El cine de la década de los setenta, libro de De la Cruz Polanco

miércoles, 18 de mayo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con la finalidad de demostrar que el cine de los setenta, sobre todo el que se produjo durante el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976), es muy importante, ya que le abrió las puertas a las siguientes generaciones de cineastas, Fabián de la Cruz Polanco creó el libro Cine mexicano del 70: La década prodigiosa, editado por SamSara. El periodista deja claro en entrevista que fue el hermano del entonces presidente Echeverría, Rodolfo, quien por ser actor y nombrado director de Banco Nacional Cinematográfico apoyó los proyectos de jóvenes directores como Felipe Cazals, Jaime Humberto Hermosillo y Arturo Rispein, entre otros, cuyos trabajos fílmicos son considerados “obras maestras”. Ya que la mayoría de esos realizadores, a decir del autor del volumen de 198 páginas, plasmaron en sus proyectos la situación política y social que había en esos años. De la Cruz Polanco relata que “esa buena etapa” acabó cuando entró como presidente José López Portillo (1976), porque en julio de 1977 creó la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, dependiente de la Secretaría de Gobernación, y nombró a su hermana Margarita López Portillo como titular de la nueva área. “El debacle fue referente a la producción de filmes de contenido social e inicio el llamado cine de ficheras, y hubo censura y represiones por parte de Margarita”, explica. Además de haber nacido en 1974, De la Cruz Polanco tuvo mucho apego a la década de los setenta: “Fue por muchas situaciones tanto por el cine, la música y la moda. Tenía unos primos mayores que vi cómo se desarrollaron en el mundo social capitalino de mediados y finales de esa década, y todo eso me llamó mucho la atención”. Hacia 2008, al platicar sobre el tema con el también periodista Mauricio Peña, “él me empezó a relatar sus vivencias dentro de ese cine porque él ya estaba trabajando en el periodismo, desde 1974 en El Heraldo (ya desaparecido), y surgió el plan de poder hacer una investigación y entrevistas a directores de cine y actores de esos años, para que ellos mismos efectuaran un recorrido por el cine mexicano de los setenta, y que las nuevas generaciones, bueno, igual las personas de antaño, tuvieran la posibilidad de conocer todo lo que dejó el cine mexicano de esa década”. Los entrevistados son: Alfredo Joskowicz: “La UNAM te deja una responsabilidad social para hacer cine”; Ana Ofelia Murguía: “Amo el cine, amo la cámara”; Armando Casas: “El CUEC fue un oasis de creación y vocación social en el inicio de esa década”; Carmen Salinas: “La primera mentada de madre del cine nacional la di yo”; Diana Bracho: “Lo que existe en el presente, es gracias al pasado”; Ernesto Gómez Cruz: “El prestigio no me lo da la Academia”; Felipe Cazals: “Me gustan las películas de los otros; las mías no”; Fernando Allende: “Hay actores chicos y malos, pero jamás personajes”; Gabriel Retes: “Mi carrera sería diferente si no hubiera llegado Margarita López Portillo”; Gonzalo Vega: “El cine en esa década era tal como lo había imaginado de pequeño”; Héctor Bonilla: “Yo fui el primer Charolastra del cine mexicano”; Ignacio López Tarso: “Los hijos de Sánchez fue un fracaso terrible”; Isela Vega: “En ‘La india’ le ahorré al productor el gasto en vestuario”; Lalo El Mimo: “Gracias a las películas de ficheras, di el paso en el cielo fílmico de México”; Leticia Perdigón: “Crecí en el cine desde que estaba en el vientre de mi mamá”; Luis Terán: “Las estrellas de la Época Dorada del cine mexicano no tuvieron cabida en el cine del setenta”; Marcela Fernández Violante: “En el país había una enorme carencia de cultura cinematográfica”; María Rojo: “Se hizo un cine que tenía que ver con la problemática de esos momentos”; Mario Almada: “El cine era muy buen negocio”; Pilar Pellicer: “El setenta abrió los caminos