Concierto sinfónico latinoamericano

miércoles, 8 de junio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El mundialmente reconocido Sistema Nacional de Coros y Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, ahora ya maduro y plenamente consolidado, ofrece sus frutos al mundo, y el pasado domingo 31 de mayo ofreció uno de estos frutos a través de tres de sus singulares representantes --la internacionalmente reputada pianista Gabriela Montero (también sólida compositora), el maestro del sistema citado y buen tenor, Idwer Álvarez, y el joven barítono Franklin de Lima. Ellos, acuerpados por nuestra Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de su titular, Carlos Miguel Prieto, y el Coro de Madrigalistas (en esta ocasión dirigido por Jorge Córdoba), interpretaron un diferente, interesante y hermoso concierto con dos obras latinoamericanas ya conocidas y un estreno en México, correspondientes a tres autores distintos provenientes de dos naciones, Argentina y Venezuela. El concierto se desenvolvió así: La muy hermosa y justamente famosa Suite del Ballet Estancia del argentino Alberto Ginastera (1916-1983), escogida, a más de su belleza, claro, como homenaje celebración al primer centenario de su nacimiento, y el estreno en nuestro país del Concierto Latino para piano y orquesta de la propia Gabriela Montero (1970) --en la que ella actuó como solista--, y la hace muchos años no presentada aquí, Cantata Criolla del también venezolano Antonio Estévez (1916--1988), también en la celebración de su primer centenario. Un concierto pues, con características distintas que vale la pena destacar. Latinoamericano, plenamente sinfónico aunque con reminiscencias claras de música popular, del siglo XX, dos obras de compositores que nacieron el mismo año y fallecieron con apenas cinco años de diferencia; las dos requieren coro, y una tercera obra de los primeros años de nuestro siglo, de hoy, y cuya autora es mujer y latinoamericana. Se entiende perfectamente porqué afirmamos que fue un concierto diferente. La hermosa Estancia… (rancho, hacienda diríamos aquí), compuesta en 1941, es un amplio fresco de parte de la vida rural argentina, cuyos cuatro movimientos son, desde sus nombres plenamente descriptivos, Los trabajadores agrícolas, Danza del trigo, Los peones de hacienda y Danza final-Malambo. Nuestro espacio nos impide desplegarnos como se despliega la Estancia…, pero vale decir que tanto director como músicos entendieron el carácter de la pieza y le insuflaron el espíritu respectivo a cada movimiento. Lo único que señalaría al director es un desborde de los “tempi” sobre todo en el primer movimiento. El concierto de Gabriela Montero también abreva claramente en la música popular, tanto que el primero de los tres movimientos se llama Mambo, lo cual no implica falta de solidez compositiva y que no esté anclada en la música “clásica”. Los siguientes movimientos son, Andante moderato y Allegro venezolano, nacionalista total. Bien la orquesta aquí , y la pianista, mostrando el porqué de, entre otras distinciones, es alternante frecuente con la gran Martha Argerich y fue merecedora el año pasado al Grammy Latino por el Mejor Álbum Clásico. Afamada por su virtuosismo al improvisar, la intérprete no dejó sin mostrar esa faceta y, a petición del público, creó una versión de “Alma llanera” que, bella, nada tiene que ver con otra, cualquiera, que usted haya escuchado antes. La Cantata Criolla de la que Eduardo Mata dejara una versión inolvidable, cobró nueva vida en las voces de los Madrigalistas y solistas vocales, y la orquesta que estuvo a buen nivel, y así renació la vieja leyenda del coplero (cantador-improvisador de coplas) Florentino, y su enfrentamiento con el Diablo con el que, a media sabana, desarrolla un duelo por demás singular en el que, a base de ingenio y buena voz, sale triunfador. Reto de canto bien cumplido por Idwer Álvarez y Franklin Lima. Hermoso, e insisto, diferente concierto que llenó la sala y demuestra cómo lo diferente, si bien hecho, puede ser muy atractivo. Bien.

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