Con Huitzilopochtli como "padrino" Mexco pasó a ser México
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El investigador y profesor de náhuatl Patrick Johansson abona al conocimiento del origen del nombre de la Ciudad de México, que se remonta al momento en el cual la mítica peregrinación salida de Aztlán se aproxima al lugar donde encontrará un islote con un águila parada sobre un nopal, devorando una serpiente.
La semana anterior, el historiador Felipe Echenique, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó en estas páginas (Proceso, 2050) cómo se fue transformando el nombre de la ciudad de Temixtitan, Temistitan, Tenuxtitlan o Tenoxtitlan, hasta llegar a Tenochtitlan y formar con Mexico (inicialmente sin acento) un binomio, que Hernán Cortés dejó consignado en sus cartas de relación al emperador Carlos V.
Cortés informa en esos documentos que la ciudad de Temixtitan, donde se asentaba el señorío de Mutezuma, estaba rodeada de otras provincias llamadas México. Y resalta Echenique que a seis meses de la muerte del conquistador “y doce de que él dejó de mencionar la ciudad de Temixtitan, la Ciudad de México cobró carta de naturalización en el mundo entero”.
Ahora, el doctor en letras por la Universidad de Paris-Sorbonne, Patrick Johansson, especialista en estudios mesoamericanos, discípulo del historiador Miguel León-Portilla y académico del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), da cuenta de cómo nació el nombre que Cortés escuchó y al paso de los siglos se transformó en México-Tenochtitlán.
Cabe citar antes que el Diccionario de la Lengua Náhuatl o Mexicana, “redactado según los documentos impresos y manuscritos más auténticos y precedido de una introducción por Rémi Siméon (Lurs, Bajos Alpes, Francia, 1 de octubre de 1827- París, 23 de noviembre 1890), y publicado en la colección América Nuestra por Siglo XXI Editores en 1977 (primera edición en francés de 1885), invierte la descripción de Cortés al señalar:
“Mexico s. Capital del antiguo estado de Tenochtitlan. Con las posp. pa, pauic: Mexicopa o Mexicopauic, hacia Mexico, de Mexico.”
Y define también las siguientes palabras:
“Mexicatl s. Mexicano, habitante de Mexico; rev. mexicatzintli; pl. mexica. R. Mexico.”
Y “Mexitli s. Nombre dado al dios Uitzilopochtli (sic), de donde provienen, según algunos autores, los nombres de Mexico y de Mexicatzinco (Clav.)”.
El Diccionario del náhuatl en el español de México, coordinado por Carlos Montemayor, y editado por la Ciudad de México y la UNAM en 2007, apunta a su vez:
“México. Lugar de Mexitli. Méxi-co. De Mexihtli, nombre alterno de Huitzilopochtli, -co, part. locativa (interpretación que registran entre otros, Clavijero, Rémi Simeón, Cecilio A. Robelo y Luis Cabrera). También: En el ombligo de la luna (interpretación que registra Sahagún). Metz-xic-co. De metzli, luna, xictli, ombligo, -co, part. Locativa. DF.”
Y sobre los habitantes enuncia:
“Mexica. S y adj. Mexicano. De mexihcatl, mexica o mexicano. Suele usarse también como plural. De mexicah, los mexicas o mexicanos…”
México, “la única esdrújula”
El investigador de origen francés relata que durante años ha estudiado la fundación de esa gran ciudad y el Códice Boturini, llamado también Tira de la Peregrinación porque relata el éxodo de los aztecas desde su salida de Aztlán, hasta lo que es hoy, oficialmente, la Ciudad de México. De hecho, Johansson es curador de la aplicación que el INAH realizó para dispositivos móviles sobre dicho documento pictográfico, y realizó en 2007 un estudio para la edición especial, número 26, de la revista Arqueología Mexicana.
Tras anunciar que pronto dará a conocer un artículo sobre el origen del nombre de México-Tenochtitlán, explica que México es la única palabra esdrújula del idioma náhuatl en el cual “prácticamente todas las palabras son graves”. Considera importante destacarlo pues le parece curioso que esa palabra dé el nombre a la nación misma.
En opinión de Johansson no era originalmente esdrújula; sino que el nombre original Mexco, palabra con acentuación grave, fue cambiando al paso del tiempo, como sucedió con otros topónimos (algunos mencionados por Echenique). La diferencia entre ambas palabras, dice, es que Mexco, en el náhuatl de la Huasteca significa “ojo de agua” y México, “como se decía desde Gutierre Tibón, es ‘el obligo de la Luna’”. Abunda:
“Para mí México es ‘lugar de la Luna’ y Mexco, ‘ojo de agua’, porque dentro de la mitología, cuando los aztecas llegan cerca de México-Tenochtitlán, y ven el portento del águila sobre el nopal, uno de los que llevan a los mexicas, llamado Axoloa, se sumerge en un ojo de agua que para mí es Mexco. Abajo del agua tiene una conversación con Tláloc quien le dice al advenedizo que él –Tláloc– va a reinar en este lugar con su hijo Huitzilopochtli.”
¿Por qué la transformación del nombre? Johansson plantea que en un momento dado sucedió lo que se llama en lingüística una epéntesis, mediante la cual se añaden fonemas a la parte media de una palabra (“para hacerla más larga”, según agrega el Diccionario Popular de Saturnino Calleja):
“La gente decía ‘Meeexco’, con una ‘e’ larga y la fricativa de Mexco hizo que en un momento dado una ‘i’ se colara entre la ‘x’ y ‘co’. La ‘i’ vino después como una aportación epentética.”