de nuevas maneras para hacer cine”; Rafael Inclán: “No creía que yo funcionara en el cine”; Sergio Olhovich: “El setenta aborda una forma de expresión cinematográfica y de temática social”. En el libro Cine mexicano del 70… se lee que uno de los objetivos de Rodolfo Echeverría (Rodolfo Landa) “era lograr el equilibrio económico entre costos y rendimiento de explotación en lo referente a la producción; y en cuanto a la distribución, conservar y extender los mercados de exhibición nacional, además de mejorar la programación de películas mexicanas y abrir todas las salas de cine para las cintas de manufactura propia.” Sigue la escritura del autor: “Ello generó que el Banco Nacional Cinematográfico recibiera una millonaria inversión para modernizar en su totalidad el aparato técnico y administrativo del cine nacional, permitiéndosele la creación de tres compañías productoras cinematográficas, propiedad del Estado: Conacine (1974), Conacite I (1975) y Conacite II (1975), encargadas de producir ese ‘nuevo cine mexicano’. “El conjunto de corporaciones llevó a cabo su trabajo con apoyo del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC), teniendo como sedes los Estudios América y los Estudios Churubusco, adquiridos por el gobierno en 1975. Estos últimos habían sido propiedad del Estado desde 1958, y en el sexenio echeverrista fueron objeto de una modernización en su área técnica.” Habla de que se produjo Reed, México insurgente, dirigida por Paul Leduc, considerada “una perla” del cine independiente. Destaca entonces: “Para muchos especialistas, el cine producido en México de 1970 a 1976 ha sido uno de los mejores, llegando incluso a semejarse con el realizado durante la Nueva Ola francesa, y no era para menos, pues los espectadores de la clase media veían retratada su realidad a través de historias sin amarillismo ni realismo desgarrador. “En este periodo también surgió uno de los talentos cinematográficos más importantes de todos los tiempos: Alejandro Jodorowsky, quien seguía la corriente de Teatro Pánico de Fernando Arrabal, y que había debutado como realizador con la cinta Fando y Lis (1968). En 1971 comenzó a funcionar el Centro de Producción de Cortometrajes (CPC), ubicado en los Estudios Churubusco, dirigido por Carlos Velo. Se volvió a otorgar el Premio Ariel, cuya ceremonia de entrega había sido suspendida desde 1958 y se retomó en 1972. Ese año las películas ganadoras a Mejor Película fueron El águila descalza, de Alfonso Arau, y Las puertas del paraíso, de Salomón Láiter; el Mejor Director fue Jorge Fons por el episodio Nosotros, de la cinta Tú, yo, nosotros. Dos años después, en 1974, se inaugura la Cineteca Nacional y se lleva a cabo la creación de la empresa productora Directores Asociados (DASA), teniendo entre sus socios a jóvenes realizadores como Alfonso Arau, Raúl Araiza, José Estrada, Jaime Humberto Hermosillo, Alberto Isaac, Gonzalo Martínez, Sergio Olhovich, Julián Pastor y Juan Manuel Torres. En septiembre de 1975 es abierto el Centro de Capacitación Cinematográfica.” Sigue: “Trabajaron para el Estado Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Jorge Fons y Gabriel Retes. Los que se arriesgaron a laborar de manera independiente, y donde algunos lograron reconocimiento de la industria y la crítica especializada, fueron Alberto Bojórquez, Marcela Fernández Violante, Alfredo Joskowicz, Rafael Corkidi, Juan López Moctezuma, Paul Leduc, Eduardo Maldonado, Ariel Zúñiga y Alfredo Gurrola.” Lo malo es que cuando llegó Margarita López Portillo, dice la publicación, en septiembre de 1977 se cierra Conacite I, y en enero de 1979 se inicia la liquidación del Banco Nacional Cinematográfico. “De esta manera se desmantelaron las estructuras que la industria cinematográfica había creado para posicionar al cine mexicano, con el pretexto de regresar a la Época Dorada y así producir un cine ‘más familiar’.” Pero “a mediados del setenta, con la filmación