Deliciosa fauna musical en Bellas Artes

miércoles, 29 de junio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Así como la flora, los bosques y la naturaleza en general han inspirado la creación musical, igualmente lo ha hecho la fauna y, más de un animal, desde los más fieros hasta los más simpáticos e inofensivos, han dejado su hábitat natural y se han aposentado en las partituras, y después en la escena para, admitámoslo, deleite de chicos pero, en muchos casos, mucho mayor disfrute de quienes ya no lo somos. ¿Quién no, por ejemplo, ha gozado de las aventuras del Ratón Vaquero “que ha de ser gringuito porque sólo habla inglés”? Y allí hablamos de uno solo, pero ¿si se junta un montón y nos muestran un “Carnaval de los animales”? Bueno, algo así ocurrió el domingo recién pasado cuando una buena cantidad de animales, no todos muy bien intencionados que digamos, literalmente se adueñaron del escenario de Bellas Artes e hicieron la delicia de chicos y grandes pese a que no para todos ellos, los animales, hubo un final feliz… porque el Renacuajo Paseador, precisamente por andar paseando, fue a parar a la panza del pato y, bueno, la tragedia. Al lobo tampoco le fue tan bien porque si bien es cierto que no murió, el resto de sus días tendrá que pasarlos en cautiverio. La que no tuvo ningún problema sino al contrario, llegó rampante y salió ovacionada, fue la pantera. Eso sucedió porque no se trataba de una pantera común sino de una muy, muy particular, tanto que es de color rosa. Si así de singulares son estos integrantes de la fauna, necesariamente singular tenía que ser, como fue, el concierto que los trajo a escena y que se trató del desarrollado por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dentro de su programa Conciertos familiares, mismos que cumple fuera de sus temporadas tradicionales con la intención de, justamente, propiciar el acercamiento familiar hacia la música sinfónica. En este caso la OSN contó con la complicidad del titiritero Pablo Cueto, cuyo apellido de inmediato nos remite a Mireya y a la gran tradición titiritera de esa familia que, en los títeres, es toda una institución. El propio Pablo y su compañera fueron los encargados de subir a escena, como el gran Silvestre Revueltas lo hubiera deseado, su Renacuajo Paseador. Se contó también con una película, estupendamente bien hecha, de dibujos animados que visualmente dieron vida al famoso cuento “Pedro y el lobo”,musicalizado por Sergei Prokofiev. Con esta película la obra cobra otra dimensión, tanto que no se requiere del tradicional narrador, y el director del concierto y de la orquesta, Carlos Miguel Prieto, se limitó a decir, más o menos, “puesto que la película lo explica todo, sólo les diré que Pedro es representado por las cuerdas, el lobo por los cornos, el pájaro por la flauta, el pato por el oboe, el abuelo por el fagot, el gato por el clarinete y los disparos de los cazadores por los timbales”. Por supuesto, a cada mención el instrumento de referencia se hacía presente por medio de su sonido característico. El concierto lo abrió la simpática música de Henri Mancini para la Pantera Rosa, misma que se hizo famosa a través de las películas, y cobró aún mayor relevancia con el personaje televisivo que todavía hoy sigue trasmitiéndose en algunas partes del mundo. Así, una deliciosa fauna musical que, una vez más y qué bueno demostró que la música de concierto no tiene nada que ver con la solemnidad ni el acartonamiento sino al contrario, es todo un motivo de gozo para, como dijera mi siempre bien recordado amigo Cachirulo, “los niños, los papás de los niños y los papás de los papás de los niños”. Bien por la OSN y su director.

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