Un hombre irracional: infidelidad y muerte

viernes, 18 de marzo de 2016
MONTERREY, NL (apro).- Con “Un hombre irracional” (Irrational Man), Woody Allen regresa con sus viejos amigos temáticos: la infidelidad y la muerte. El maestro neoyorquino no puede sustraerse de las obsesiones que lo acosan, con una recurrente proyección de lo que parecen ser sus fantasías eróticas. Una vez más presenta a un hombre maduro que sostiene un romance indebido con una jovencita. La sociedad los acepta, aunque en silencio los reprocha. Abe Lucas (Joaquin Phoenix) es un gran personaje, como un reflejo de lo que el mismo Allen parece suponer sobre el atractivo que genera una personalidad genial, por encima del fenotipo. El recién llegado profesor de filosofía trae una larga historia de promiscuidad, depresiones y tragedias, que lo convierte en una celebridad estudiantil. El tipo enseña lo que es realmente el aspecto sexy de la inteligencia. Físicamente desagradable, con el vientre desbordado y con un carácter huraño, resulta irresistible. Su encanto enigmático desata pasiones entre las mujeres que lo rodean. Fracasó en su impulso de cambiar al mundo, y se convirtió en un cínico, pero las chicas lo adoran. Allen, mago del guión, consigue hacer milagros con base en los diálogos. La acción es prácticamente nula. Pero los personajes se expresan con una delirante exactitud sobre temas tan cotidianos como el hastío, la búsqueda del ser y el amor en sus manifestaciones extremas, tan sublimes como instintivas. Hay una sensación de ligereza en el ambiente. Las preocupaciones son las de cualquier persona que tiene un poco de intensidad emocional. Sin embargo, en algún punto del camino, el profesor atrapado en un inusual estado de tranquilidad, decide, por un absurdo azar, bordar la temática de la muerte como un experimento real, que le proporcionará escapismo existencial. La sique torcida, el consumo desmesurado de filosofía clásica, y la necesidad de una emoción revitalizadora, llevan al maestro a adentrarse en aguas profundas y peligrosas. El mercurio sube siempre en los dramas de Allen. Paulatina e imperceptiblemente, el termómetro va en ascenso y, de pronto, la situación arde. Lo que parece ser el viaje de un hombre buscando respuestas, se transforma en un thriller. El misterio es materia maravillosa en manos del director. Las circunstancias envuelven al transgresor. El hombre circunspecto, encapsulado en sus propias circunstancias, se mueve hacia la conducta grotesca. La desesperación cobra su cuota. Emma Stone, convertida en la princesa del pop fílmico, hace un buen trabajo como la ingenua estudiante que pretende rescatar al profesor de su destino de sombras. En esta segunda entrega con el director, parece que ocupará el sitio que deja vacante Scarlett Johanson, como su musa. Por momentos, “Un hombre irracional” se aproxima peligrosamente a “La provocación” (Match Point). Existen elementos paralelos de impulsos frenéticos de aniquilación, en medio de la infidelidad, que desquicia la prudencia de los amantes. Sin embargo, en esta ocasión la anécdota toma un giro inesperado hasta acceder a un final precipitado y, por absurdo, poco satisfactorio. Es una producción típica de Woody Allen, con temática adulta: diálogos excelsos, tensión sexual y la tentación del crimen, como solución extrema. Es interesante, pero no está entre sus mejores trabajos.

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