Teatro: "El jardín secreto"

lunes, 14 de marzo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En un tablero de ajedrez existe un reino donde los personajes hacen sus jugadas para ganar la partida. El rey y la reina se han dejado de hablar y aunque los dos anhelan una reconciliación, el orgullo les impide acercarse. Quién cederá o quién hará la jugada maestra, es la pregunta para arrancar la obra de El jardín secreto, escrita por Verónica Maldonado y dirigida por Rocío Carrillo. La historia de esta obra, que se presenta en el Foro la Gruta, sucede en la Edad Media, con recursos dramáticos y humorísticos del Siglo de Oro. Nos sumergimos en un mundo de reyes y castillos, sirvientes y doncellas, pero con un tratamiento contemporáneo. Las equivocaciones, confusiones y malos entendidos propios de la comedia del Siglo de Oro, son puestos en práctica en un tono fársico. Con tintes humorísticos y acciones llevadas a los extremos, se pretende dar al espectador elementos para divertirse con estos ires y venires, con los secretos a voces que saltan de un personaje a otro y las escenas picantes en las que se ven envueltos los personajes. La propuesta es atractiva, aunque la trama resulta un tanto insulsa. Pasa poco y la reiteración de las situaciones hacen perder el interés. En El jardín secreto todo es una metáfora abierta de la realidad. Las estaciones del año suceden en el jardín, como en la vida de los hombres y las mujeres, y donde la edad madura es el otoño, cuando las hojas se empiezan a marchitar y el erotismo cambia de formas. La metáfora de los tres libros que representan a sendos personajes y con los que se crea el enredo, se ve acompañada por la metáfora de la carencia, el abandono y la pobreza con la que se vive en el reino, al igual que la vida en la que se encuentran los personajes. Así, una de las apuestas principales de El jardín secreto parecería ser el manejo de los símbolos en una historia de desencuentros y deseos sexuales que, desgraciadamente, en ocasiones cae en lo obvio. La encargada de guiar al espectador a lo largo de la obra es un personaje que interpreta Pilar Boliver: Peonza, un peón que hace diferentes personajes de la servidumbre. La interpretación no logra atrapar al público y provoca unas cuantas carcajadas a pesar de que es notorio el esfuerzo de la actriz por inventar chistes, hacer ocurrencias y caer en los lugares comunes, facilones y más estereotipados del humor. El rey es interpretado con suficiencia por Ulises Basurto, y el tercero en discordia por Eduardo Lecuona, cuya grandilocuencia y la excesiva estilización en el movimiento y en la forma de hablar alejan al espectador. Pareciera que la aparición de este personaje a la mitad de la obra iba a dar un mayor dinamismo, pero la presencia de este charlatán contratado para reconciliar a la pareja real, no lo consigue y se vuelven previsibles sus intenciones. La interpretación más sobresaliente es la de Mercedes Olea, la reina, que sostiene la naturalidad y el encanto de una mujer que oculta secretos y está dispuesta a descubrir qué hay más allá de las cosas. Tiene un espléndido ritmo interno y permite que los fragmentos poéticos no se vuelvan empalagosos sino llaves hacia otros contenidos. Si bien la temática de El jardín secreto versa sobre una pareja en la edad madura y sus problemas, el tratamiento dramático se emparenta con el teatro infantil, pero los temas sexuales se acercan a un universo más juvenil, lo cual confunde hacia qué espectador va dirigida la obra.

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