Tenores de tres generaciones, en la Sala Nezahualcóyotl

miércoles, 8 de junio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El concierto denominado “Gala, 3 generaciones, tenores mexicanos” que por iniciativa de la Fundación Ramón Vargas AC para ayuda a la lucha de niños con discapacidad, tuvo lugar la noche del martes 7 en la Sala Nezahualcóyotl. He aquí la crónica para nuestros lectores. El evento reunió a tres de los tenores mexicanos más connotados del momento, todos con gran prestigio a nivel internacional: Francisco (Paco) Araiza, Ramón Vargas y Javier Camarena, citados de mayor a menor edad, quienes estuvieron acompañados por la Orquesta Sinfónica de Minería, cuya dirección huésped se encargó a Srba Dinic. Como no podía ser de otra manera, la gala se constituyó primordialmente de música de ópera; pero también hubo la parte destinada a la música popular y canciones mexicanas, y ya en los encores se incluyeron las muy famosas y gustadas canciones napolitanas. Abrió el programa la obertura de la ópera El cazador furtivo de Carl María von Weber, para dar paso al más joven de los tres, Javier Camarena, quien inició la parte vocal con “Dies Bildnis ist Bezaubernd Schön” (“Este retrato muestra a una mujer realmente bella”, traducción libre, of course), de la ópera La Flauta Mágica de Mozart, para continuar Ramón Vargas quien también escogió al Divino Mozart para su ópera Idomeneo y cantar “Fuor del mar” (“Fuera del mar”). Así, se dejó fuera la alfombra roja al maestro Francisco Araiza el que unos cuantos años ha, abriera los caminos de Europa para los cantantes nacionales, razón por la cual hace igualmente ya algunos años, lo denominó quien esto escribe El buque insignia de los cantantes mexicanos. Luego, Paco se inclinó por El cazador furtivo de Von Weber, de la cual interpretó “Durch die Wälder, Durch die Auen” (“A través de los bosques”). La mesa estaba servida. Cada uno de los participantes había dejado constancia de cuáles eran sus facultades, y qué era lo que sabían y podían hacer con ellas. El banquete empezaba… Después de esta cargada alemana, era menester un remanso, y la orquesta lo otorgó con el mejor posible Intermezzo, auténtico remanso de paz de la ópera Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni. Al temple siguió la Gala de tenores, alternándose en el orden de presentación y abordando el repertorio italiano que tan bien le va a los tres, a través de compositores como Verdi, mayoritariamente; Leoncavallo y Donizetti. El despliegue vocal fue realmente fuera de lo común, porque nada cotidiano es hacer coincidir sobre el escenario a tres cantantes de esta categoría. Lo sobredotado de Camarena, la seguridad y limpieza de Vargas, y la maestría de Araiza quedaron aquí, para disfrute de los asistentes, plenamente demostradas. Pequeño intermedio y una segunda parte destinada a la música y canciones populares, que inició la orquesta con el ya archifamoso Danzón No. 2 de Arturo Márquez que, como siempre, encantó a la audiencia. Entonces: “Bésame Mucho”, de Consuelito Velázquez; “Júrame”, de María Grever y “Granada” del Flaco inmortal Agustín Lara, con arreglos de Ángel Rodríguez, en las que los tres tenores acoplaron sus voces y cantaron (encantaron) al unísono, aunque reservándose pequeños momentos solistas. Esta segunda parte fue puramente festiva y lúdica. Buena noche, pues, que seguramente estará grabada por la UNAM y/o la orquesta, porque fue una velada casi irrepetible y recordable.

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