"Una Guerra", la película que ruboriza a Hollywood

viernes, 11 de marzo de 2016
MONTERREY (apro).- “Una Guerra” (Krigen) tiene un título sencillo que representa todos los conflictos bélicos de la era moderna. La cinta danesa aborda la ocupación multinacional en Afganistán, pero el que ahí se vive, es el mismo drama que padece todo el mundo por los estúpidos conflictos entre países que deben ser dirimidos con balas y obuses. Como siempre, aquí y en todos lados, en el fuego cruzado quedan los civiles. Dirigida por Tobias Lindholm, la película nominada este año al Oscar como mejor producción extranjera, es un pequeño reflejo del descomunal infierno que se vive en Medio Oriente. Occidente ignora las atrocidades que ocurren en las pequeñas aldeas de la región. Atrapados entre el Talibán y las Fuerzas multinacionales, hay familias desprotegidas que sólo pueden orar para que su deidad los salve. “Una Guerra” sigue al comandante danés Pedersen (Pilou Asbaek) y sus hombres estacionados en una solariega región del desierto afgano. La historia es contada desde el interior de las barracas. Hay jóvenes valientes, que toman las armas para defender la justicia y la libertad. Son guerreros unidos por la camaradería, que se consuelan y se respaldan en las horas de angustia del combate y en espera de la siguiente escaramuza. Pedersen debe hacerse cargo de la tropa. Sin embargo, mientras carga un fusil con una mano, con la otra sostiene el teléfono para comunicarse con su esposa quien lo espera en casa y debe enfrentar en solitario el complejo proceso de criar hijos en edad escolar. La guerra provoca muerte pero también separación. Las familias se alejan, se fragmentan, se trisan, mientras los líderes envían al frente a sus mejores hombres. Desplegado en ese lugar, que parece el fin del mundo, el comandante tiene el corazón dividido entre el hogar y el cuartel. Se preocupa a la distancia por sus seres queridos pero acompaña a sus muchachos en las incursiones y debe enfrentar la muerte y la destrucción. El drama presenta un contrasentido bárbaro: en medio del sadismo, la sevicia, la crueldad, el impulso homicida y destructivo, los soldados deben seguir estrictos protocolos de procedimiento. ¿Cómo espera la comandancia central, ubicada a miles de kilómetros de la acción, que los militares actúen cerebralmente mientras son atacados con una lluvia de balas? Un compañero agoniza desangrado, la posición está a punto de caer, todos pueden ser masacrados. Sin embargo, las reglas de combate demandan absoluta pulcritud. Pedersen debe tomar una decisión rápida. La asertividad con que tome sus decisiones incidirá directamente en el resto de su vida. Sin saberlo, los comandantes se convierten en dioses que dan vida y muerte. Una sola palabra suya define el destino de decenas, centenares, miles de seres humanos. La responsabilidad es enorme. “Una Guerra” es una pequeña obra de arte. Poderosamente emocional, tiene como gran acierto el ingenio de su producción. Modesta en recursos, resuelve de manera brillante las escenas de combate. No muestra explosiones, no se ven los enemigos. Todo se insinúa. La cámara se coloca del lado de los invasores aliados y muestra las dificultades enfrentan los soldados para cumplir su deber, defendiendo su vida y esforzándose al mismo tiempo por aniquilar adversarios. Es una excelente muestra del cine de calidad mundial que se puede hacer con pocos recursos. Hace ruborizar a las enormes producciones huecas de Hollywood.

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