"El hombre de La Mancha", en el Reclusorio Oriente

lunes, 25 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Presos reales del siglo XXI interpretan a presos del siglo XVI. Se trata de una versión libre del musical El hombre de La Mancha, del estadunidense Dale Wasserman, la cual se presenta los lunes en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente de la Ciudad de México, bajo la dirección de Arturo Morell. En el montaje, titulado Don Quijote: Un grito de libertad, participan 280 internos de ese centro y reclusas de la Penitenciaria Santa Martha Acatitla, no sólo en el elenco, también en la orquesta musical y el equipo de producción. Morell, fundador y presidente de la Fundación Voz de Libertad, A. C., destaca en entrevista que Un grito de libertad, también basada en lecturas de la novela Don Quijote de La Mancha, surgió hace 12 años: “Este proyecto teatral se ha convertido en un movimiento de cohesión social, reinserción y prevención del delito a través de la reconstrucción de los valores entre las personas que, por alguna causa justa o quizá injusta, se encuentran encerrados en una cárcel.” En la obra, Miguel de Cervantes se encuentra en una prisión mientras espera una audiencia con la Inquisición española. Para evitar que sus compañeros de celda le arrebaten un manuscrito que lleva consigo, el escritor sugiere representar una función teatral sobre la figura de don Quijote, en la que él y el resto de los reclusos interpretan a los diferentes personajes. Para el lunes 25 del mes en curso, la penúltima función será especial por los 400 años del fallecimiento de Cervantes (22 de abril de 1616). Iniciará a las 17 horas. Convencido, Morell, también abogado y con estudios de teatro, asegura que Un grito de libertad es una experiencia de vida: “Logra cambiar la energía negativa que genera la reclusión en positiva, a través de todas las actividades que realizamos, talleres creativos de música, danza, canto e interpretación de textos y sesiones sobre concentración, disciplina, tolerancia y espiritualidad, y envía un mensaje al público exterior de la importancia de entender que dentro de las cárceles hay seres humanos, no sólo expedientes, y que quienes son inocentes necesitan apoyo para salir con la frente en alto, y que quienes son culpables necesitan también apoyo para cambiar su actitud frente a la sociedad.” El montaje surgió hacia 2004 en la cárcel de Atlacholoaya, Morelos, con 60 internos e internas. Siguió en la prisión de Tlaxcala (2005), con 70 reclusos; el complejo penitenciario de Querétaro (2005), donde intervinieron más de 150 encarcelados, entre varones, mujeres y menores infractores; el Tutelar de Menores Infractores de San Fernando (2006), con 80 menores; el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, donde colaboraron 180 internos e internas de Santa Martha Acatitla (2007), y de nuevo en Atlacholoaya (2008), ya con 200 participantes. Después Morell radicó 8 años fuera de México porque fue cónsul cultural del país en Miami y luego director de las relaciones Iberoamericanas de Miami Book Fair International y director del Koubek Center. Regresó en el 2015 para retomar las actividades de la Fundación Voz de Libertad, dedicada al análisis de problemas sociales y al diseño de estrategias culturales para resolverlos, entre las que destacan prevención del delito, equidad de género, reinserción social y erradicar la violencia doméstica. Emergió, asimismo, el documental Un grito de libertad: “Surgió de la primera experiencia (en la cárcel de Atlacholoaya), sobre el poder liberador de la cultura en cárceles mexicanas. Ha sido proyectado en conferencias sobre el tema y en festivales de cine y video. Ganó el Best Documentary 2014 en el Brigth Minds Film Festival de Miami, Florida.” Rememora que, por invitación de la Subsecretaría de Sistema Penitenciario, dio una conferencia ilustrada el año pasado en el reclusorio Oriente, “que se ha convertido en la más sobrepoblada de Latinoamérica, y la fuerte energía que allí percibí me motivó a regresar con Un grito de libertad”. En la obra teatral intervienen el actor y bailarín Bernardo Vega en la coreografía, el músico y compositor Luis Cardoso en la asesoría musical; ambos forman parte de la Fundación Voz de Libertad. También colaboran exinternos que han participado en ediciones anteriores del proyecto. Morell explica que se motivó más para regresar a México y dirigir el musical en la prisión Oriente, al recibir en el Senado de la República un Doctorado Honoris Causa en reconocimiento a su labor internacional de cohesión social a través de la cultura y la diplomacia. Platica que escogió al Quijote porque se identifica mucho con él: “Con su locura y nobleza, su afán de procurar la justicia y por luchar aunque se tope con obstáculos, pero es muy importante exponerles a los internos que Cervantes escribió gran parte del Quijote cuando estaba preso en una cárcel de Sevilla. Es una experiencia que hay que aprovechar, y defender la libertad de soñar, de creer, de sentir, aunque no se tenga la libertad física. Es como decirles que ese momento es un paréntesis en su vida, porque a mí no me gusta victimizarlos, ni tratarlos con benevolencia de ¡pobrecitos! Tampoco son expedientes, son seres humanos. Así que los tratamos como actores, como personas. El Quijote, creo, es un personaje con el que se identifican.” El también creador del Festival Hispanoamericano de Pastorelas enfatiza que con Un grito de libertad los presos adquieren la oportunidad de hacer una catarsis: “Entra la Inquisición, entonces les pido que le griten lo que quieran. Es una forma de exclamar lo que no puedes gritar en la vida real. La Inquisición se lleva a uno de los presos de Sevilla a la hoguera… y la mayoría ha vivido una detención o algún traslado, y en ese instante de la obra se pueden desahogar, sacar el trauma que les pudo haber generado eso que vivieron. “Más que dirigir a los internos actoralmente, trabajo con su energía y todas sus emociones, y hace dos años empecé a aprender la cábala y ahora decidí incluir lecciones de cábala, y han funcionado muy bien, porque más allá del hecho escénico lo importante es lo que ocurre en ellos.” Exhibe que es difícil trabajar con 280 reclusos: “Además este centro está sobrepoblado, hay casi doce mil internos, y fue diseñado para cuatro mil o cinco mil. Lo que hago es palpar la energía del lugar y de alguna manera utilizarla y procesarla. Sí, es mucha gente, pero vamos con decisión, fuerza y convencimiento de que lo que elaboramos está bien. Al principio mucha gente quiere manipular e incluso intimidarte. Son cotos de poder que se dan en todos los grupos sociales. “Hay quien se suma muy entusiasta, pero otros se suman para ver qué pueden obtener, pero poco a poco con el propio peso de la obra y los ejercicios, todos se alinean, y eso es maravilloso.”

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