Hallan lápida de clérigo español y vestigios de la primera Catedral

miércoles, 13 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reportaron hoy el hallazgo de una lápida funeraria, tallada en piedra, con un epitafio en sus márgenes que hace referencia al clérigo español Miguel de Palomares, quien fue integrante del primer cabildo eclesiástico de la Catedral de México cuando fue obispo fray Juan de Zumárraga. Según un comunicado del INAH, el descubrimiento se hizo en febrero pasado, cuando el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México realizaba trabajos para la colocación de luminarias en la acera frontal de la Catedral Metropolitana, y personal del Programa de Arqueología Urbana (PAU), del Museo del Templo Mayor, hizo la excavación de varios pozos de sondeo, de 1.60 x 1.60 metros, y a 1.25 metros de profundidad para buscar y registrar elementos culturales. Encontraron entonces la lápida, de 1.87 metros de largo por 90 centímetros de ancho y un espesor de 30 centímetros. Se trata de “una toba volcánica de tono verde conocida coloquialmente como chiluca”. El epitafio es alusivo a Miguel de Palomares. Acorde con la descripción de los arqueólogos, la piedra tiene caracteres en castellano antiguo que detallan el último lugar del canónigo. [caption id="attachment_437002" align="alignnone" width="702"]La lápida del clérigo español Miguel de Palomares. Foto: Eduardo Miranda La lápida del clérigo español Miguel de Palomares. Foto: Eduardo Miranda[/caption] Hay también una leyenda en letras griegas, todavía sin interpretar, que pudiera dar cuenta del nacimiento y muerte del personaje, “al parecer natural de Calahorra, clérigo de Cuenca, y fallecido en la Ciudad de México en 1542”. Barrera Rodríguez y el arqueólogo José María Guerrero, responsable de los trabajos de campo, consideran posible que debajo de la lápida se encuentren aún los restos de la osamenta de Miguel de Palomares, pues si su cuerpo sólo “hubiera sido amortajado o colocado en un ataúd de madera, la lápida se habría vencido al paso del tiempo”. Como parte de los hallazgos, los especialistas mencionan los restos de un muro del mismo material y próximo a la lápida funeraria que corresponde a la primera Catedral construida en dimensiones muchísimo más modestas que la actual, por Hernán Cortés en 1524, ubicada en el límite sur del Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan. Se registraron también dos entierros, uno incompleto, y otro de un individuo femenino de aproximadamente 25 años de edad. Según los estudios de Mariel de Lourdes Mea Cázares, integrante del PAU, este hallazgo marcaría el confín entre la antigua Catedral y el camposanto que se hallaba frente a ésta. Los estudiosos del INAH destacan que los hallazgos serán clave para el conocimiento de la época correspondiente a los primeros años siguientes a la llegada de los españoles: “De hallarse el entierro de Miguel Palomares –dice el INAH–, éste podría aportar información relativa a las prácticas mortuorias que se llevaron a cabo con los capitulares de la Catedral de México, en la primera mitad del siglo XVI; e incluso en torno a la dieta de un individuo de origen español que vivió sus últimas décadas en la naciente ciudad novohispana.” El historiador José Gabino Castillo Flores señala en su tesis doctoral, La Catedral de México y su cabildo eclesiástico. 1530-1612, que desde 1527 los procuradores de la ciudad solicitaron al consejo del rey se les proveyera de oidores, prelado y canónigos para ayudar al mejor gobierno y cristianización de las tierras, y Miguel de Palomares fue uno de ellos. Integró el primer cabildo eclesiástico de la Catedral de México, luego de haber servido al curato de la ciudad de Veracruz.

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