Teatro: Proyecto "Escocia"

lunes, 11 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El espacio mental y real de la experiencia de dos personajes en unos cuantos segundos o en un infinito de tiempo, parece ser la exploración que el dramaturgo Gibrán Portela aborda en su obra de teatro Escocia. Es interpretada por Sonia Franco y Pablo Marín en un proyecto dual que consiste en presentar dos montajes paralelos del mismo texto, dirigidos uno por Ginés Cruz, y el otro por Silvia Ortega Vettoretti. Los hallazgos del autor son muchos, y grande el reto para la puesta en escena. La historia sucede en el baño de un bar donde una mujer y un hombre se esconden. La cuarta pared es un espejo donde ella se observa y trata de recordar, o recrear su pasado inmediato o fragmentos de su vida. Él la atisba y echa a andar su imaginación en cuanto a distintas posibilidades del desarrollo de lo que les pasa, y recuerda momentos de su pasado que lo definieron. Si bien el baño es donde ellos se encuentran, la acción sucede en los múltiples lugares a donde van sus pensamientos. Los sucesos y su imaginación se traslapan unos en otros. Quieren recordar, pero también cambiar la perspectiva de lo que les pueda acontecer. Él la observa y ella se observa; él se recrimina el no salir en su ayuda y ella, confundida, todavía no sabe exactamente lo que acaba de suceder. La violencia se va atisbando y ocupando un lugar preponderante en los acontecimientos donde una balacera ha causado estragos en el bar.

escocia Fondeadora from Pablo Pato Marín on Vimeo.

La estructura dramatúrgica de Escocia es compleja. Se superponen los pensamientos de los personajes, los deseos de escapar de esa realidad y un presente irremediable. Los diálogos son pocos y la comunicación entre los personajes se da a través de la narración de uno y otro. Ella describe lo que él está imaginando o él por lo que ella está pasando. Ambos participan en la creación de las realidades que el otro plantea y se convierten en personajes de su historia. Hay una tercera persona que observa y actúa, hay un yo que expone y se pregunta, y hay un nosotros inventado. El espectador va armando la historia sin que todos los cabos queden amarrados porque la subjetividad de los personajes inunda la realidad escénica. El misterio y la ambigüedad son ingredientes fundamentales que hacen que la obra de teatro sea de grandes alcances dramáticos. La propuesta escénica de Ginés Cruz en la dirección está cargada hacia el trabajo físico de los actores, donde la acción repetitiva y alejada del contenido textual se acerca al performance. La abstracción tanto del espacio físico, diseñado por Félix Arroyo, como de los movimientos, nos aleja de los personajes y nos dificulta ubicarlos en un baño público desde donde se lanza la imaginación para la recreación de otros tantos espacios. Los actores, sobre todo en la primera parte, concentrados en el movimiento, impiden la profundización del texto y vuelven pesado ese hablar como tarabilla simulando la mecanización de la palabra. Conforme avanza la obra, el director y los actores encuentran un camino más interesante donde atraen recursos visuales y de acción conforme a la historia que nos van contando, logrando adentrarnos, con terror y sorpresa, en las verdades que se develan y en la dinámica compleja de la narración. El diseño sonoro de David Ortiz contribuye exitosamente a la puesta en escena, y más que dar ambiente sugiere estados de ánimo y subraya dramáticamente las escenas. Proyecto Escocia, que presenta la compañía PatoLobo y Los Bocanegra, es una obra propositiva y arriesgada que experimenta con la multiplicidad de realidades y la concreción de los pensamientos, dando como resultado una pieza inquietante que abre perspectivas en la escena contemporánea mexicana. El lunes y martes concluyen sus presentaciones en el Foro Shakespeare.

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