Teatro: "La extinción de los dinosaurios"

jueves, 19 de mayo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A dos hombres viejos, sin mucho que perder, se les presenta la oportunidad de dar un giro a sus vidas y realizar un acto intrépido que los haga sentirse más vivos e imaginativos. Cada uno, por diferentes razones, se lanzan a la aventura de planear un asalto y saldar cuentas. Si bien sus vidas pueden plantearse como una tragedia, el dramaturgo mexicano radicado en Suiza, Luis Ayhllón, elige la comedia para conocer a dos hombres con rencores y frustraciones que, puestos en la situación, nos hacen reír de principio a fin. La extinción de los dinosaurios, dirigida por Gabriela Lozano, con las actuaciones de José María Negri, José Carlos Rodríguez y un joven invitado al plan de robar una joyería, interpretado por Fernando Bonilla, es una obra sólida desde la dramaturgia que mantiene la atención del espectador a través de los diversos giros en la historia y la caracterización de los personajes que evita los estereotipos y muestra los claroscuros de su personalidad. Hugo es un hombre al que le han detectado cáncer terminal y quiere vender su casa, para lo cual invita a un amigo del pasado y le ofrece comprarla. Paco, que tras su divorcio ha quedado en la bancarrota y no tiene comunicación con sus hijos, le propone asaltar la joyería de su sobrino del que quiere vengarse. La relación entre ambos no ha sido buena, pues si bien han sido compañeros de cantina, ambos guardan secretos con los que se han dañado uno al otro. Para concretar el plan invitan a un joven que Hugo conoció en un gimnasio, con el que puedan fortalecer su presencia en el asalto. Hugo Paco y Luis, que es como se apodan, urden un plan lleno de obstáculos que, mientras lo concretan, descubrimos quién es cada quien. Tanto el autor como la directora logran que los personajes se vuelvan entrañables sin recurrir a la caricatura, como suele suceder en las comedias. Los chistes surgen de la situación y no de gags ni de recursos fáciles para provocar la risa del espectador. Con la habilidad del dramaturgo sucede la trama de la obra y los personajes son interpretados con veracidad. Sobresalen las interpretaciones de los tres actores. José María Negri y José Carlos Rodríguez construyen sus personajes a profundidad. Se mueven en el escenario con aplomo y soltura para transmitirnos sus sentimientos a través de reacciones, silencios o, en momentos, con agresión. Fernando Bonilla parte de la torpeza y la ingenuidad de un fortachón que dice actuar en películas porno y se somete a las ideas que cada uno de los viejos propone. El lenguaje naturalista, lleno de groserías y decires de viejo, sustentan la verosimilitud, y el dramaturgo colorea con información concreta de nuestro México para potenciar la risa y la identificación de los espectadores con el presente compartido en el que vivimos. La dirección de Gabriela Lozano hace que los personajes fluyan en el escenario sin que tengan que realizar desplazamientos excesivos. Los elementos escenográficos que utiliza, dos sillas y una escalera de caracol, son puntales para que el trazo escénico se realice con limpieza. La gama de cafés propuestos en la escenografía y la iluminación diseñada por Patricia Gutiérrez, nos ubica, atinadamente, en la época y la clase social a la que pertenecen los personajes. La obra, inteligente y divertida, se presenta en el Teatro Orientación con funciones de jueves a domingo.

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