La Batalla de Lepanto

martes, 26 de abril de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A Miguel de Cervantes Saavedra se le conoce también como el Manco de Lepanto, no porque le faltara una mano, sino por haber sufrido una atrofia en el brazo izquierdo durante la célebre batalla naval del 5 de octubre 1571, en la cual se enfrentaron el Imperio Otomano y la llamada Santa Liga. Considerada como la más sangrienta de todos los tiempos, incluidas las dos guerras mundiales, la contienda fue decisiva porque ahí contendieron dos civilizaciones opuestas hasta nuestros días: el Islam y Occidente, y al vencer la coalición cristiana se detuvo el avance turco, que a decir de los historiadores habría podido dominar una buena parte de Europa y aun otros territorios. El historiador Luis E. Íñigo Fernández afirma en su libro Breve historia de la batalla de Lepanto, que si las tropas de Solimán I, emperador turco, hubiesen ganado la batalla se habrían apoderado de Creta, para seguir con Venecia, las islas del Mediterráneo, “la misma Italia”. Incluso se pregunta: “¿Y acaso habría sido irrelevante para la cristiandad saber que el Papa se había visto obligado a inclinarse ante el sultán, y quizá coronarle, como pretendía Solimán, emperador de Occidente, en la catedral de San Pedro de Roma, sancionando así su derecho legítimo a reinar sobre las cuatro partes del mundo?” En una entrevista con el diario español ABC del 6 de noviembre de 2013, Miguel Renuncio, experto en historia militar de España, relata que a mediados del siglo XVI las potencias de España y el Imperio Otomano se disputaban el control del Mare Nostrum. En esa guerra, los estados cristianos europeos se esforzaban por detener el avance turco, que había logrado conquistar Hungría (asediaba a Viena) y los estados berberiscos del norte de África. En ese contexto, el Papa Pío V pide a España y Venecia crear una alianza militar. Así nació la Santa Liga, una coalición de soldados católicos comandada por Juan de Austria (hijo ilegítimo del emperador Carlos V) e integrada por el Reino de España –encabezado entonces por el rey Felipe II–, los Estados Pontificios (en la península itálica), la República de Venecia, la Orden de Malta (formada para combatir a los ejércitos musulmanes en Las Cruzadas), la República de Génova y el Ducado de Saboya, que perteneció al Sacro Imperio Romano. Se enfrentaron del lado de la Santa Liga 204 galeras, 6 galeazas, 26 fragatas, 50 mil infantes y 4 mil 500 jinetes, hubo, 7 mil 600 bajas, 21 mil heridos y 12 galeras perdidas. Por parte de las tropas turcas, encabezadas por Alí Pachá (Alí Bajá) hubo 216 galeras, 64 galeotas, 64 fustas, y 47 mil soldados, murieron 30 mil de ellos, se perdieron 190 naves (http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20lepanto.html). Un disparo de arcabuz mató a Alí Pachá y con ello comenzó a correr el grito de victoria de las tropas cristianas, que finalmente vencieron. Miguel de Cervantes, quien también combatió en Italia, siempre se sintió orgulloso de haber participado en Lepanto, cuando según el experto español no superaba los 24 años de edad. Sus palabras sobre la batalla aún se recuerdan: “La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.” El soldado Cervantes También un arcabuz lesionó a Cervantes. Recibió dos disparos que le impactaron en el pecho y en la parte interior del brazo izquierdo, no lo perdió, pero quedó atrofiado, relató el antropólogo forense Francisco Etxeberría, catedrático de la Universidad del País Vasco (UPV), al corresponsal de este semanario en España, Alejandro Gutiérrez (Proceso, 1967). El experto participó en la búsqueda de los restos del escritor en la iglesia del Convento de las Trinitarias, en Madrid, donde se afirma fue sepultado el autor el 23 de abril de 1616. Señaló que buscaban la osamenta de un hombre de 70 años, con sólo seis dientes y con una patología en el brazo izquierdo y el tórax causada por las heridas de guerra. En su libro Cervantes y América, publicado por la Fundación Carolina del Centro de Estudios Hispánicos e Iberoamericanos, en Madrid, Héctor Brioso Santos, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, cuenta que un adagio popular de la época del siglo de Cervantes explica el porqué de su carrera como militar, ante la escasez de opciones laborales: “Tres cosas hacen al hombre medrar: Iglesia o mar o casa real.” Y menciona el caso de quienes siguieron el segundo: “Bartolomé de Las Casas, hijo de conversos empobrecidos, se hace fraile y llegara a ser, por su ambición e inteligencia, obispo de Chiapas e interlocutor director del rey. El camino del mar, como soldado, fue seguido por el mismo Cervantes.” Sus experiencias en el campo de batalla fueron descritas por el propio Cervantes en su obra. En ella combina su autobiografía con la narración del libro Vida, de su contemporáneo Jerónimo de Pasamonte, a quien no le perdona no haber participado en Lepanto bajo el pretexto de estar enfermo. En El Quijote crea al personaje Ginés de Pasamonte para burlarse de él y reescribir de mejor manera lo contado por su compañero soldado, según describe Alfonso Martín Jiménez en el libro El Quijote de Cervantes y El Quijote de Pasamonte: una imitación recíproca, publicado por el Centro de Estudios Cervantinos, de Alcalá de Henares. El especialista mexicano en la obra cervantina, Sergio Fernández, hizo ver en una entrevista con el reportero Armando Ponce (Proceso, 1473), que El Quijote tiene muchas lecturas “y todas van sucediéndose, ocultándose o bien dejando paso a las lecturas antecesoras”, por lo cual es difícil dilucidar la unión entre el soldado que fue Cervantes “con un loco exquisito que es su personaje fundamental”. Recuerda en aquella entrevista que el autor castellano fue hecho prisionero en Argel (en El capitán cautivo, novela de corte autobiográfico, cuenta que el personaje principal es preso en ese país por haber saltado, “mostrando gran valor”, a una galera enemiga, si bien Cervantes no fue capturado en combate, sino años después durante su viaje de regreso a España). El investigador describe la vida que debió haber llevado Cervantes: “…la vida del soldado que tiene miserias por montones. Yo he leído unos libros muy bonitos que son las memorias de los soldados contemporáneos de Cervantes, como la vida del capitán Alonso de Contreras, anterior a él, en donde se describen unas atrocidades terribles. Yo recuerdo en Vida de Jerónimo de Pasamonte el dolor de muelas que tenía este pobre soldado en una de las iglesias romanas, en invierno. Imagínese usted, por ejemplo, en San Juan de Letrán, en invierno, con 10 grados bajo cero y un dolor de muelas encima. El caso es que la vida de soldado es una vida tremenda, que es propiamente la que yo supongo que debió haber sufrido Cervantes, junto a las calamidades de ser pequeño burgués… que si se casó, que si la hija, que si la separación, tantas cosas…” En la novela cumbre de Cervantes, don Quijote da un discurso en donde describe detalladamente los combates navales, y destaca que el soldado que pelea en una galera da muestras de “valentía y atrevimiento, el mayor que se puede hallar en todos los trances de las guerras”.

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