'Es posible dejar de creer en Dios, pero no dejar de creer en Rius”: Villoro

jueves, 8 de diciembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dos mujeres entradas en años caminaban en una feria del libro. Una de ellas le dijo a la otra: “Oye, que está aquí presentando su libro Rius”. “¿Cómo crees?, Rius no existe”, respondió la otra. Con esta anécdota, Rafael Barajas, El Fisgón, ilustró la leyenda sobre el don de la ubicuidad y la sospechosa identidad de Eduardo del Río, zamorano convertido en Rius, el monero, ilustrador, divulgador, autor de más de 60 libros, creador de Los Supermachos y Los Agachados, revistas que llegaron a vender 250 mil ejemplares semanales, y que la tarde del miércoles 7 de diciembre se hizo presente para recibir el primer premio que otorga la Ciudad de México a un cartonista por su trayectoria. “Acepté esta presea porque lleva el nombre de mi maestro involuntario Gabriel Vargas”, afirmó Rius, quien rindió también su propio tributo al creador de La Familia Burrón. Las dos grandes tradiciones de historietistas mexicanos, la de Rius y la de Gabriel Vargas, se volvieron a encontrar esta tarde en el Museo de El Estanquillo, creado por Carlos Monsiváis hace diez años, precisamente para presentar al gran público la obra de dos gigantes de la cultura popular mexicana. Con sus más de 8 décadas de vida y 60 años de trayectoria, Rius hizo honor a su sentido del humor al admitir frente a los asistentes: “soy enfermo terminal porque se alojó en mi bello organismo dos pequeños cánceres”. Gracias a su médico, abundó Rius, “me están garantizando que voy a morir en perfecto estado de salud”. Reacio a los homenajes, Rius no dejó de ilustrarnos sobre su estirpe: por un lado, un premio Nobel de la Paz, como el diplomático Alfonso García Robles, pero también sobrino de un represor como Marcelino García Barragán, quien tenía una orden para hacerlo desaparecer por revoltoso. “Por fortuna me salvé porque me escondí en el Nevado de Toluca”, rememoró Rius, a quien el ejército y el gobierno de Luis Echeverría consideraron subversivo. Rius habló mientras repicaban las campanas del templo de La Profesa, sitio emblemático de los conservadores del siglo XIX, ubicado en contraesquina del edificio de La Esmeralda, sede actual de El Estanquillo, templo laico de la tradición liberal, libertaria y de izquierdas que caracterizaron a la obra de Carlos Monsiváis. Frente a Rius estuvieron varios de los herederos de su escuela, desde Helioflores, Ruiste, Antonio Helguera, José Hernández, Rappé y Bernardo Fernández Bef, quienes participaron en el homenaje, junto con Elena Poniatowska, Juan Villoro y el secretario de Cultura capitalino, Eduardo Vázquez, así como la viuda de Gabriel Vargas, Guadalupe Apendín. “Hacía falta un premio para los caricaturistas”, sentenció Villoro, quien rememoró la trayectoria de Rius desde los años cincuenta, cuando se forjó como ilustrador en las funerarias Gayoso hasta convertirse en uno de los divulgadores más populares del México contemporáneo, “al grado de convertir a muchos de sus lectores al vegetarianismo con aquel libro La Panza es Primero”. “Es posible dejar de creer en Dios, pero no dejar de creer en Rius”, ironizó Villoro, en clara referencia al ateísmo ampliamente documentado del propio Eduardo del Río, quien aprendió en un seminario católico que era un gran “descreedor”. Elena Poniatowska, la laureada periodista y escritora mexicana, afirmó que “Rius es, sin proponérselo, uno de los grandes educadores del siglo veinte” en México y confesó que “desde hace más de setenta años sigo perdida de amor por Rius”. Poniatowska mencionó los libros más ideológicos de Rius como Marx para Principiantes, Cristo de Carne y Hueso o Puré de Papas que fueron veneno puro para la derecha católica mexicana. Citó la anécdota de Jesusa Rodríguez, quien desde niña hizo sus tareas en la escuela copiando los monos de Rius y “sacó diez”. Jesusa, presente en este homenaje, le entregó al periodista michoacano su libro de apuntes de entonces. Para José Hernández, monero de La Jornada y de Proceso, Rius se convirtió para todo cartonista contemporáneo en un punto de referencia. “Si nos preguntaran por tres cartonistas que han marcado nuestras vidas, estoy seguro que todos dirían Rius”, afirmó Hernández.