–Cuando sale la peregrinación de Aztlán, ¿ya tenían el nombre de mexicas?
–Sí. Parece que lo traían pero podría haber sido “mexca”, según los textos; aunque acuérdate que los textos fueron transcritos en la Colonia y evidentemente no tenemos un solo escrito antes porque no había escritura alfabética. Todo lo que tenemos por escrito viene con “i” y a lo mejor es por eso mismo que en la evolución de la palabra, esta “i” colada, esta “i” epentética, se metió entre la “x” y el “co”. Quizás ellos mismos podían haber pronunciado de esa manera, porque efectivamente en los textos de la peregrinación tenemos la palabra mexica con “i”.
En la cronología iconográfica publicada por Arqueología Mexicana, se transcribe en el primer gráfico 1 técpatl, año 1168, Aztlan (sin acento): “Salida de los mexicas” (con “i”).
–Si ellos ya traían el nombre de mexicas, ¿cuál es la relación del nombre con Mexco?
Para el especialista el significado es “lunares”, e indica que así lo plantea en su último ensayo sobre la fundación de México-Tenochtitlán:
“Antes de ver el águila sobre el nopal, encontraron el nopal en el tunar, cuyo significado es lunar, no es solar. Es decir que Mexco sería ‘el lugar de la luna’, que no difiere mucho de la etimología tradicional México que es: lugar del ombligo ‘xihtli’ de la luna ‘Meztli’. Para mí es solamente Mexco, ‘lugar de la luna’ y ya.”
Añade que en la actualidad, los huastecos hablantes de náhuatl llaman mexco al ojo de agua. El Mexco al cual alude el Códice, se convirtió en México, “eso justifica la esdrújula, si no tendríamos que decir: Mexico (cuyo acento es grave o llano)”.
–¿De dónde toman los aztecas el nombre de mexicas?
–Yo hice un estudio sobre la peregrinación y en la cuarta lámina, cuando están sacrificando específicamente a Teoxahualli, la luna, Huitzilopochtli les dice en ese lugar a los aztecas –que eran aztecas porque habían salido de Aztlán–, que ya no se van a llamar así, que a partir de ese momento se van a llamar “mexicas”.
Agrega que en el Códice Aubin, viene como mexica, con “i”, y que no se sabe a ciencia cierta por qué Huitzilopochtli les cambia de nombre; sólo se conoce que fue a raíz del sacrificio de la luna.
“Es un estudio muy complicado y muy hipotético el porqué de este nombre; para mí es un nombre lunar, los mexicas son ‘los de la luna’.”
–En la actualidad usamos indistintamente mexicas o aztecas.
–No está mal, hay quien dice que no se debe hablar de aztecas sino de mexicas, pues cambiaron el nombre en el curso de la peregrinación. Tenemos la palabra aztecas en algunas fuentes, precisamente en Tezozomoc, y la palabra mexica no se conoce en todo el mundo, por ejemplo, en francés se habla de aztecas y los ingleses dicen: Aztecs.
“Pienso que hablar de aztecas está bien porque se refiere a la cultura náhuatl en general y los mexicas, los de Texcoco y los de Tlaxcala, son todos más o menos de estirpe azteca, todos vienen de Aztlán, entonces, para mí, azteca es más genérico que mexica: mexica es más específico.”
–¿Mexica sería más sobre el centro…?
–Sería más de la Ciudad de México.
Ratifica lo dicho por Echenique en el sentido de que cuando Hernán Cortés llegó, los nombres de Tenustitan y México ya existían, y él contribuyó a divulgarlos en sus Cartas de relación. Y cuestiona, finalmente, cuál será ahora el gentilicio para los habitantes actuales de la recién nombrada Ciudad de México:
“¿Qué vamos a utilizar? ¿Mexiqueño, defeño, chilango? ¡Ni modo que pongamos mexicas…!”
El homenaje
Patrick Johansson participará en el homenaje que este lunes 22 de febrero, a partir de las 10:00 horas, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000), rendirá la UNAM a su maestro y amigo Miguel León-Portilla, con motivo del 90 aniversario de su natalicio.
Adelanta que hablará del historiador como nahuatlato, es decir hablante del náhuatl, lengua que aprendió por su maestro Ángel María Garibay; como analista del pensamiento indígena, como traductor y como escritor en lengua náhuatl:
“Hablaré de él como un gran humanista, porque ha estudiado el mundo grecolatino, casi, casi renacentista, su formación fue la de un lingüista, ¡inclusive voy a decir de manera humorística que no solamente fue nahuatlato sino griegotlato, latín-tlato, inglés-tlato, francés-tlato, alemán-tlato!; es un hablante de todas las lenguas, lo cual le permitió conocer bien el idioma de los nahuas. Posee una formación lingüística extraordinaria y me parece que la diferencia y el parteaguas de la obra de León-Portilla con la de otros investigadores es que se adentró profundamente en la lengua y el pensamiento indígena.”
A partir de este lunes, la Secretaría de Cultura hará también un homenaje y dedicará el 2016 a León-Portilla, con diversas actividades a lo largo de todo el año, como: mesas de reflexión, presentaciones de libros, lecturas colectivas, programas especiales en radio y televisión, la reedición de su obra México Tenochtitlán: su espacio y tiempos sagrados, entre otras.