Teatro: "Noche de estreno"

jueves, 2 de junio de 2016

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una actriz estelar se niega a aceptar su proceso natural de envejecimiento y se ve enfrentada a su condición cuando está en el proceso de estrenar una obra de teatro donde ella es la protagonista. La realidad y la ficción se entremezclan en Noche de estreno, al grado de confundir y trastocar la línea divisoria entre estas dos realidades.

El autor, John Cassavetes, plantea en este guión cinematográfico (1977), del cual también es director, un atractivo juego de espejos en el que muestra el entramado del progresivo declive de la protagonista y los conflictos que genera a su alrededor, poniendo en riesgo el estreno de la obra.

Noche de estreno es adaptada al teatro por Tina French y Antonio Castro, el cual también la dirige. Teatro dentro del teatro: camerinos, escenario, enfrentamientos entre los actores, el director, la autora de la obra y la asistente, pareja del director, son los elementos con los que cuenta la obra para desarrollar la trama.

Los problemas de la adaptación de Noche de estreno que se presenta en el Teatro el Galeón, se agravan por las decisiones erráticas del director.  Plantear una gira antes del estreno para mostrar el juego de realidades, resulta forzado. No son ensayos sino funciones, y todo sucede en los camerinos antes, durante o después de la función, debilitando la expectativa del “estreno oficial”. A esto se suman los criterios de edición (la película dura alrededor de dos horas y media) con los que la problemática de los personajes pierde profundidad.

En Noche de estreno los personajes viven como satélites alrededor de la actriz principal, interpretada por Ariane Pellicer. Ella se conflictúa al estar interpretando ese papel, pues no admite la edad en la que se encuentra. La situación se complica cuando una aficionada irrumpe en el camerino para pedirle un autógrafo y es atropellada al salir por estar distraída observando la dedicatoria. La joven  muerta, que le representa la juventud y la vitalidad que está perdiendo, se le aparece como fantasma y la confronta, convirtiéndose en el espejo de su torbellino emocional.

El trabajo actoral es muy desigual, donde Ariane Pellicer como Myrna y Arturo Ríos en el papel del director, apenas sobreviven por su experiencia en el escenario, a diferencia de la joven actriz Pamela Ruz, que se apoya en su cuerpo y no en su trabajo actoral, el cual es muy deficiente. Pareciera que el director la coloca en distintas poses que nada tienen que ver con lo que está sucediendo en escena. La interpretación de Martín Altomaro es sobresaliente, habiendo llegado a un grado de madurez y seguridad en el escenario. Lo mismo sucede con Tina French interpretando a la autora, que se maneja con gran naturalidad y experiencia.

La dirección de Antonio Castro resulta fallida porque se ve su mano en todo momento. Pareciera que los actores siguen un marcaje incómodo y son arbitrarios muchos de los movimientos de diversos elementos escénicos. Las mamparas se mueven ilógicamente para ocultar, por ejemplo, el pleito mal montado entre la actriz y su admiradora muerta, o se cambia absurdamente la convención de tener siempre al público de frente y de repente colocarlo en un lateral al final de la obra.

El diseño de iluminación y escenografía de Víctor Zapatero es limpio y visualmente estético, aunque no siempre funcional. Es interesante la presencia de los espejos para ver la escena desde diferentes ángulos y que sirve como metáfora de la problemática que plantea la obra de la realidad espejeada de una actriz que llega a confundir lo que sucede en el escenario y en su propia vida.   

La obra se puede ver de jueves a domingo en el Teatro El Galeón.

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