de las películas Bellas de noche y Las ficheras, de 1974 y 1976 respectivamente, ambas dirigidas por Miguel M. Delgado, inicia la época del llamado ‘cine de ficheras’, trayendo con ello la presencia de desnudos y el uso de palabras altisonantes”. --¿Entonces, con Margarita López portillo cae el cine mexicano totalmente? --Sí. También a ella se le responsabiliza del incendio de la Cineteca Nacional. Justo con este libro, intento mencionarle y mostrarle a la gente que el cine mexicano de la década de los setenta no era exclusivamente de ficheras, más bien fue la etapa en la que se pudieron abrir las puertas para que los nuevos directores pudieran dar a conocer sus ideas y explayar sus inquietudes. Incluso, para mí, el cine mexicano de la década de los setenta es mucho más significativo y emblemático que la misma época dorada del cine mexicano. “Este volumen puede ayudar a las nuevas generaciones a recordar y también a que conozcan las obras que se filmaron.” --Esos nuevos cineastas que entonces surgieron con temas sociales y políticos, ¿los influyó todo lo sucedido en 1968? --Sí, sin duda el movimiento del 68 tuvo mucho que ver en cuanto a la ideología y en el modo de trabajar en cada uno de estos cineastas. De hecho varios de ellos ya estaban trabajando en el cine en el CUEC o empezando a hacer trabajos pequeños en la industria del cine durante el movimiento estudiantil del 68. Entonces al momento en que se da esa posibilidad de abrir las puertas para que expresen su ideología a través del cine, ellos de inmediato aprovechan para explayarse y externar sus inquietudes y deseos. Pero para evitar la censura, recurren a hechos verídicos para llevarlos a la pantalla como la situación de Canoa y Las Poquianchis, de Cazals, o El castillo de la pureza. Y eso atrajo a la gente. --Además del Castillo de la pureza, surgieron filmes como Los albañiles, que ya es un clásico, Chin chin el teporocho, en fin, pero esa realidad incomodó a Margarita, ¿no? --La mayoría de los entrevistados la odian y mencionaban cosas muchísimo más allá que la clásica mentada de madre. Todos mencionan que a su llegada el cine mexicano se fue para atrás y todos los grandes logros que se habían conseguido se fueron al caño. Ella fue así por ignorante, no tenía la educación. Y Rodolfo Echeverría tenía conciencia artística y luchó para que se diera esa apertura a los cineastas de ese entonces. En esa década Jaime Humberto Hermosillo empieza a manejar temáticas gay dentro del cine, surge Matineé, El cumpleaños del perro, El lugar sin límites. Resalta: “Si no hubiese existido esa apertura y ese tipo de cine en la década de los setenta, hoy día no existiría el cine que tenemos.” --También destaca a las principales actrices de entonces, como María Rojo y Ana Ofelia Murguía. --Diana Bracho también. Cada uno de los entrevistados platica cuáles fueron sus vivencias, la buenas y malas. Bracho platica la secuencia de La tía Alejandra y me revela que fue muy fuerte cuando golpea a Isabela Corona, porque me dijo “no estás para saberlo pero Isabela fue esposa de mi papá, fue mi madrastra, entonces para mí fue muy fuerte agarrármela, aunque no fue real”. Además de que lo asesoró al realizar el libro Mauricio Peña, y el crítico y periodista Luis Terán clasificó cada una de las películas filmadas en México en los setenta. Las fotos de los entrevistados son de Esaú Ponce; las caricaturas las realizó el primer actor Luis Couturier y también incluyó fotos del Acervo Fotográfico de la Filmoteca de la UNAM. De la Cruz Polanco es director general de la revista electrónica Filmeweb.com.mx y de la agencia y productora FP Comunicaciones, y fue investigador y editor de contenidos en la novena edición del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA). También hizo el libro Magia pura y total: Historia del teatro musical en la Ciudad de México 1952-2011 (SamSara).

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