El edificio H, tan patrimonio como el Espacio Escultórico: Ímaz Gispert

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El controvertido edificio H de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) se construyó en un sitio al cual no se aplican las reglas de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), ni de protección de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA). No hubo –pues– ningún reglamento universitario que impidiera su realización. Así lo señala en entrevista con Proceso, la coordinadora del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad (PUES), en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Mireya Ímaz Gispert, quien rechaza rotundamente la posibilidad de demoler el edificio construido para albergar 10 aulas, 65 cubículos y 12 oficinas para un total de 560 usuarios, entre ellos los estudiantes de la nueva licenciatura en Antropología Social, según información de la propia universidad. Desde marzo de 2015, un grupo de universitarios alertó sobre los efectos que un conjunto de obras, iniciadas en la administración del rector José Narro Robles, podría tener en la biodiversidad del ecosistema del Pedregal de San Ángel. En su oficio dirigido a la ingeniera Ana de Gortari Pedroza, a la sazón directora general de Obras y Conservación de la UNAM, marcaron copias a distintos funcionarios, entre ellos a Ímaz Gispert, quien aclara que marcar un c.c.p. (con copia para) a alguien, de una carta dirigida a otra persona, implica sólo que se le quiere enterar del asunto, no que deba encargarse de él. En los medios y redes sociales se ha cuestionado por qué la agrupación Salvemos al Espacio Escultórico –que está demandando la demolición del edificio H de la FCPS, por considerar que altera el campo visual que ofrecía este sitio–, inició su protesta cuando la mole de concreto estaba ya concluida y no cuando se iniciaron las obras en los límites de los terrenos de dicha facultad que colindan con la REPSA. Se le pregunta a ella si tuvieron una respuesta a la inquietud del grupo de universitarios. Indica que no dio respuesta directa a esa demanda de información pues no iba dirigida a ella, sólo se le envío copia, “para que te enteres”. Asegura, no obstante, que la UNAM tiene un sistema de control “muy estricto” sobre el área declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y hay un comité específico para determinar qué se puede y no hacer, y es “tan puntilloso” que tardó meses en aprobarle al PUES la colocación de colectores solares en la azotea de la alberca olímpica porque “podría cambiar la visual de la zona patrimonial”. “Cuando nos llegaron estos comunicados, verificamos que no estuvieran: uno, en zona patrimonial, y dos en zona de reserva. Y no había más qué hacer porque no hay en ese sentido una regulación de la UNAM, más que las regulaciones técnicas de cómo se hace un edificio.” –Como en cualquier construcción, ¿se hizo una evaluación del impacto ambiental? –No se hace y no necesariamente va a generar más carga. Esa carga ya existe, más lo nuevo de la carrera de Antropología Social, pero la facultad tenía una carencia de espacios para sus alumnos y profesores. Señala entonces la bióloga y con grado de maestría en Ciencias en Ecología y Ciencias Ambientales por la UNAM: “Realmente no hay ningún reglamento en la universidad, salvo que se construya en zona de reserva, entonces sí intervenimos, solicitamos o hacemos una manifestación de impacto ambiental (MIA).” Relata que cuando se hicieron los invernaderos dentro de la reserva su área hizo la MIA, porque estaban en la zona del Jardín Botánico, y el proyecto fue evaluado por el comité de la REPSA: “Y se hicieron las cosas como se tenían que hacer porque ahí tenemos esa regulación.” [caption id="attachment_440605" align="alignnone" width="702"]La entrada al edifici "H" de la FCPyS. Foto: Alejandro Saldívar La entrada al edifici "H" de la FCPyS. Foto: Alejandro Saldívar[/caption] El edificio H Ímaz Gispert asegura que en muchos sentidos, la UNAM es un modelo en cuanto a preservación de su patrimonio natural y cultural pues cuenta con programas como Bicipuma y Pumabús, acciones que “se implementaron primero aquí y luego se exportaron”. El punto es que la universidad es un ente ‘vivo’ y sigue creciendo. Es el caso de la carrera de Antropología Social para la cual se construyó el edificio H. La bióloga reconoce que, en lo personal, no le gusta el controvertido inmueble, pero asegura no se violentó ningún reglamento en su edificación. Se le pregunta por qué basarse únicamente en reglamentaciones que datan de 1995, y en un plan maestro que el Comité de Análisis para la Sustentabilidad de los Espacios Universitarios recomienda actualizar. En ello no se ve el espíritu universitario