La conversión de Samuel Ruiz en el último libro de Eduardo Galeano

miércoles, 20 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para conmemorar el primer aniversario de la muerte del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, ocurrida el 13 de abril de 2015, Siglo XXI Editores lanzó el libro El cazador de historias. Terminado un año antes de su fallecimiento, el volumen reúne más de 200 breves relatos con temas tan diversos como el medio ambiente, el poder, la política, la represión a las guerrillas latinoamericanas e incluso unos acerca de sí mismo, considerados como “pistas” sobre su autobiografía. Algunas de estas historias están referidas a México, como “Sordos”, donde habla de la llegada de fray Toribio de Benavente a Yucatán, y el origen del nombre de la península: “El poderoso cero”, acerca de la invención del cero por las culturas mayas; “Peligro, sobre los efectos del chocolate, y “La ofrenda” sobre las tradiciones de días de muertos, entre otras. En la página 49 del volumen, de 268 en total, se incluye el relato “Samuel Ruiz nació dos veces”, en el cual Galeano narra cómo el obispo de Chiapas tuvo una transformación luego de su llegada a esta entidad en 1959, y pasó de ser “un joven horrorizado por el peligro comunista” al “heredero de fray Bartolomé de las Casas”. Galeano cita una entrevista entre Fernando Benítezy el Tatic (padre en tzotzil), como lo llamaron los indígenas de la región (aparecida originalmente en el libro Los indios de México), y dice: “Don Samuel dedicó sus primeros tiempos de obispado a predicar resignación cristiana a los indios condenados a la obediencia esclava. Pero pasaron los años, y la realidad habló y enseñó, y don Samuel supo escuchar. “Y al cabo de medio siglo de obispado, se convirtió en el brazo religioso de la insurrección zapatista.” La historia La conversación entre Benítez y Samuel Ruiz se llevó a cabo en 1962, cuando el religioso tenía 37 años de edad, y se incluye en el capítulo “La última trinchera” de Los indios de México, dedicado a los tzotziles. El 21 de febrero de 1994, a poco más de un mes del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se reprodujo en el número 903 del semanario Proceso un largo texto del poeta y narrador José Emilio Pacheco, realizado a partir de una selección de textos del editor de Cultura, Armando Ponce. Benítez describe a Ruiz (sin mencionarlo nunca con su nombre y apellido) como un fanático que lucha contra el comunismo y el protestantismo. Y refiere que le hace ver que ocupa la silla de fray Bartolomé de las Casas y es por tanto el sucesor y heredero del “Padre de los indios”. El encuentro va tornándose ríspido, pues el periodista insiste con el prelado en la necesidad de escuchar, y no combatir como se hacía, a los investigadores del Instituto Nacional Indigenista, a los cuales se acusa de ser “comunistas” y defensores de Lázaro Cárdenas. “El obispo no lograba disimular una ligera irritación. A estos prelados, rodeados de una atmósfera de reverencia y acostumbrados a imponer sus ideas sin oposición, les pasa lo que a nuestros políticos. Ya no sufren contradicciones y consideran como una grave falta de respeto a su investidura que se les hable con franqueza”, cuenta Benítez. Tras momentos de tensión la conversación se desvía hacia otros temas y el periodista escribe: “Yo hubiera querido hablarle del padre Las Casas, de las piedras que le arrojaban los encomenderos, del anacronismo que representa ese mundo viejo y podrido de vendedores de alcohol, de enganchadores, de groseras supersticiones, de miseria envilecedora y de la urgencia de modificarlo con la ayuda de todos, pero comprendí la inutilidad de mi intento. Convencer a ese obispo de que debía seguir el ejemplo de su antecesor fray Bartolomé de las Casas, era tanto como convencer al tonto y somnoliento gobernador a que hiciera algo trascendente, algo noble y revolucionario por los indios de Chiapas.” Contrario a lo que cuenta Galeano, Benítez no fue echado por Samuel Ruiz, aunque el obispo sí se transformó al paso del tiempo y adquirió conciencia de los problemas de los indígenas chiapanecos. Negado más de tres veces A 32 años de la conversación entre Benítez y Ruiz, la revista Proceso publicó en su número 910, del 11 de abril de 1994, una entrevista que Armando Ponce hizo al periodista en Santo Domingo, República Dominicana, donde se desempeñaba como embajador de México. Se evidencia que así como Samuel Ruiz se transformó al paso de los años para llegar a ser un verdadero heredero de De las Casas, Benítez no era ya el defensor a ultranza de los indios, como sí del Tratado de Libre Comercio y la política económica del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Más sorprendente aún resulta que Benítez negara que el obispo, al cual entrevistó en 1962, fuese el Tatic. A continuación se reproduce la conversación con Ponce: --Pero lo que me parece más increíble es que haya entrevistado hace 30 años al obispo Samuel Ruiz cuando... --No hombre, al contrario, dame el libro, ya lo dijo José Emilio Pacheco en Proceso. Entrevisto a un obispo... (revisa el libro y dice ante una foto: “Ay, mira qué cosa tan dramática”. Y más adelante: “Mira esta cara, caray”. Y también: “Mira qué mujer tan maravillosa”. Se desespera: “Hombre, dónde está el cabrón obispo”. También: “Mira, son puras preguntas. He entrevistado a miles de gentes”) era un miserable. --Pero sí era Samuel Ruiz. --No, era el contrario de Samuel Ruiz. --Era el contrario porque pensaba distinto. --No, porque era un miserable. --Checamos la lista de los obispos. --Eso era hace 32 años. --En 1960 nombraron a Samuel Ruiz en San Cristóbal. --Ah, pues fue mucho antes. --Venía de la diócesis de León, usted lo dice. Incluso la descripción que usted hace... --No, era un miserable. El obispo. --Sí, es que era un miserable. --Pero no era Ruiz. --No dice usted el nombre. Galeano no hace sino confirmar lo planteado hace 22 años en Proceso: Sí era Samuel Ruiz.

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