Maldita Vecindad y Lafourcade en Ruido Fest Chicago

lunes, 11 de julio de 2016 · 22:33
CHICAGO (apro).- En un tono festivo pero con firmeza, desde su posición estelar en el escenario Rocco Pachukote, de La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio, llamó a continuar con la labor de informar en paz las innumerables aportaciones de los inmigrantes, precisamente en esta nación de inmigrantes: “Para todos los ignorantes racistas, esta tierra es de nuestros ancestros”, sentenció Rocco después de haber interpretado su clásico “Solín”, ataviado con un traje pachuco y reivindicando a los zoot suiters de la ciudad de los vientos. Maldita Vecindad, quienes no se habían presentado desde el tiempo de su receso en Chicago –donde cuentan con miles de fans que se dieron cita para bailar sus clásicos–, ofrecieron un show lleno de energía y reivindicaciones. Con la puntualidad que caracteriza al Ruido Fest, dieron inicio a las 8:45 de la noche sabatina en una de sus más memorables presentaciones, a decir de algunos asistentes, como el niño Erik de apenas 7 años, quien bailaba frenético en medio de un círculo que familiares y amigos le hicieron ex profeso al ritmo de “Pachuco”, acaso la canción más esperada. Vientos de resistencia En el momento estelar de la noche, Rocco convocó a todos aquellos que portaran mantas apoyando luchas en México y en Estados Unidos, a que las hicieran llegar al escenario, que se alfombró de consignas como “Oaxaca resiste” “Ayotzinapa, los queremos vivos” y “No más feminicidios”. “Como dice Votán Zapata desde la Selva Lacandona: un mundo donde quepan muchos mundos, un mundo donde no construyan muros para separarnos”, atizó a su público, encendiendo la flama principal de los malditos: el poder del baile, llegándose a sentir el movimiento semitelúrico en el pasto y mientras un mar multicolor de olas bailarinas ondeaba como las banderas de todos los países latinoamericanos que acudieron a la cita musical. Al llamado rebelde habían hecho eco previamente la banda bonaerense Los Cafres, quienes a pesar de celebrar 25 años de haberse fundado, están cerrando su primera gira por este país. Su poder energético basado en las reggae-roots (raíces del reggae) también combina esa alegría sincopada con la visión de justicia. Durante la conferencia de prensa posterior a su vitoreada presentación, su vocalista Guillermo Bonetto lamentó que las letras de las bandas no tengan “un poco más de compromiso con la poesía”, que hablen de “cosas insulsas” cuando hay algo que el reggae latinoamericano ha reivindicado siempre: “Representarse en las luchas pero con altura poética”. José Fors lideró poderosamente a Cuca y encabezó también las alusiones de resistencia desde la plataforma del escenario principal, una vez iniciado su show con el clásico “Son del dolor” y señalando con su micrófono hacia su fanaticada: “¿Alguien tiene algún mensaje para Donald Trump?”. Una sonora y prolongada rechifla se adueñó del festival al unísono. Los cientos de asistentes (rubios, afros, asiáticos, hindúes, chicanos y por supuesto, los paisas de toda Hispanoamérica), emitieron un tremendo destello pitando contra quien ha agredido con sus comentarios al alma trabajadora de los inmigrantes. Enfatizó su propia actitud rebelde con los riffs guitarrísticos de Alex Otaola, entre “Señorita cara de pizza” y “La balada”, pieza que este último hizo vibrar con su Gibson SG muy a la manera de Jane’s Addiction, con altitud armónica. Cuca fue, sin duda, de lo más esperado y coreado por los asistentes, contribuyendo a consolidar las expectativas de una audiencia exigente de todas las edades, con grupos clásicos y nuevas propuestas. [caption id="attachment_446969" align="alignnone" width="702"]Teri Gender Bender en Ruido Fest. Foto: Benjamin Anaya Teri Gender Bender en Ruido Fest. Foto: Benjamin Anaya[/caption] Dulce energía femenina Otra de las estrellas que tuvieron el tino en traer a Ruido Fest fue Natalia Lafourcade, favorita entre las favoritas del amplio público que ha ido consolidando la exitosa artista, cuyos cuatro Grammys en la pasada entrega han volcado los ojos de un público ávido de buena música popular contemporánea en español. Natalia lamentó durante la rueda de prensa que su tecladista no haya podido asistir “por tiempos de visado”; empero, ella no falló al prometer un show donde su gran dominio vocal y guitarrístico quedó evidente, y también su crecimiento como compositora en el multipremiado álbum Hasta la raíz, del cual interpretó varias piezas, combinadas con sus éxitos de “Casa” y “Las cuatro estaciones del amor”. La contribución que la voz de Lafourcade ha venido haciendo al rock pop latinoamericano, integrando un contrabajo y otros sonidos acústicos en su alineación, le permiten proyectar escénicamente una energía singular, contenida en el lamento y expresada como en un viejo blues: con garbo instrumental y virtuosismo vocal. Un poco antes, Jenny & The Mexicats —quienes siguieron después de los argentinos poperos Estelares—, habían puesto con su rockabilly y gran presencia escénica a la gente a bailotear con toda su energía. Las mujeres roqueras han venido ampliando el abanico y Jenny Ball dejó un sabor curioso de lo multicultural (acompañando a la inglesa dos músicos mexicanos y dos hispanos de la Madre Patria) entre quienes no conocían su divertida y muy rítmica propuesta tan llena de vitalidad. La rabia energética de entre las féminas fue literalmente arrojada fuera del proscenio por Le Butcherettes, banda afortunadísima de noise rock (rock ruidoso) en la que su tecladista/guitarrista/cantante Teri Gender Bender, desplegó ataviada de rojo, como todo su grupo, una energía sexual que nos recuerda a la afrenta punk a veces tan olvidada. Para recordárnoslo de manera agresiva, se lanzó a un enardecido mosh pit (llamado en México slam o espacio de danza donde los chavos se arrojan unos contra otros) interminable que cargó a Teri cual diablesa, quien requirió regresar al vicio escénico de una vez por todas. Banda de Turistas hizo patente su herencia con la lírica que han tenido las figuras emblemáticas del rock argentino como Fito Páez, Luis Alberto Spinetta (de Alondra) y Charly García, a quienes citaron como influencias directas de su quehacer en la rueda de prensa. Su apuesta por la melodía no ha cesado con el tiempo y en esa búsqueda han sabido ser el quinteto de una continuidad necesaria e identidad del rock argentino clásico. Yokozuna por su parte ya había anticipado desde temprana hora -- después del prendido arranque de Vaya Futuro-- que la jornada sería de bajos potentes y “cañera” (como se dice en España a las bandas guitarreras en expresión de los españoletes Sexy Zebras, opositores estéticos de la movida pop) con saltos largos desde un escenario que les quedó pequeño a su furor roquero. Mucha distorsión y baile hubo durante la tarde del sábado 9 y mucha entrega fiel del público, aunque los remansos pop y de beats oscilantes pudieron contrapuntear adecuadamente la muy fecunda propuesta musical del festival, que el domingo 10 concluyó tres jornadas de agasajo con la presencia estelar de La Santa Cecilia, Los Pericos, Aterciopelados y Fabulosos Cadillacs para cenit de alegría latina en Chicago.  

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