de apertura ante la defensa del Espacio Escultórico que encabeza un grupo de artistas, se le dice. Argumenta que no es cerrazón o legalismo pero no se tuvo un marco para proteger la visual y “el problema es que a nadie se le ocurrió en su momento protegerla, nadie se dio cuenta del impacto visual”. La estructura metálica del edificio debió estar terminada desde febrero de 2015. Y nadie protestó; la especialista señala al respecto que a diferencia de quienes protestan por la obstrucción de la vista de los volcanes: “Soy de las pocas personas que ha levantado la voz y que tiene diagnósticos sobre qué hacer en el Espacio Escultórico.” Asegura que la vista de los volcanes se mantiene, pero que en realidad el propósito del Espacio Escultórico, su concepto, es desterrar la vida del núcleo: “Lo hemos estado estudiando desde hace tiempo con la idea de rescatarlo, ver qué podemos hacer para mantener la visión interna de los artistas, no está fácil, porque cómo voy a levantar todo lo que está ahí. Es imposible dejar el Pedregal como estaba, las cosas evolucionan, van viviendo su contexto, su entorno y es cambiante, es movimiento. Las especies de la REPSA están en la zona núcleo pero no es REPSA. “Es una intervención humana que precede a la reserva, que lo envolvió en su momento. Es una intervención humana porque estaba desprovisto de vegetación.” Se buscó que el cráter mostrara cómo se fue acumulando la lava, lo que en ecología se conoce como proceso de sucesión natural que va haciendo formaciones azarosas. Se determinó dejar así la lava y formarle el exterior con un círculo y los triángulos, además la plaza de entrada. Para darle mantenimiento hay que limpiarlo de vegetación, algo que tiene costos económicos y ecológicos. Ímaz está estudiando con qué tipo de herbicidas podría hacerse para no contaminar los acuíferos y el resto de la REPSA. –¿No es sustentable? –No, como toda intervención humana… debe haber una actividad humana para mantenerla. También habría que restaurar los triángulos, resanarlos pues se han desgastado porque a la gente le gusta subirse a ellos y no tiene caso prohibirlo. Se sustituiría asimismo el tezontle que bordea la plaza de entrada. Reitera con indignación: “Como universitaria me irrita que digan ‘quién sabe que hicieron con el Espacio Escultórico’. Pero ¿cuándo habían venido? Ahora sí, todo está mal… Lo que me queda claro es que había gente que tenía unos diez años que no se paraba ahí.” Dice desconocer las causas por las que nunca se declaró monumento artístico pues son ajenas a su área. Precisa en cambio que entregó su diagnóstico de manera informal en donde describe los deteriores. Y no duda que hay viabilidad para restaurar el Espacio. –¿Pero si no es sustentable…? –Es una contradicción, si nos ponemos 100% sustentables, y que el área sea núcleo de la REPSA, llévense sus piedras y la plaza de entrada, todo. Pero también lo veo con ojos de humano que puedo valorar una obra de arte que llegó para quedarse y se construyó ahí antes de que eso fuera REPSA. “Tiene derecho de piso y no estaba regulado, es lo mismo que el edificio H. Se hizo en un espacio al que no le aplicaba ninguna de esas reglas. No puedo comparar la belleza del Espacio Escultórico con el edificio H, pero digamos que están en la misma situación en términos de marco legal… No he escuchado a nadie que diga que le gusta el edificio, pero en belleza se rompen géneros. El Centro Cultural Pompidou, por el cual se peleaban, es ahora icónico en París. Quiero decir que nada es tan absoluto, hay gente a la que le gusta el Espacio Escultórico y a quien no.” –¿Cuál es su posición respecto a la demolición del H? –Yo creo que una universidad pública no se puede darse ese lujo. Yo Mireya Ímaz no tendría cara para decirle al pueblo de México que se van a tirar 100 millones de pesos a la basura (más de 50 en construirlo y otro tanto para su demolición). “Yo creo que como valor universitario hay que preservar nuestro patrimonio y hoy el edificio H también forma parte de nuestro patrimonio; preservar el Espacio Escultórico, la REPSA y plantear medidas inteligentes para mitigar el impacto del edificio H sobre la visual del Espacio, se puede hacer si nos ponemos creativos.” –¿Hay que actualizar las normativas? –Desde luego, yo creo que ésa es la gran lección que sacamos hacia adelante: Tendremos que extender más la normatividad del campus central en términos de evaluar lo que vamos a hacer, no con el mismo criterio del Patrimonio Mundial, porque no haríamos nada porque son muy estrictos, pero sí con normas y reglas que nos permitan que haya más ojos mirando lo que ocurre en las propuestas de crecimiento que puede tener el campus universitario. l

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