Teatro: Gastronomía escénica

viernes, 6 de mayo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El rito del teatro y el rito del cocinar se mezclan con ingredientes que nos vienen del recuerdo y de ese compartir lo que nos enseñaron nuestras madres alrededor de la cocina. En una propuesta experimental y reveladora, la compañía mexicana VACA35 Teatro en Grupo y el grupo español TeatrodeCERCA se reúnen para realizar una obra que habla de ellos y de nosotros, de experiencias ajenas y muy personales, cuyo resultado, entrañable y sensible, genera vasos comunicantes entre dos culturas y una puesta en escena original y llena de contenidos. En Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido, dirigida con excelencia por Damián Cervantes, cada actor nos cuenta cómo se prepara el guiso que le enseñó su madre, los olores que emitía y las asociaciones a las que lo llevaba. Atrás de una larga mesa colocada en primer término, los actores cortan jitomate, machacan plátanos o pican cebollas para preparar seis guisos a lo largo de la obra: chiles rellenos, huauzontles, plátanos rellenos, alubias con chorizo y salmorejo. Frente a cada uno de ellos, la foto que representa a la autora original o la de algún familiar, con lo que se exhala el vínculo del afecto y la nostalgia a la que les remite. La propuesta de los dos grupos en esta creación colectiva es dar testimonio de lo que sucede en sus propios países y también hablar desde la experiencia personal con sus muertos. El tiempo real en que se cocina es el hilo conductor que sujeta las improvisaciones y las diferentes escenas del espectáculo. Antes de iniciar la obra, o como preámbulo de ésta, el cantaor acompaña los preparativos, para terminar, o empezar, con los actores acostados en la mesa, unos encima de otros, hablando de las mil formas de echarse un pedo. El humor y la escatología de este arranque, vinculado por supuesto con lo que provoca la comida, permite al espectador entrar en el juego y la irreverencia. Los temas compartidos se expresan a manera de testimonios: los miles de muertos provocados por el estado o el crimen organizado en México y la Guerra Civil que prevalece en la experiencia de las nuevas generaciones españolas. La estridencia inicial, a veces excesiva, se concreta en hechos como las típicas discusiones de sobremesa acerca de cuál de los dos se encuentra en las peores condiciones para sus habitantes. En el ritual del Día de Muertos, que es con lo que culmina el espectáculo, escuchamos cómo cada uno de los actores cuenta de la muerte de alguno de sus padres o de sus abuelos. A pesar de que el momento se alarga en lo anecdótico, no deja de emocionarnos y coincidimos en ese dolor. El espectáculo es ágil, ligero y con momentos entrañables, festivos y dramáticos. La diversidad de temas es amasada con la harina del acto de cocinar para dar como resultado un platillo suculento. En los actores predomina la naturalidad y su capacidad de transmitir sus sentimientos hacia el espectador, con lo que llegamos a querer a cada uno de ellos desde sus particularidades: Diana Magallón, Ma. Carmen Ruíz, Rafael Flores y Luis Alberti, de México, y de España Maite Urrutia, Irene Caja y Alejandro González (en la guitarra y el cante). Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido se ha presentado en diferentes ciudades de España y ahora se presenta en México en el Teatro el Milagro, después de una breve temporada en el Teatro Santa Catarina dentro del Festival Internacional de Teatro Universitario.

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