El legado de Ludwik Margules, en el Teatro Julio Castillo

jueves, 17 de marzo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- ¿Por qué le hace tanta falta al teatro mexicano un director como Ludwik Margules? La pregunta abierta surgió en el contexto de la inauguración de la exposición Ludwik Margules, Procesos de creación. Diez años de trascendencia a través de la ausencia montada en el lobby del Teatro Julio Castillo y que estará durante todo el mes. La muestra está articulada por diversos documentos de archivo como bitácoras de procesos de montaje, láminas de bocetos de vestuario, traducciones de libretos, dibujos de escenografía, conversaciones entre artistas transcritas a máquina, programas de mano, fotos y pósteres publicitarios de las puestas en escena más representativas de la trayectoria del director de origen polaco (1933-2006), a diez años de su fallecimiento. Destacan los dibujos del escenógrafo Alejandro Luna, la traducción del ruso al español del texto de El tío Vania, de Antón Chéjov, realizada por el propio Margules, así como el programa de mano y el cartel de difusión de esa obra presentada en 1978 en el extinto Teatro Arcos Caracol, que se ubicaba en avenida Chapultepec. Este foro íntimo, antes garaje, estaba en el número 710 de la avenida frente al Acueducto de Chapultepec. El recinto, para 110 espectadores, era rentado por la UNAM en los años setenta, y se le consideraba un espacio de vanguardia teatral, de acuerdo con el historiador Carlos Martínez Assad. Ahí, Margules recibió el reconocimiento al mejor montaje en ese foro por aquella obra. La exposición contiene además una mampara alta en la que se reproducen frases sintéticas de su pensamiento. Resalta una sobre autores clásicos de teatro por su vigencia en el contemporáneo, fechada el 12 de febrero del 2000: “La gran obra teatral nace de la indignación. Molière, Strindberg, Aristófanes, Chéjov, Genet, dan fe de su tiempo y a la vez lo aborrecen. Los autores de los misterios medievales, amén de sus afanes propagandísticos doctrinarios, tratan de convencernos de que el hombre es imperfecto. Los clásicos antiguos y modernos insisten con creces: el hombre es imperfecto. (…).” La expo está coordinada por su hija Lydia Margules, las colaboraciones de Regina Quiñones --quien fungió como titular del área académica de la escuela de actores Foro Teatro Contemporáneo que Margules fundó en la década de los noventa y dirigió hasta 2005--, y Claudia Jasso --investigadora de teatro encargada del Fondo Ludwik Margules del Centro de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli (CITRU), donde se han conservado todos aquellos archivos que conforman la muestra. La museografía estuvo a cargo de la Coordinación Nacional de Artes Visuales y Coordinación Nacional de Teatro. Reconocidas actrices y actores que trabajaron con Margules se orientan hacia valorarlo como el investigador de un eje del trabajo actoral basado en la franqueza del actor, que puede reconocer las limitaciones e incluso la ignorancia como estímulos para construir la obra teatral. La actriz Laura Almela, por ejemplo, lo recordó como el director que le hubo transmitido “apasionarse por lo que no sabes”. Asimismo, Emma Dib, al hablar sobre la influencia de Margules en su quehacer, dijo: “La obra para no hacer lo que el actor sabe hacer, sino la obra para hacer lo que no sabe”. Y el actor Álvaro Guerrero; “Trabajar con él implicaba despojarse de la técnica, del histrionismo”.

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