'Y si vivo 100 años…”: Vigencia de Alberto Cervantes

martes, 21 de junio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Extraño pero muy gustado híbrido, el bolero ranchero sigue vigente y enamorando a muchos en las voces del eternamente vivo Pedrito Infante, de Javier Solís o Lola Beltrán y, más cercanamente, de Vicente Fernández, por sólo mencionar algunos de sus muchísimos intérpretes que en el mundo han sido. Surgido de manera no planificada, sino producto de un medio capricho, el bolero ranchero nace de una exigencia de Pedro Infante al compositor poblano Alberto Cervantes (1923- 2001), cuyos boleros gustaban al cantante pero quería que le compusiera canciones rancheras. No lerdo pero quizás sí un poco perezoso, Cervantes les hizo arreglos especiales a algunas de las canciones que ya tenía y, así adaptadas, se las presentó al ídolo que de inmediato consagró el nuevo género, el Bolero Ranchero. Autor de auténticos éxitos que llenaron toda una época, Alberto Raúl Cervantes fue musical, anecdótica y gratamente recordado la noche del lunes 13 en la Fonoteca Nacional, dentro del programa Sesiones de Escucha, Música Popular Mexicana, que con gran aceptación se realiza en ese recinto cada semana. En el recordatorio-homenaje participaron el propio compositor a través de una grabación que por primera vez salió al alcance público: además, su hija Ofelia, quien se ha encargado de cuidar el amplio acervo de su padre consistente, entre otras cosas, de 700 casetes con grabaciones inéditas. También estuvieron el guitarrista y compositor Eduardo Hernández, los cantantes Eduardo Ortega y Octavio Velázquez; y el investigador Pável Granados, encargado del ciclo. Con charla alternada, música y canciones, la rica velada permitió conocer varias facetas del compositor, huérfano a temprana edad y, afortunadamente por poco tiempo, “niño de la calle”, así como su temprana vocación y facilidad compositiva y de cantante que, como rara vez sucede, fue alentada por sus padres. En la grabación que inició la grata noche se escuchó al compositor decir: “Soy hijo de un músico oaxaqueño que se llamó Otilio Cervantes y de Josefina González, quien me alentaba para que cantara y le leyera mis sueños e ideas, aunque desafortunadamente siendo muy niño se me fueron”. En otro momento de sus memorias el autor de “hitazos” como “100 años”, “La verdolaga” y “Ni por favor”, contó: “En la escuela me llamaban la atención porque en lugar de pruebas presentaba versos en los cuadernos para las chamacas a quienes afortunadamente empezaron a gustarles y desde allí vi que mi vocación estaba escrita”. Con tal vocación y dedicación, resultó natural que iniciara su carrera profesional a los 15 años. Entonces, el Tenor continental Pedro Vargas le grabó su primer bolero. Natural fue también su relación con otros grandes de su tiempo y la composición popular como Rubén Fuentes, con cuya coautoría ganó tres discos de oro. Hablamos, pues, de un auténticamente grande de la canción popular mexicana, creador de un género y que, curiosamente, como en esa misma cálida velada recordó su hija, “no sabía nada de música”. En estas condiciones no es exagerado pensar que el autor de “Mal de amores (que sólo tu amor me lo quita)”, y “Tres consejos”, era sencillamente genial: “Y si vivo 100 años… 100 años pienso en ti”.

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