'Rodrigo Moya. Fotografía y conciencia”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con una idea brillante, equivalente al aforismo pugilístico de Muhamed Alí en el que declaraba “Vuelo como mariposa , pico como avispa”, Rodrigo Moya definió su quehacer como fotoperiodista al comentar en una ocasión al historiador Alberto del Castillo: “En la fotografía envolvente uno se mueve o merodea alrededor del sujeto, se observan sus movimientos, sus gestos, su actitud, se dispara algunas fotos equivalentes a jabs, se le lleva al terreno propicio por medio de la danza de la cámara a su alrededor, y cuando abre la guardia, cuando se ve el gesto representativo la luz y las cosas toman su lugar, entonces viene el golpe de avispa: la foto afortunada.” Rodrigo Moya es un fotoperiodista y fotodocumentalista imprescindible dentro de la historia nacional (si bien es originario de Medellín, Colombia, donde nació en 1934). Dueño de una mirada aguda, critica, sobre todo comprometida con su ideología, Moya conocería la alquimia fotográfica en 1954 por Guillermo Angulo, y a partir de ahí su vida correría en paralelo. Sus fotografías aparecieron en las revistas Impacto, Sucesos y Siempre! donde se publicaron, por ejemplo, los sepelios de Diego Rivera (1957) y Francisco Goitia (1960), así como las protestas magisteriales lideradas por Otton Salazar (1958). Si bien su carrera comprende una docena de años, el fotorreportero logró cubrir eventos relevantes de su tiempo como: la serie de retratos a Ernesto el Che Guevara en 1964, un  reportaje sobre las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en Venezuela en 1966, y las cobertura de la invación norteamericana en Guatemala en 1954, así como la de la República Dominicana en 1965. Al final de los años sesentas Moya optó por guardar un tiempo la cámara fotográfica para convertirse en editor de su revista Técnica pesquera. La semana pasada fue presentado el libro Rodrigo Moya. Fotografia y conciencia en el Instituto Mora de Mixcoac. Editado por The Wittliff Collections de la Universidad de Texas, el nuevo ejemplar fue dado a conocer por el mismo fotógrafo, la diseñadora e ilustradora Susan Flaherty, compañera de Moya, asi como por los historiadores Alberto del Castillo y Ariel Arnal. [caption id="attachment_442272" align="alignnone" width="702"]Fotografía y conciencia, de Rodrigo Moya. Fotografía y conciencia, de Rodrigo Moya.[/caption] Fue en el año 2003 que The Wittliff Collections adquirió un lote de fotografías de Moya. La institución, con sede en campus San Marcos, resguarda además de documentos de escritores del sureste de Estados Unidos, impresiones en plata gelatina de fotógrafos mexicanos, sobre todo documentos contemporáneos obra de Graciela Iturbide, Francisco Mata Rosas, Eniac Martínez, Pablo Ortiz Monasterio, Marco Antonio Cruz, entre otros. En octubre de 2013, a decir de Flaherty, Moya recibió una invitación de dicha institución para la edición de un libro, el cual tendría como propósito hacer una retrospectiva de su trabajo. Sin embargo, dos años más tarde le informaron sobre la inquietud de también montar una exposición en las instalaciones del instituto norteamericano, la cual exhibiría 115 fotografias de obra adquirida junto con un nuevo lote recién comprado. Formalmente la muestra fue inagurada en noviembre de 2015 y a la fecha se encuentra en exhibición, pues fue pensada para un año de permanencia, algo bastante insólito, como comentó la diseñadora. La primera obra de Moya, impresa y montada en Estados Unidos, requirió la minuciosa participación del mismo fotógrafo, Flaherty y Arnal; ellos, en coordinación con el equipo de la universidad texana, publicaron el libro bilingüe titulado Rodrigo Moya. Photography and Conscience/Fotografía y Conciencia. Fueron principalmente Flaherty y Moya los artífices de diseñar la estructura del libro, bajo los siguientes apartados: la ciudad, más allá de la urbe; América Latina, entre mar y tierra; célebres y anónimos; la fe agnóstica y, para cerrar, un grupo de imágenes titulado Figuraciones. La obra tiene el plus de incorporar textos del mismo Moya, quien además de tener un ojo privilegiado, posee también una pluma literaria y amena. Por otra parte fue el historiador de imagen Ariel Arnal el cual se dio a la tarea de revisar minuciosamente el archivo del fotógrafo con el fin de escribir un texto ameno y entrañable para, de esta forma, presentar la trayectoria y obra del fotorreportero. Escéptico de la fotografía digital, Rodrigo Moya se mantiene fiel a la fotografía análoga y al proceso de laboratorio, ya que lo digital –comenta-- lo tiene en una disyuntiva: “Por un lado me asombra y por otro la detesto, sobre todo por la forma de tomar tan irreflexivamente las imágenes, lo cual se contrapone mucho a la reflexión que hay que detrás de cada imagen.” Y es que la cámara digital permite muchas ventajas, aunado al Photoshop, con lo cual prácticamente te resuelven bastantes problemas, lo cual en los años que trabajaba Moya cada procedimiento representaba un reto en el que se sometían por ejemplo a la “latitud de la exposición de película, al contraste de los papeles, en fin, a otros procesos en los que teníamos que reflexionar y ser un poco alquimista o un poco magos para sacar principalmente los medios tonos, los cuales al final de todo el proceso fotográfico le daban vida a la fotografía.” Fue precisamente la calidad de salida la que buscaron Moya y compañía para las imágenes impresas en dicho libro, ya que procuraron “respetar las escalas tonales que bajo estrictas recomendaciones y pruebas se apegaron a las tonalidades que más convencían al exigente y experimentado fotorreportero, y ello se aprecia al hojear y contemplar cada una sus instantáneas. Para Moya la publicación de un libro es “el punto máximo al que puede aspirar un fotógrafo activo o retirado, ya que el libro permanece”. “Para mí –comenta--, desde que fui un muchacho ya iniciado en la foto, el libro era la meta máxima, ya que por aquel entonces era imposible pensar en un libro de fotografía debido a que en el país no se publicaba este tipo de trabajos.” Por ello recomienda a jóvenes fotorreporteros tener ordenado su archivo, aunque ello no es garantía para su perduración; por ello, subraya, “son los libros los que rodarán y dirán quién fue el autor. En buena medida porque las fotografías en diarios y revistas caducan después de su publicación y si les va bien en ocaciones pasan a formar parte de las hemerotecas”. El presente estudio se suma a los realizados por Alfonso Morales: Rodrigo Moya. Foto insurrecta; dos más de Alberto del Castillo: Rodrigo Moya. Una Mirada Documental y Rodrigo Moya. Fotografía. Y el coordinado por Patricia Gola y  Alejandra Pérez Zamudio, Rodrigo Moya. El telescopio interior. Rodrigo Moya. Fotografía y conciencia, que por el momento sólo es posible conseguirse en el sitio digital de University of Texas Press y Amazon, aparecerá en la red de librerías Educal.

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