Descubrimientos del INAH en Teotihuacán apuntalan visión cósmica de la zona

jueves, 5 de mayo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un paisaje lunar visto desde el aire con todo y fosas que semejan cráteres, estelas y canales en torno a la Plaza de la Luna en Teotihuacán, son los más recientes descubrimientos en esa zona arqueológica que dio a conocer hoy el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). De acuerdo con Verónica Ortega Cabrera, subdirectora de ese espacio y directora del proyecto de investigación de los descubrimientos, “nos encontramos frente a un nuevo ombligo de la ciudad, frente a un nuevo centro cósmico”: “La Plaza de la Luna (levantada en las fases finales de Teotihuacán (350-550 d.C.) no era como la vemos actualmente. Estaba llena de hoyos, canales, estelas, los edificios quedaban mucho más retirados, y la Pirámide de la Luna era de menores dimensiones”, dijo al respecto. Las excavaciones fueron enfocadas frente al Edificio Adosado de la Pirámide de la Luna, en la llamada Estructura A, un patio cerrado de 25 metros por lado que contiene 10 pequeños altares dentro de él. Y es que a través de diversos trabajos se indaga el subsuelo de esa edificación en busca ‘de los orígenes del espacio ritual de la Plaza de la Luna’, que debió ser distinta a lo que conocemos ahora, informó el INAH a través de un comunicado Según Cabrera, el tepetate que conforma la superficie de la Plaza de la Luna fue modificado y hecho a semejanza de la “cara de un queso gruyer”, donde hasta ahora se han identificado más de 400 hoyos pequeños de entre 20 a 25 centímetros de diámetro por toda la extensión de la plaza, incluso algunos de ellos contenían piedras de río. El proyecto de investigación que inició en 2015 tomó entonces cinco meses de trabajo y se retomó este año a inicios de abril. El objetivo primordial es contar en un mediano plazo con un mapa completo de toda esa zona y con fechas precisas de su secuencia ocupacional, lo que incluye estudios de arqueomagnetismo con la colaboración de expertos del Instituto de Física de la UNAM. Como parte del mismo se han encontrado a la fecha –pues no se descarta encontrar más– cinco estelas completas dentro de fosas en el subsuelo de la Estructura A (que contiene varias divisiones internas, formando cinco partes). Las alturas y pesos de las mismas varían de 1.25 a 1.50 metros, y con un peso de entre 500 y 800 kilos, y aunque aún se espera el análisis que se efectúa en el Taller de Arqueología Experimental en Lapidaria del Museo del Templo Mayor, es posible que la piedra con que fueran hechas provenga de la región de Puebla. Según el INAH es probable que dichas estelas estuvieran originalmente en alguno de los templos que coronaban los basamentos de la plaza, “y que en un momento dado los teotihuacanos decidieron darles un espacio final. Las estelas eran usadas para sacralizar el espacio o legitimar el poder asignado a las deidades”, explicó Ortega Cabrera. Otro hallazgo relevante fue la ubicación, a escasos 10 centímetros de profundidad, de dos canales asociados al altar central de la Plaza de la Luna, conductos que se piensa tenían igualmente una función simbólica y no como desagüe. Ambos parten de las escalinatas norte y sur del altar y alcanzan una longitud de 25 metros, abarcan entre 1.50 y dos metros de ancho y una profundidad de hasta tres metros. Salvo las excavaciones hechas en la Pirámide de la Luna y en el Conjunto del Quetzalpapálotl, son las únicas exploraciones realizadas en la Plaza de la Luna. En palabras de la subdirectora de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, lo que ha generado estos descubrimientos es que: “Por primera vez se sabe que el espacio abierto no necesariamente está vacío de evidencia arqueológica. En general, los espacios públicos de Teotihuacán, la Ciudadela y las plazas de las pirámides del Sol y la de la Luna tuvieron un simbolismo más allá del que vemos al final como un programa arquitectónico, urbanístico. “Tal vez para sacralizar esos espacios hicieron este tipo de modificaciones. En verdad hay todo un inframundo por conocer”.

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