La arquitectura humana de Óscar Hagerman

viernes, 15 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En la lista “Las 10 películas mexicanas que salvaron 2015”, difundido en enero pasado por la publicación virtual Cinema Móvil, aparece el documental El patio de mi casa, que el realizador Carlos Hagerman hizo sobre sus propios padres, el arquitecto Óscar Hagerman y la psicóloga Doris Ruiz Galindo. El filme de 90 minutos de duración forma parte de la Gira de Documentales Ambulante de este año, actualmente en diversos cines del país. No aparece en la lista de las más taquilleras de año pasado, pero para el crítico Alberto Acuña Navarijo es la mejor, pues no es el típico documental con el cual los realizadores buscan exorcizar los demonios familiares o recordar cuán entrañables, buenos o malos, eran sus parientes. El cineasta muestra la vida de sus padres, “quienes llevan más de treinta años dedicados a prestar sus servicios en zonas rurales del país, él como reconocido arquitecto, ella como psicóloga y educadora. Sin embargo, Hagerman no los retrata de forma romántica, sino que está interesado en preguntarse quiénes serán los que continúen con su legado. Es ahí donde entran Enedino e Isabel, sus sucesores naturales, los cuales provienen de la sierra de Puebla”. Más allá de las cualidades cinematográficas, su buena factura, la utilización de material grabado en super8 --filmado por sus abuelos paternos y maternos que el realizador pudo rescatar--, la bella fotografía del propio Carlos y Lorenzo Hagerman, junto con Hatuey Viveros, y el agradable ambiente intimista que permea toda la película, el documental es esperanzador, pues muestra que --como dicen los neozapatistas-- “otro mundo es posible”: Por ejemplo, denuncia el hacinamiento urbano, en el cual la especulación inmobiliaria --con el contubernio de las autoridades-- ha asentado su reino, donde las ambiciones de fama y dinero de arquitectos compiten por hacer la torre más elevada, sin importar si habrá agua suficiente para sus ocupantes, o suficiente número de estacionamientos para cumplir con la demanda de tantos vehículos o si con ello se incrementarán los índices de contaminación. Nacido en La Coruña, España, en 1936, Óscar Hagerman realizó estudios de arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México y ha impartido clases en las facultades de Diseño y Arquitectura de esa casa de estudios, en la Universidad Iberoamericana (campus Santa Fe y Puebla), el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (Cesder), y la Facultad del Hábitat de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Luego de vivir en Madrid y La Habana, llegó a México en 1952. Fue discípulo de su paisano Félix Candela y de José Luis Benlliure. Durante más de cincuenta años, según el sitio web de la revista Arquine, Hagerman “ha trabajado en comunidades rurales en México diseñando y construyendo escuelas, viviendas, clínicas y otros proyectos”, y utiliza “materiales directos de la tierra” para crear “un diálogo permanente con el lugar y la cultura”. Con el mismo fin, los mismos materiales y la misma materia prima, diseña mobiliario de “una austera sencillez”. Así pues, lo que entusiasma del documental El patio de mi casa es que cuando incluso la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda, afirma (con una frase de Octavio Paz) que “estamos condenados a ser modernos” y “no nos queda de otra que enfrentar la modernidad” y que mucha buena arquitectura moderna no existiría si no se hubiera construido sobre arquitectura anterior, así fuera igualmente buena, Hagerman y su discípulo Enedino Díaz demuestran la validez de la arquitectura tradicional, que a diferencia de las megatorres, tiene dimensión humana. El arquitecto Enedino Díaz explica en una escena del documental el porqué de su negativa a utilizar loza de concreto y prefiere el techo de madera con tejas de barro. De otra parte, Hagerman acaricia con auténtico sentimiento los materiales tradicionales, los muros de adobe, el ladrillo rojo y expresa su gusto por la belleza de los paisajes naturales. Con paciencia, ambos escuchan y diseñan la casa de los sueños de la gente de las comunidades rurales. Autor de obras como la Escuela Secundaria de Guaquitepec, y la clínica de Acteal, ambas en Chiapas; la Universidad Mixe, en Jaltepec, Oaxaca; la Escuela Secundaria San Miguel Tzinacapan, el Aula Unitaria en La Cañada Zautla y la Casa de Maestros Zautla, todas en Puebla, entre otras, Hagerman y su discípulo muestran la relevancia que dan a un espacio fundamental de la vivienda y que anuncia desde el documental: El patio. Ese lugar donde los niños juegan, donde crecen plantas y llega la lluvia y las aves y los insectos, donde la familia y los vecinos construyen un espacio social y se fortalece la convivencia que los edificios de las grandes urbes ya no permiten, ¡vaya!, el sitio donde se fortalece el tejido social, término tan en boga hoy día.

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