"El Conjuro 2", experiencia aterradora

viernes, 10 de junio de 2016
MONTERREY, NL (apro).- Con El Conjuro 2, el maestro James Wan consigue provocar los mejores sustos del año con una producción completamente predecible, pero altamente efectiva. En sus manos, el cine de fórmula se convierte en una inesperada sorpresa. Anticipadísima en temática, la propuesta carece de novedad, pero luce como una aportación fresca al género mediante la creación de una atmósfera electrizante, de suspenso insoportable. Responsable del clásico Saw: el juego del miedo, el director australiano vuelve a la carga con esta secuela de la franquicia que inició exitosamente en 2013 con El Conjuro, donde fue presentada la pareja de investigadores, serios y reputados, de fenómenos paranormales. Los Warren están de regreso y, de nueva cuenta, el caso los involucra personalmente. La acción se ubica en 1977. Ed y Lorraine Warren, valerosos y honestos cazafantasmas, deciden retirarse. Los sustos los han afectado, más a ella, que tiene poderes de vidente. Sin embargo, se ven noblemente forzados a intervenir en un incidente de posesión diabólica detectada en Inglaterra. Y ahí van, los policías del más allá, para encontrar y castigar a la entidad de ultratumba que atormenta a una preadolescente, que vive con su madre y tres hermanos en un barrio humilde del norte londinense. La familia vive rodeada de vecinos pero, astutamente, la historia creada por Carey y Chad Hayes hace que, de manera permanente, queden aislados por la lluvia, que vuelve solitarias las calles. Aunque la acción intramuros no aporta novedad visual, ni temática, Wan ataca directamente los nervios, al generar un ambiente amenazador con una maravillosa lente traviesa que no deja de moverse, con travelings, paneos y tomas cenitales. En los momentos de mayor tensión, la cámara va al hombro para acompañar a las mismas víctimas, en el espanto de las apariciones infernales. La progresión dramática es lenta y hasta repetitiva. Existen muchos pasajes de susto gratuito, condición propia del género, pero todo se compensa con un inteligente desarrollo de la acción hasta llegar a un delicioso desenlace. La música de Joseph Bishara es sobrecogedora y magnífica. La cinta está aderezada con estupendas actuaciones. Patrick Wilson y Vera Farmiga han aprovechado su apostura para brillar ante la cámara. Aquí, humildemente, se despojan de la sensualidad, e interpretan a una sólida pareja de personalidad gazmoña y mojigata, quienes, tomados de la mano, comparten destino mientras se asoman por la puerta del averno. Madison Wolfe, como la víctima de la posesión, ofrece una interpretación espectacular, en el caso de personalidad múltiple. No sólo es una pequeña atormentada por el mal, sino que se transforma en el mismo espíritu que, a su vez, es malvado por obligación y al mismo tiempo víctima que anhela liberación para descansar en paz. El ejercicio de desdoblamiento múltiple se ve agotador, pero es superado por la talentosa chica. Los muebles vuelan, los fantasmas atacan, las personas levitan. Satanás está presente y utiliza como su instrumento a una niña. La maldad atrapa un cuerpo inocente. La sevicia corrompe un alma pura. Y para ilustrar el pequeño infierno que se sufre dentro de la casa, existen los útiles recursos de la digitalización que pueden convertir en realidad cualquier estampa de pesadilla. Wan utiliza todas las herramientas visuales como un genio del espanto palomero. El Conjuro 2 es una excelente película de terror, con formato tradicional y que, gracias a las imágenes CGI, se convierte en una de las experiencias más aterradoras de los años recientes. Aunque, claro, en esta, como en todas las demás historias de casas embrujadas, al final queda flotando la misma pregunta: ¿por qué la familia no se fue a vivir a otro lugar cuando se detectó, por vez primera, la presencia diabólica?

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