió: Por el agua y la tierra, noche en el aire. Por el agua del día vienen los ángeles. Apenas en el mundo un niño cabe; pedacitos de cielo son sus pañales. Y evocó el instante en que vio cómo apareció una lámina de agua en  ojos del pintor Diego Rivera, que no era creyente: ¿Quién me enciende una lágrima? Y en esta noche, es por Diego Rivera Lo que se llore. Cuando hace dos años vio el Nacimiento Le oí en el corazón un hondo acento. Y aquí está entre nosotros tan en silencio que yo lo estoy oyendo. Y la noche en mi pecho tiembla de Dios… El mundo pequeñito se ha vuelto enorme Porque Dios ha nacido para los hombres. El reportaje de apro sobre “Cosillas para el Nacimiento” citó al sobrino del poeta, el pintor Carlos Pellicer López, como autor de la compilación del FCE en 1978, y recogió una apreciación del también poeta Gabriel Zaid: “Hay también en el Nacimiento algo del jardín japonés, que parece acentuarse en el caso de Pellicer”, pues “llegó a representar no sólo el mundo sino aun el tiempo a escala”. Y también señaló que para las figuras del Nacimiento “encargaba piezas únicas a un artesano” y “después de encontrar piedras y ramas en el campo, hacía trabajos de pintura, de electricidad, de sonido”. Finalmente “se tomaba la molestia de grabar un disco con los versos para ese año”. Remataba Zaid: “Puesto el Nacimiento, Pellicer se sometía a la disciplina de estar disponible de seis a nueve de la noche… Se tocaba el timbre de Sierra Nevada 779… Por fin abría la puerta de la cochera que nunca usó como tal. Todo el espacio… estaba ocupado por una especie de escenario que, a través de una bóveda que representaba al cielo, cerraba al fondo con un horizonte curvo, espectacular… Como un pájaro nuevo la noche canta. hay palabras y estrellas en su garganta. Lo que dice la noche del agua sale. Porque nadie lo ve todo se sabe. Se sabía del Niño, se sabía del aire. De la noche en el agua, cítara y ángeles. “Luego venía la noche total. La bóveda estrellada daba frío. Y entonces, como una compañía inesperada, empezaba a oírse la voz inesperada y cálida al mismo tiempo de Pellicer. Palabras conmovedoramente fraternales, que no rehúyen la inocencia, ni el balbuceo. Palabras franciscanas de comunión con todos en una naturaleza abierta al más allá misterioso.” “Del sol hundido de la soledad, empezaba a brotar el nuevo sol de la alegría. La luz encarnada se iba volviendo Niño. La tierra volvía a ser acogedora y habitable.” Y quedaba de nuevo a los ojos de los visitantes el límpido color azul de la bóveda que Pellicer había solicitado al Dr. Atl.

Comentarios