Arte: El falso poder del curador

viernes, 18 de marzo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La sobrevaloración que se le da en México a la figura del curador –ya sea para admirarla, venerarla, desearla o rechazarla–, convierte en un acierto la iniciativa que tuvieron el fotógrafo Rogelio Cuéllar y los pintores Arturo Buitrón y Gabriel Macotela, de organizar un diálogo-debate sobre la curaduría en la plástica contemporánea. Realizado el 3 de marzo en el Centro Cultural Museo Casa del Risco, en la Ciudad de México, el evento, lejos de ser un debate, se convirtió en una suma de quejas del público –en su mayoría pintores– que sólo fortalecieron el mito del poder curatorial. Pésimamente moderados por el pintor Luis Argudín, los detonantes del diálogo fueron su colega Manuel Marín y los curadores institucionales Cuauhtémoc Medina y Luis Rius. El primero, curador en jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y el segundo director de los museos Mural Diego Rivera y Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo. Anunciado también en la invitación, Guillermo Santamarina, curador galerístico y jefe curatorial del Museo de Arte Carrillo Gil, no llegó a la cita. El acto fue diseñado en paralelo a la clausura de la exposición que, bajo el título de Sin Comisario, promovieron los mismos organizadores del diálogo. Emplazada hasta el pasado sábado 4 en el Museo de Arte Moderno del Estado de México, en Toluca, la muestra, con aproximadamente 118 artistas participantes, destacó por su carencia de concepto, discurso y seriedad museística. Conformada a través de invitaciones discrecionales, tanto de los artistas responsables como de la directora del recinto, Irma Patricia Aguilar, la exposición fue un fallido experimento que evidenció la falta de profesionalismo y seriedad de los creadores involucrados. Indiferentes a la responsabilidad social que tiene un museo gubernamental, los artistas asumieron un juego que si bien pudo ser interesante en los salones decimonónicos, a principios del siglo XXI es lamentable. [caption id="attachment_433938" align="alignnone" width="702"]Una de las obras incluidas en la muestra Sin comisario. Foto: SC Una de las obras incluidas en la muestra Sin comisario. Foto: SC[/caption] La falta de profesionalismo se evidenció también en el diálogo. A diferencia de Medina y Marín, que participaron con ideas estructuradas, Rius optó por un discurso largo y repetitivo que tuvo eco en el desorden del moderador. Conocedor de la práctica curatorial, Medina enumeró características y actividades flexibles que se expanden desde la interpretación hasta la gestión y apoyo personal. Al igual que Medina, Marín señaló el poder cultural y político que tienen los curadores. Convencidos de que esta afirmación era verdadera, algunos integrantes del público la asumieron quejándose de ese poder que había excluido a la pintura mexicana contemporánea del circuito de exposiciones. Como respuesta, el pintor Ulises García Ponce de León cerró el evento evidenciando que el poder no está en los curadores sino en los funcionarios e instituciones que los contratan. Una intervención inteligente que no sólo diluye la soberbia curatorial sino que, también, coloca la problemática de las exclusiones artísticas en los verdaderos responsables de construir el valor artístico: los protagonistas de la estructura de mercado y del sistema gubernamental.

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